El reconocido escritor español Arturo Pérez Reverte ha manifestado, en más de una ocasión, su profunda preocupación por el presente de Europa y por su futuro. El escritor, originario de Murcia, ha afirmado que “Europa se está yendo al carajo y yo no lo lamento: nos lo merecemos”. Para Pérez Reverte, “el viejo continente ha sido una de las grandes potencias históricas del planeta: Discutía a Dios, inventaba la imprenta, trazaba mapas del mundo (…) Fue capaz de engendrar a Miguel Ángel, Vitruvio, Newton, Lutero, Velázquez, Napoleón y Beethoven”. Actualmente, esta posición ha cambiado radicalmente. Para este intelectual español “la cultura occidental está condenada a muerte. Aristóteles, Homero, Dante, Virgilio, Shakespeare, Borges, Cervantes, Rembrandt, Bioy, todo eso se va al carajo. Porque ha pasado su época, porque ahora viene otra época distinta. Tardará a lo mejor un siglo, dos siglos o tres, pero eso pasará y vendrá otra cosa, otra cultura diferente, mezclada, mestiza, no lo sé, no me importa, no voy a estar aquí para verlo. Pero es evidente que hay un sistema de valores, que son la Ilustración, la Revolución Francesa, las ideas, los derechos del hombre, que están en cuestión”.
Por su parte, el periodista español Esteban Hernández lo ha expresado de manera tan clara que duele: “Fuera del continente, Europa ha desaparecido del foco. Nos consideran la región perdedora de esta época, la que carece de contacto con la realidad, una potencia agotada que se da aires de grandeza, como esos nobles que pueden lucir apellidos y viven en bonitos barrios, pero cuyas casas se agrietan”. Pérez Reverte va más allá cuando expresa: “todo el sistema educativo, argentino, español, occidental actual está encaminado a destruir la inteligencia, no a potenciarla. Antes, la élite se consideraba necesaria para tirar del carro. Élites culturales, científicas, políticas, de todo tipo. Antes, la educación era una vía adecuada para localizar y destacar aquellos brillantes que podían ser útiles a la sociedad en distintos aspectos. Ahora es al revés: la mediocridad. En un colegio un niño de siete años brillante será machacado por el sistema para no dejar atrás al torpe de la clase. Esa inversión de valores, esa falta de respeto por la ciencia y la élite como mecanismo motor de la sociedad, es propia de los finales de época: cuando todos los mediocres creen ser iguales que los que no lo son. ¿Qué es Twitter? Todos los mediocres intentando hacerse oír para callar la voz de los que realmente sí son brillantes. No hay salvación. No hay solución, es un problema de cultura. La cultura que crea occidente, la que nos nutrió, está desapareciendo”.
Luego de haber sido la cuna del Siglo de las Luces, el continente europeo atravesó las traumáticas experiencias de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial, que destruyeron países enteros, los cuales solo pudieron mantenerse en pie gracias a la ayuda económica y militar de los Estados Unidos, el cual diseñaba y ejecutaba la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como un escudo defensor ante la amenaza de la Unión Soviética y sus repúblicas satélites. En esa reconstrucción (iniciada con el famoso “Plan Marshall” pero que abarcó muchos otros casos, Europa se transformó en la vidriera que mostrara al bloque socialista que en Occidente se vivía mejor y con libertad.
En los últimos años los problemas europeos se han multiplicado, alcanzando niveles preocupantes. Pensemos por un momento en la migración, la cual recarga los servicios públicos de salud, aumenta la población, genera choques culturales fundamentales (es bueno recordar que los musulmanes apoyan la mutilación genital femenina o ablación así como el casamiento obligatorio para niñas de 8 o 9 años) y crea profundas divisiones porque esos musulmanes, lejos de integrarse al país que los ha recibido, se mantienen segregados por decisión propia, violentando los derechos humanos de sus propios integrantes. A esto podemos sumarle que Europa ha perdido el tren de la tecnología, la cual alcanza gracias a países como Israel, Taiwán, Estados Unidos, o la República Popular China. Tampoco resulta alentador el panorama de los sistemas jubilatorios europeos, los cuales han tenido que aumentar la edad de jubilación (en varios casos hasta los 67 años) creando una gran incertidumbre sobre quiénes y cuánto cobrarán cuando llegue el momento de jubilarse. Asimismo, la invasión de Rusia a Ucrania en el año 2022 agregó una nueva amenaza con Valdímir Putin obsesionado por recrear el sueño de “la gran Madre Rusia”, un delirio fundamentado en el pensamiento zarista y en la impronta imperialista de un país que no sabe vivir en paz con sus vecinos. Las necesidades de convocar a jóvenes para cumplir con el servicio militar obligatorio es la muestra de que algo está mal. Muy mal. Europa ya no es el referente moral que supo ser décadas atrás, incluso en temas tan sensibles como los derechos humanos. Si a eso le sumamos una tasa de natalidad bajísima (frente a los árabes que tienen una alta tasa de nacimientos), la tormenta perfecta está lista y puede empezar en cualquier momento.
Paralizada por la ideología de género, la corrección política y la filosofía “woke”, en Europa todos caminan de pies puntillas para no molestar a nadie, actitud que es siempre el primer paso para realizar las cosas de manera ciertamente equivocada. Nos referimos a una Europa con bajísimos niveles de productividad, con países en los cuales cada vez se trabaja menos días y menos horas y con una industria militar desmantelada, obsoleta e ineficiente. Ese es el “milagro europeo” del cual nadie quiere asumir la paternidad: un continente dependiente del gas ruso para que no se congelen sus habitantes, sin energía –porque “contamina” y eso irritaría a Greta Thunberg-- con una industria que pierde miles de puestos de trabajo día tras día frente al avance chino, con tecnología que ya no se genera en suelo europeo y con alimentos producidos fuera del espacio que durante décadas constituyó un modelo de sociedad identificado con el Estado de Bienestar, la justicia social y la equidad. Nada de eso forma parte del futuro europeo ya que el mapa del futuro hace mucho tiempo que dejó de pasar por Europa.
Pérez Reverte lo ha resumido con dureza, pero también con claridad: “Europa es un parque temático para turistas. Europa hubo un tiempo, y duró 1000 o 2000 años, en que fue una luz. Europa fue el referente moral, todo el mundo quería imitar Europa. Todo el mundo miraba Europa como referente. Pero eso se acabó. Europa ha perdido su influencia moral en el mundo, porque no lo merece. Se ha prostituido, se ha desvirtuado, se ha abandonado, se ha embrutecido, se ha vulgarizado, se ha mercantilizado, se ha hecho miserable. Europa es una porquería en este momento, una piltrafa. Ha quedado un decorado bellísimo, una historia cultural rica y hace que los turistas vayan allí a hacerse fotos, selfies con el acueducto de Segovia, con el Vaticano y demás, pero Europa no es nada”.
Así las cosas, poco importa si el matón de turno se llama Vladímir Putin, Donald Trump, Xi Jinping, Kim Jong-un, Masoud Pezeshkian o alguno de los líderes de los grupos terroristas Hamás, Hezbollah, Al-Qaeda o Estado Islámico: todos le han perdido el respeto a Europa y así la tratan, mostrando un continente que hoy vive de las migajas de sus enemigos.
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