Escribe Ernesto Kreimerman: Carlos III, el rey que tardó en llegar

Seguramente, si hacemos una encuesta para saber si Carlos I de Inglaterra y Escocia es más o menos conocido que Carlos III, descubriremos que Carlos I y Carlos II reinaron en una época marcada por la inestabilidad. Pero la vida de quien reinó entre 1625 y 1649, año en que fue ejecutado, fue aún más azarosa.

Carlos III del Reino Unido, en realidad Charles Philip Arthur George, nacido en Londres el 14 de noviembre de 1948, es el rey del Reino Unido y soberano de los otros catorce reinos que forman parte de la Mancomunidad de Naciones. Lo es desde el 8 de septiembre de 2022, tras la muerte de su madre, la reina Isabel II.

Carlos I fue decapitado tras la guerra civil que abolió la monarquía en 1649. Carlos II recuperó el trono en 1660, aunque su relación con el Parlamento estuvo marcada por intensos conflictos políticos. Así, los años de sus reinados estuvieron sacudidos por la inestabilidad, lo que seguramente explica la falta de inspiración para que un nuevo gobernante eligiera nuevamente el nombre de Carlos. Habrían de pasar 350 años antes de que otro soberano adoptara ese nombre para afrontar su reinado.

Carlos I

Carlos I de Inglaterra reinó de 1625 a 1649. Como su padre, Jacobo I de Inglaterra, que reinó entre 1603 y 1625, se consideraba un monarca con poder absoluto y derecho divino a gobernar. Entre 1642 y 1651 se desarrollaron las guerras civiles inglesas.
Su falta de compromiso institucional derivó en las guerras civiles inglesas (1642-1651) y en la abolición de la monarquía en 1649.
Los enfrentamientos tenían una fuerte impronta religiosa y estaban marcados por una relación conflictiva entre la Corona y el Parlamento. En esas circunstancias estalló la guerra. Durante ese período tuvieron lugar unas 600 batallas. Carlos fue declarado traidor y ejecutado el 30 de enero de 1649.
El rey Carlos prescindió del Parlamento durante once años. Luego, entre 1640 y 1642, cuando el Parlamento buscó concretar una serie de promesas de reforma, volvió a estallar la guerra.

Familia y juventud

Carlos nació el 19 de noviembre de 1600 en el Palacio de Dunfermline, Escocia. Su padre fue Jacobo I de Inglaterra y su madre Ana de Dinamarca (1574-1619), hija de Federico II de Dinamarca y Noruega, quien reinó entre 1559 y 1588.

La política de Carlos implicaba frecuentes enfrentamientos con el Parlamento, especialmente por dificultades para aprobar nuevas leyes fiscales y otras cuestiones presupuestarias. Carlos intentó prescindir del Parlamento y actuar como un monarca absoluto.

En consecuencia, disolvió el Parlamento en repetidas ocasiones. Durante ese período se impusieron nuevas cargas tributarias a comerciantes y banqueros, aumentaron los derechos de aduana y se reimplantaron multas que sanearon las arcas reales. Además, fortaleció la recaudación de impuestos sobre los barcos.

El rey calculó mal en 1628, cuando se vio obligado a hacer concesiones al Parlamento. Sin embargo, cambió de postura y volvió a disolverlo en marzo de 1629. Los presupuestos anuales quedaron equilibrados e incluso disminuyó la corrupción en el gobierno. Pero en 1637 la situación volvió a deteriorarse.

La ausencia del Parlamento resultó crucial y el rey solo pudo reunir un ejército de milicianos sin experiencia para hacer frente a la amenaza. Ambas fuerzas se enfrentaron, pero Carlos, consciente de que su ejército mal entrenado podía perder la contienda, decidió ceder ante las demandas escocesas. Se permitió a Escocia mantener su libertad religiosa y se prometió a los líderes escoceses una importante suma de dinero para retirarse.

El rey se encontró entonces con el problema práctico de obtener esos recursos sin contar con el Parlamento, órgano que normalmente se encargaba de aprobar la recaudación. Sin demasiadas alternativas, convocó nuevamente al Parlamento en la primavera de 1640, por primera vez en once años.
Entre los acuerdos alcanzados figuraba una ley que obligaba a convocar al Parlamento al menos una vez cada tres años y que impedía su disolución por simple voluntad del monarca. También se establecía que los ministros reales debían contar con aprobación parlamentaria. El rey aceptó estas condiciones, pero luego ignoró sus compromisos.

La respuesta fue la guerra civil: las Guerras de los Tres Reinos, en las que también quedaron involucradas Irlanda y Escocia.

A Carlos I se le prohibió un funeral de Estado y fue enterrado en silencio en la Capilla de San Jorge, en el Castillo de Windsor.

Carlos II

Ejecutado el rey, siguieron once años de un período republicano denominado la Mancomunidad de Inglaterra o Commonwealth. Sin embargo, parecería que aquellos tiempos no estaban hechos para el buen ejercicio del poder ni para la estabilidad. Rápidamente el reino volvió a sumergirse en una profunda inestabilidad.

La monarquía regresó y Carlos II, hijo del monarca ejecutado, recuperó el poder. Este rey ya había asumido el mando de Escocia tras la muerte de su padre. Recordemos que la Mancomunidad no incluía a Escocia. En 1660 fue coronado también rey de Inglaterra e Irlanda, reuniendo nuevamente a los diversos reinos bajo su autoridad.

Tardó tanto

Carlos III ha sido el heredero de la Corona y el príncipe de Gales con más años de servicio. A los 73 años se convirtió en la persona de mayor edad en acceder al trono británico, superando al rey Guillermo IV, proclamado a los 64 años en 1830.

Sus desaciertos, sus presuntas incompetencias y sus escándalos matrimoniales con Diana Spencer hicieron de Carlos III una figura poco apreciada durante muchos años. Con frecuencia surgían versiones de que nunca llegaría a ocupar el trono.

Diana murió en un accidente automovilístico y, en 2005, tras una larga relación, Carlos III se casó con Camilla Shand.

Carlos III del Reino Unido es rey del Reino Unido y soberano de los otros catorce reinos que integran la Mancomunidad de Naciones. Ocupa el trono desde el 8 de septiembre de 2022, tras la muerte de su madre, la reina Isabel II.

En su hora…

Carlos III sorteó una de las pruebas políticas más difíciles de su vida. La ceremonia más solemne de la política británica coincidió con un momento de gran debilidad gubernamental.

En la Cámara de los Lores, el monarca leyó más de 35 proyectos de ley impulsados por el gobierno de Keir Starmer, un primer ministro cuya continuidad ya es cuestionada incluso dentro de su propio partido.
Mientras el rey enumeraba medidas sobre seguridad económica, energía, inmigración y sanidad destinadas a “crear un país justo para todos”, numerosos diputados laboristas discutían en privado cuánto tiempo más permanecerá Starmer en Downing Street.

Aunque el discurso es leído formalmente por el rey, su redacción corresponde al gobierno. Sin embargo, en Londres muchos interpretan que existe una fuerte coincidencia entre la visión del monarca y el contenido del texto.

Mientras el gobierno de Starmer intenta recomponerse, el discurso del rey marca una agenda amplia y ambiciosa. La apertura del Parlamento logró transmitir una imagen de fortaleza institucional que contrasta con la frágil posición del jefe de gobierno.

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