El EVC es el resultado de la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo, con un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales y un mayor riesgo de enfermedades. Los órganos de una misma persona envejecen a ritmos diferentes influenciados por múltiples factores, como genéticos, las elecciones de estilo de vida y la exposición ambiental.

¿Cómo impacta el EVC?
Las reservas funcionales de la médula ósea se reducen, con una respuesta retardada a la pérdida de sangre o la hipoxia. La función de los glóbulos blancos está alterada y la toxicidad de la quimioterapia suele aumentar, con mayor riesgo de trombosis. La esofagitis por reflujo, debido a la alteración de las contracciones y el tono del esfínter, es común y puede afectar la nutrición. Tendencia al aumento de la creatinina y toxicidad por fármacos. Aumento del riesgo de hipertensión arterial y coronariopatía (cambios arteriales). Disminución de la función ejecutiva, capacidad de atención y de resolución de tares. Mayor riesgo de incontinencia urinaria e infección urinaria. Disminución de la masa muscular que provoca problemas de motilidad y equilibrio, aumento de probabilidad de fracturas. En la mujer, impacto del descenso de estrógenos. Piel: atrofia, disminución de la elasticidad, propensión a arrugas. Sistema sensorial: la presbicia se debe a cambios relacionados con la edad en el cristalino y el iris, disminución en la agudeza auditiva de alta frecuencia. Aumento de la frecuencia de infecciones y neoplasias malignas (por disminución de la inmunidad)
Factores causales de envejecimiento
El envejecimiento celular se denomina senescencia; así, una célula deja de dividirse y de reproducirse. Sucede cuando los extremos protectores de los cromosomas (telómeros) se acortan ligeramente con cada división celular. Las mitocondrias, la parte de las células que proporciona energía, ya no funcionan tan bien. Las células madre dejan de replicarse, lo que significa que hay menos para ayudar a reparar los tejidos dañados.
Las células tienen una menor capacidad para detectar y reparar el daño en el ADN; por tanto, las células dañadas y las proteínas defectuosas se acumulan en el cuerpo.
Cambios ambientales determinan activación y desactivación de ciertos genes (epigenética), que compromete los niveles hormonales y la función inmunitaria.
Disbiosis con impacto en la microbiota.
Inflamación crónica de bajo grado mediada por estresores crónicos.
Mayor exposición al sol, productos químicos nocivos y contaminación del aire.
Bajo estatus socio económico, eventos vitales adversos, sobre todo en la infancia.
Conclusión: Salud y envejecimiento
Para una salud óptima se necesita un equilibrio dinámico entre nuestras dimensiones física, mental, social y espiritual con coherencia y funcionalidad; alimentación saludable, con muchos vegetales, ejercicio regular, evitar tabaco y alcohol, rutina del sueño adecuada. Fomentar el humor. Controles de salud periódicos.



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