
La EP es una enfermedad neurodegenerativa crónica caracterizada por movimiento lento, rigidez (aumento del tono muscular), temblor y pérdida del control postural.
La EP se produce por la pérdida progresiva de neuronas de la sustancia negra que producen dopamina, un neurotransmisor implicado en el movimiento. Su origen es multifactorial e involucra factores genéticos, ambientales y el envejecimiento. La conexión intestino-cerebro podría desempeñar un papel relevante en su desarrollo.
La prevalencia en Uruguay es de 1,36 por 1000 habitantes; la edad promedio de los pacientes es de 72 años y hay unas 8000 personas con diagnóstico de EP.
Hay tres subtipos de EP
Acinético-rígido.
Con inestabilidad postural.
Temblor-dominante.
Síntomas de la EP
Precoces:
Anomalías del olfato.
Fluctuación del estado de ánimo (irritabilidad y depresión).
Estreñimiento.
Trastornos del sueño.
Posteriormente presenta:
Cara enmascarada (mirada seria o deprimida).
Deterioro del habla y disminución del parpadeo.
Marcha arrastrando los pies, con pasos cortos.
Alteración de la motricidad fina.
Micrografía (letra pequeña).
Bradicinesia (lentitud del movimiento).
Temblor en reposo de 4 a 6 ciclos por segundo, no rítmico ni regular.
Rigidez muscular.
Inestabilidad postural.
Síntomas no motores:
Disfunción cognitiva y demencia.
Psicosis.
Alucinaciones.
Fatiga.
Mareos al incorporarse.
Dificultad miccional.
Apatía.
Disfunción sexual.
Trastornos gastrointestinales.
Diagnóstico de la EP
Se basa en la historia clínica y el examen neurológico. Como mínimo, requiere comprobar:
Bradicinesia.
Temblor o rigidez de reposo.
Comienzo unilateral de los síntomas.
Mejoría con la medicación.
Es importante excluir otros posibles trastornos mediante técnicas de imagen cerebral (TAC) o análisis de sangre.
Tratamiento de la EP
Debe ser precoz, integral, multidisciplinario y mantenerse a lo largo de toda la vida.
Incluye:
Levodopa.
Terapia física y rehabilitación motora, del equilibrio y del habla.
Dieta rica en fibra.
Apoyo psicológico.
Ejercicio regular, con al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica.
Cirugía en casos seleccionados.
Conclusión
La educación sanitaria y terapéutica es fundamental durante todo el curso de la enfermedad de Parkinson. En las etapas iniciales, se centra en ayudar al paciente y a su familia a comprender la enfermedad, brindar apoyo emocional y social, promover hábitos saludables y planificar los cuidados futuros.
A medida que la enfermedad progresa, la educación se orienta al correcto manejo de la medicación y de los tratamientos de rehabilitación, al reconocimiento de complicaciones como las caídas, las dificultades para tragar, los trastornos del sueño o los cambios cognitivos, y al fortalecimiento del apoyo al cuidador.
En las etapas avanzadas, se prioriza el mantenimiento de la calidad de vida, el alivio de los síntomas, la atención integral y el acompañamiento del paciente y su familia en la toma de decisiones y en los cuidados al final de la vida.
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