Con una charla en la sede del Centro Comercial e Industrial de Paysandú a cargo de Daniel Rosich, especialista en seguridad vial, referente del motociclismo uruguayo, director del Centro Especializado de Innovación en Movilidad (Cedimo), se cerraron en Paysandú las actividades del denominado Mayo Amarillo, orientadas a la concientización y prevención sobre la siniestralidad en tránsito.
La convocatoria contó con una buena adhesión de público, y no solo de personas directamente vinculadas a la problemática de las motos, en un encuentro en el que Rosich abordó los pormenores de lo que denominó como cultura de la moto, la necesidad de que haya capacitación en el manejo y concientización sobre los riesgos que se corren y cómo minimizarlos.
Rosich tiene más de 25 años también de trayectoria vinculada al deporte como piloto, comisario y dirigente, además de más de 15 años dedicados a la prevención de siniestros viales.
La oportunidad fue propicia para que EL TELEGRAFO mantuviera un diálogo con el disertante, instancia en la que el especialista explicó que Mayo Amarillo “es una organización que nace en Brasil, que ha llegado a Uruguay hace ya unos cuantos años y ahora está teniendo actuaciones también en la Argentina. Estamos sobre todo haciendo una reflexión sobre el nivel de accidentalidad en las vías públicas, especialmente referido a los muertos y heridos graves. Uruguay está en una situación que no es muy favorable, porque mueren más de 450 personas cada año por esta causa, en promedio, y especialmente en el mundo de la moto la mitad de los fallecidos en accidente de tránsito son motociclistas”.
Cultura de la motocicleta
“Puntualmente lo que tratamos es de transmitir y promover la cultura de la motocicleta, más precisamente y concretamente el conocimiento de cuales son los riesgos que uno toma cuando conduce una motocicleta, las cosas que hay que entender y tener la capacitación, el conocimiento para conducir una motocicleta”, precisó. Acotó que “la idea es hacer reflexionar a todos los usuarios, tanto de automóviles como de motocicletas, sobre la vulnerabilidad de la moto. Es decir como nosotros, los usuarios de las vías publicas, tenemos que actuar frente a esa hermandad que tiene que haber entre los automóviles, las motos, los camiones, etcétera”.
Señaló que naturalmente al haber aumentado la cantidad de motos en los últimos años “aumenta paralelamente la accidentalidad, pero estos problemas no tienen soluciones simples, porque son problemas complejos. Por lo tanto la complejidad de cambiar la cultura de la moto no es una tarea fácil. Entre las cosas que son de las más importantes que ocurren y creo que este es un dato relevante, es que por ejemplo para sacar una libreta de conducir automóvil en Montevideo se necesitan quince clases, obligatoriamente, para poder obtenerla. Un auto tiene una incidencia de un 18 por ciento en la mortalidad, la moto tiene un 50 por ciento. Pero curiosamente, para dar una licencia de conducir de moto, en el caso de Montevideo, no exigen ninguna clase. Uno va con un amigo, con un primo a manejar y rinde la licencia de conducir. Hay un examen teórico y uno práctico, pero no hay exigencia de contar con clases obligatorias”.
Exigencias a tono
Enfatizó que “lo contradictorio es que el vehículo que tiene mayor mortalidad de todo el resto de los usuarios de la vía pública –porque todos los otros juntos llegan a este índice–, no tiene esta exigencia con las motos. Ahora, en Europa, para sacar una libreta de moto se necesita seis meses para que le sea dada esa libreta, con un teórico bastante más importante que el que se da en Uruguay, con prácticas en carretera, con prácticas en la noche, con prácticas con lluvia, es decir en todas las eventualidades para que el que llegue a una moto tenga realmente el conocimiento, el expertise para ser un conductor de motocicleta”.
Aclaró que “de cada tres accidentes, dos no son responsabilidad del motociclista, aunque parezca, y este es un dato relevante, porque uno piensa que la moto es la que hace todos los líos. Lo que ocurre es que se necesita formación, y si yo no te formo como motociclista, y no te explico, y no doy el ejemplo de lo que ocurre cuando uno transgrede y pone en riesgo la integridad de las personas, ahí es cuando pasan esas cosas, porque la gente ignora hasta dónde puede llegar una maniobra peligrosa, cómo puede perder la vida”.
Reglas y controles
Amplió el concepto señalando que “se entiende que las reglas son claras, pero si tengo libertad de hacer lo que quiero, y no soy sancionado u observado, entonces eso se naturaliza, sobre todo en el caso de los jóvenes. Si los jóvenes empiezan a andar en una rueda, como vemos en todos lados. El joven, si no lo puede hacer lo practica, se entrena hasta que me sale. Y cuando le sale, el otro va a hacer lo mismo y se causa un sentido de pertenencia: ‘yo soy joven y tengo que hacer eso, y si no lo hago estoy fuera del sistema’. Eso le compete en definitiva al Estado, que es regular. Tener una inspección férrea, que va a controlar ese tipo de cosas para que eso no se convierta en algo que está bien visto y que tiene que ser sancionado”.


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