Música, historias y comunidad alrededor del fuego

Una vez más, la convocatoria comprendió participantes de todas las edades en el espacio de la plaza conocido como “el pozo”.

Como en años anteriores, la plaza Bella Vista convocó a numeroso público para celebrar la Noche de San Juan. La actividad tuvo lugar en el espacio conocido como “el pozo”, al que se accedía a través de la Biblioteca Popular “Enrique Chaplin”, del Centro Cultural Bella Vista, cuya Comisión de Extensión Cultural impulsa esta propuesta desde 2023. La celebración comenzó a organizarse con el propósito de recuperar algunas tradiciones vinculadas a esta fecha y, al mismo tiempo, generar un espacio de encuentro comunitario. También forma parte de un proceso más amplio de revitalización de la biblioteca y de resignificación de “el pozo”, que una vez más se transformó en escenario de una experiencia singular.

Como en las ediciones anteriores, la invitación consistía en concurrir con instrumentos musicales, un poema, una historia para contar, algo de leña para alimentar la fogata y, sobre todo, muchas ganas de compartir. La idea es que cada participante sea protagonista y pueda sumarse de la forma que desee, con la convicción de encontrar un espacio verdaderamente abierto. El encuentro transcurre sin amplificación ni parlantes y prácticamente sin otra iluminación que la del propio fuego, poniendo el acento en la cercanía, la escucha y el intercambio directo entre las personas. Una vez más, la actividad reunió a personas de todas las edades, desde niños hasta adultos mayores, que encontraron en torno al fogón un ámbito común para compartir y expresarse. Entre los asistentes podían verse vecinos que participan desde la primera edición, y también muchas caras nuevas.

En la entrada de la biblioteca se instaló una mesa con papel y lápiz para que quien lo deseara escribiera aquello que quería dejar atrás y aquello que deseaba atraer a su vida. Luego, esos mensajes fueron entregados al fuego, en un gesto simbólico asociado a la renovación y la esperanza. También hubo una propuesta de artes plásticas para los más pequeños, y materiales para crear un lienzo colectivo que será conservado hasta la próxima edición y luego quemado en la fogata, tal como ocurrió este año con el realizado durante la celebración anterior.

Música e historias compartidas

A las 20 se encendió el fuego en el contenedor instalado allí hace algunos años, una obra creada por el escultor Ignacio Andrada. Marcelo Goyos –actor, músico, vecino del barrio e impulsor de la actividad– invitó a los presentes a realizar algunos ejercicios para calentar la voz y prepararse para la celebración. Luego compartió algunas reflexiones sobre el solsticio de invierno y repasó aspectos históricos de la Noche de San Juan, una de las fechas más cargadas de simbolismo del calendario popular. Ya por entonces comenzaban a escucharse las primeras guitarras. Pero antes de la música, la maestra y cuentacuentos Jimena Torres narró una historia, “El mago y la rueda de las estrellas”, que fue seguida con atención y muy aplaudida por los presentes. Más tarde se trasladó al interior de la biblioteca, donde instaló un espacio de consulta del tarot, otra de las propuestas que ya forma parte de esta celebración.

Después vinieron los canciones y las historias compartidas. Las guitarras circularon de mano en mano y la música fue surgiendo de manera espontánea, sin escenario ni programación previa. Hubo folclore, rock, tango y otros géneros, interpretados por distintos participantes en una ronda abierta que se extendió durante unas dos horas. La noche tuvo un momento especialmente mágico cuando, ya cerca de las 22, un anónimo armoniquista comenzó a interpretar un blues desde las alturas, apoyado sobre el muro que bordea el pozo. La música capturó la atención de los presentes y generó un instante de silencio compartido, en el que la expresión artística pareció surgir de la manera más espontánea y auténtica. Un cálido aplauso coronó la escena, que quedará en el mejor de los recuerdos.

Uno de los aspectos más llamativos de este encuentro es que a pesar de realizarse al aire libre, de noche y en plena época invernal, el frío parece pasar a un segundo plano. La fogata aporta su calor, pero también lo hace el clima de convivencia que se genera entre quienes participan. Cuando el fuego comenzó a apagarse, también fue llegando a su fin una nueva edición de la Noche de San Juan. Una vez más, la propuesta demostró su capacidad para reunir a personas de distintas edades, orígenes y condiciones en torno a una experiencia compartida, donde la música, las historias, el arte y los rituales encontraron en el fuego un símbolo de encuentro, transformación y comunidad.