Exposición de vacas secas preñadas al estrés por calor tiene impacto a corto y largo plazo en rodeos lecheros

Bióloga Jimena Laporta.

La exposición de las vacas secas preñadas al Estrés Por Calor (EPC) del verano tiene impactos a corto y largo plazo en los rodeos lecheros. Desde el deterioro estructural de la glándula mamaria de la vaca (afectando la lactancia subsiguiente) hasta la programación epigenética y del desarrollo de su descendencia (hijas y nietas).
El trabajo fue presentado en las 53 Jornadas Uruguayas de Buiatría por la bióloga uruguaya Jimena Laporta, del Departamento de Ciencias Animales y Lecheras, de la Universidad de Wisconsin-Madison, Estados Unidos, bajo el título Efectos multigeneracionales del estrés calórico en el ganado lechero.
La experta indicó que las consecuencias biológicas y económicas del EPC son de gran alcance. De manera similar, los terneros recién nacidos y en los primeros meses de vida sufren EPC causado por las altas temperaturas y humedad del verano. Implementar estrategias de mitigación tanto para vacas secas como para terneros es una inversión a largo plazo en la productividad, la resiliencia y la sustentabilidad genética de la industria lechera.
En los sistemas lecheros modernos, el período seco coincide con la etapa final de la gestación, que constituye una ventana de desarrollo crítica tanto para la madre como para el feto en desarrollo. La exposición al estrés por calor (EPC) durante este período desencadena una cascada de alteraciones fisiológicas que perjudican la producción de leche futura de la madre e inducen procesos de programación fetal en su descendencia.
Estos efectos no se limitan a la generación de las hijas (G1), sino que se extienden a la segunda generación en las nietas (G2) impulsados por modificaciones epigenéticas prenatales estables en el tiempo, como la metilación del ADN. Adicionalmente, la fase posnatal también representa un período sensible y vulnerable al EPC.
Los terneros recién nacidos y en la etapa de predestete tienen una capacidad de termorregular limitada y una función inmunológica inmadura, lo que sumado a los altos requerimientos de crecimiento, los hace particularmente susceptibles a la carga térmica ambiental. En este sentido, el EPC durante los primeros días de vida impide la utilización efectiva del calostro, afecta la curva de crecimiento, el desarrollo metabólico y la salud del ternero, con posibles consecuencias negativas a largo plazo en la productividad y la resiliencia futura. Estos hallazgos destacan la importancia de desarrollar e implementar estrategias de mitigación dirigidas específicamente a las etapas pre y posnatales. Abordar estos desafíos requiere una comprensión de los parámetros ambientales, específicamente el Índice de Temperatura y Humedad (ITH), y la implementación de estrategias de manejo efectivas para cada etapa de la vida. Este trabajo explora el “legado multigeneracional” del EPC, detallando su impacto en la morfogénesis mamaria de la vaca y su cría, generando pérdidas productivas que se magnifican.
Además, el trabajo evalúa diferentes enfoques para mitigar el EPC en las distintas etapas de la vida, incluyendo sistemas de ventiladores y aspersores para vacas secas y en ordeñe, mientras que a la vez profundiza en nuevas estrategias de ventilación para terneros. Un manejo integrado del EPC que abarque vacas (tanto en ordeñe como secas) y terneros es fundamental para sostener la productividad lechera, el bienestar animal y la resiliencia del rodeo a largo plazo frente a un clima cada vez más cálido y desafiante.

Desafío cada vez más complejo

La industria lechera a nivel mundial se enfrenta a un desafío cada vez más complejo: sostener el bienestar animal, la productividad y la resiliencia del sistema bajo un clima cambiante, caracterizado por olas de calor más frecuentes e intensas. Independientemente de región geográfica, el estrés por calor (EPC) surge de los efectos combinados de altas temperaturas ambientales, elevada humedad y radiación solar, sumadas a una menor circulación de aire, factores que en conjunto comprometen la capacidad de los animales para disipar el calor corporal acumulado.
Como respuesta, se desencadenan adaptaciones fisiológicas y de comportamiento que incluyen la reducción del consumo de materia seca, el aumento de la frecuencia respiratoria, la vasodilatación periférica, alteraciones de la señalización endocrina y cambios en la partición de nutrientes hacia la glándula mamaria. Si bien estas respuestas ayudan a mantener el equilibrio térmico a corto plazo, ocurren a expensas de la eficiencia productiva, la capacidad inmunológica y el desempeño reproductivo del animal.
El EPC afecta a los bovinos lecheros en todas sus etapas de vida, no sólo durante la lactancia. El período seco, que coincide con el último tercio de la gestación, una ventana biológicamente sensible y estratégicamente importante. Durante esta fase ocurre el redesarrollo de la glándula mamaria materna para su próxima lactancia, sumado a un rápido crecimiento del feto.
La carga térmica excesiva durante este período interrumpe ambos procesos, donde una menor ingesta de alimento y la alteración de las prioridades metabólicas limitan la disponibilidad de nutrientes, mientras que los cambios endocrinos influyen en el recambio de las células epiteliales mamarias y en el desarrollo fetal exponencial. El resultado es un comienzo comprometido de la siguiente lactancia, sumado a efectos de programación del desarrollo en la cría.
Las vacas preñadas (generación inicial, G0) sufren EPC debido a que su capacidad de termorregular se ve desafiada por las demandas metabólicas de la gestación y la carga térmica ambiental. En este sentido, la temperatura corporal materna elevada altera la función placentaria, el transporte de nutrientes y la señalización hormonal, lo que a su vez afecta el crecimiento y desarrollo fetal.
Es importante destacar que esta etapa no solo coincide con las etapas finales de la organogénesis fetal y el establecimiento de la identidad celular de los tejidos, sino también con el desarrollo de las células germinales del feto.
Esto significa que el EPC materno puede influir no solo directamente en la cría en desarrollo (las hijas, G1), sino también indirectamente en la generación posterior (las nietas, G2). Este es el concepto de programación multigeneracional, mediante el cual las condiciones ambientales prenatales (maternas) pueden moldear la capacidad fisiológica, la productividad y la salud de múltiples generaciones. Históricamente, las estrategias de mitigación del EPC en los sistemas lecheros se han centrado en las vacas en lactancia, ya que las consecuencias son inmediatas y visibles: caídas en la producción de leche y componentes (grasa y proteína), así como un aumento notorio de enfermedades y caída de la fertilidad. Si bien estas pérdidas son significativas, representan solo una parte del impacto total. Durante la última década, diversos estudios han determinado que los efectos “silenciosos” que ocurren durante el período seco pueden ser igualmente perjudiciales, aunque no sean visibles inmediatamente.