No hay que ser muy memorioso para recordar que prácticamente todos, alguna vez, juntamos figuritas para un álbum. Los había de historia, geografía, espectáculos, de todo tipo. Después uno crece y deja ese hobby para los más chicos, que se desesperan por tener la figurita “sellada”, las cambian con sus amigos en la escuela o incluso juegan con ellas a ver quién se queda con el mazo más gordito.
Pero todas esas cosas que pueden ser para nosotros más un recuerdo que otra cosa, es algo que está muy presente ahora mismo y no solo para los más chicos. Porque Uruguay es el país que más colecciona figuritas per cápita del mundo. ¿Del mundo? Sí señoras y señores, somos los número uno en esa verdadera manía de llenar los álbumes.
Y ahora con la cercanía del Mundial de Fútbol esa pasión renació con un furor inusitado. No solo entre los más chicos, entre personas de cualquier edad. Con los sobres a 60 pesos se puede calcular que un álbum compuesto por 980 figuritas puede llevar a gastar desde 6.000 pesos para arriba.
¿El premio? La simple satisfacción de llenar páginas y páginas vacías con los rostros de la larguísima lista de jugadores de las 48 selecciones que jugarán este mundial.
A todo esto, mientras por aquí la fiebre por el álbum crece día a día, el interés por el propio mundial es casi nulo. La intención de atraer más público ampliando el espectro de selecciones, hasta ahora parece haber sido contraproducente y el mismo público futbolero parece que cambió el fanatismo por sus selecciones, a una pasión menos deportiva como la de las figuritas.
Para los empresarios representantes en nuestro país de la empresa Panini, o sea, la que se está forrando de dinero con la venta de figuritas, la razón de todo pasa por el cruce de dos pasiones muy uruguayas: el fútbol y el coleccionismo.
Así que además de futboleros ahora somos coleccionistas. Puede ser, si no el fervor por el álbum mundialista no se explicaría. Menos en gente que ya tiene treinta o más años. Algunos llegan a comprar paquetes cerrados de sobres, lo que significa un desembolso importante de dinero o, detalle importante, dejan de gastar en “otras cosas” para hacerlo en la compra de sobrecitos.
Otras cosas que quién sabe si no serán mucho más importantes que las figuritas, al menos para una mente sensata.
Todas las edades
Algo totalmente irracional que tuvo un empujón muy grande con la exitosa participación de Uruguay en el Mundial de Sudáfrica del 2010. “Desde entonces muchas personas mayores perdieron la vergüenza de comprar figuritas para ellos mismos”, explican los representantes de Panini.
No deja de ser un fenómeno que empezó con los niños, que siempre son un motor económico y social de consumo importantísimo, pero ahora se ha contagiado a todas las edades. Al menos en Uruguay.
Como siempre hay figuritas que son más perseguidas que otras como las de nuestro Valverde o el argentino Messi y el portugués Ronaldo.
Pero volviendo al tema del premio inexistente, hace rato que los editores del álbum del Mundial se dieron cuenta que no había necesidad de gastar en premios. Ya no hay pelotas, no hay llaveros, no hay ni un caramelo de premio. “El camino es la recompensa” dijo el maestro Tabárez.
La recompensa, en este caso, es llegar con el álbum lleno al comienzo del mundial. Y lo que pase en el propio mundial importa cada vez menos.
Una especie de desviación del objeto (dirían los que saben) de los jugadores reales a sus caras relucientes y brillosas en una figurita. ¿No es usted de los contagiados por esta singular pasión? Si no lo es todo esto le parecerá una locura.
Si lo es comprenderá perfectamente lo que tal vez solo usted pueda explicar. Aunque es imposible explicar una pasión ¿verdad?


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