Escribe Lic. Ps. Yasmin Buono: La frustración como parte del crecimiento de los niños

Este artículo fue pensado para padres, más específicamente a aquellos sobreprotectores, a esos que tal vez tengan una imagen de que ser “buen padre” o “buena madre” está asociada a evitar todo tipo de sufrimiento a su hijo.

Aquellos que desean resolver todo rápido, los que se anticipan a cada problema o intervienen antes de que aparezca cualquier frustración.

Atención lectores: proteger demasiado también puede debilitar y perjudicar.

No porque el amor haga daño, sino porque ese exceso en tratar de evitar sufrimiento puede transmitir un mensaje silencioso en el psiquismo del niño: “solo no podés”.

Construcción de autoestima

El psicólogo Albert Bandura, cuando se ha referido a la autoeficacia, explica que la confianza personal no surge simplemente de escuchar “soy capaz”, sino de experimentar situaciones donde la persona va descubriendo con los hechos que efectivamente es capaz de enfrentar los desafíos.
Es decir, la autoestima no nace simplemente de sentirse querido, también necesita una persona sentirse competente.

Cuando un niño logra resolver un problema, tolerar una frustración, equivocarse y volver a intentar, desarrolla algo mucho más profundo que la seguridad momentánea: desarrolla la percepción interna de que es capaz.

El problema de eliminar la frustración

En consulta atiendo a personas que fueron niños que crecieron en entornos afectuosos, padres cuidadores, presentes, pero que dieron a sus hijos demasiada protección, que llevó luego a desarrollar un adulto con poca autonomía.

Padres que ante cualquier incomodidad respondieron inmediatamente: hablaban por el niño, resolvían los conflictos escolares, corregían cada error, evitaban decepciones, o intervinieron antes de que el niño pudiera resolver algo solo.

La intención suele ser muy amorosa pero el efecto, a veces no.
Es muy importante que el adulto acompañe al niño, pero además que permita pequeñas frustraciones tolerables para que ese niño pueda ir construyendo sus propios recursos.
Porque si cada dificultad que aparece es eliminada automáticamente o el padre no espera lo suficiente para que su hijo actúe, aprenda y demuestre su capacidad, el niño podría asimilar algo poco beneficioso: que el malestar es intolerable y que siempre necesita a otro para regularlo.

La cultura del rendimiento y el miedo al error

Vivimos en una época donde se habla constantemente de autoestima, pero también donde muchos niños y adolescentes presentan temor al fracaso, la desaprobación y la incertidumbre. Los niños desarrollan mayor resiliencia cuando aprenden que equivocarse forma parte del aprendizaje, y no es una señal de incapacidad.

Muchas veces los adultos transmiten lo contrario sin darse cuenta porque corrigen demasiado, evitan el aburrimiento, impiden el error o convierten cualquier frustración en emergencia. Entonces aparecen niños y adolescentes frágiles ante el mínimo malestar. Es importante ir permitiendo desafíos acordes a la edad, sosteniendo la seguridad afectiva mientras desarrollan autonomía.

(097352937)

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*