En el marco del ciclo organizado por la Comisión del Órgano “Gamba & Comoglio”, la Basílica Nuestra Señora del Rosario y San Benito de Palermo fue escenario de un nuevo concierto. En una velada que se destacó tanto por la calidad artística como por la concurrencia de público, se presentaron la organista montevideana Lía González, de 21 años, el violonchelista Gabriel Chirigliano, de 19. Junto a ellos estuvo la pianista sanducera Laura Sarlo, integrante de la Comisión del Organo, de 84 años, dando al concierto un marcado carácter intergeneracional.
El repertorio recorrió distintas épocas y estilos, desde el Barroco hasta el Romanticismo, con incursiones en el repertorio rioplatense. Se escucharon obras de Johann Sebastian Bach, Dietrich Buxtehude, Antonio Vivaldi, Camille Saint-Saëns y Astor Piazzolla, en formatos que incluyeron órgano solista, violonchelo y piano, y órgano y piano.
Un gran músico con raíces sanduceras
Para el público sanducero, resultó especialmente significativa la actuación de Gabriel Chirigliano, talentoso músico nacido en Estados Unidos. Nieto de los sanduceros Américo Chirigliano y Raquel Quintana, proviene de una familia ligada a la musica desde siempre. En diálogo posterior con EL TELEGRAFO, el joven artista expresó su forma de entender la música desde un enfoque íntimo y comunicativo: “No me veo como concertista, me veo como alguien que conversa con la audiencia, que comparte su versión de la obra”, señaló, destacando la interpretación como un intercambio antes que una exhibición. En sus palabras, reflexionó además sobre la alta exigencia competitiva que percibe en el ámbito musical en Estados Unidos, subrayando que en su caso prefiere centrarse en su propio proceso: “Yo simplemente trato de ser el mejor músico que puedo ser”, afirmó, remarcando la importancia de aceptar el error como parte del aprendizaje. Sobre su actuación en la Basílica, destacó el clima de cercanía y la ausencia de nervios al asumir el concierto como un espacio de expresión: “Cuando pensás así, no te da miedo equivocarte. Hasta es mejor si te equivocás, porque ahí te das cuenta de que hay mucho más por aprender”, comentó.
Asimismo, valoró el vínculo afectivo con el lugar y con los músicos participantes, recordando que Laura Sarlo fue la pianista que tocó en la boda de sus padres en Paysandú, antes de que la familia se radicara en Nueva Jersey, ciudad natal del violonchelista. Destacó también la generosidad de la organista Lía González al permitirle integrarse a un concierto que inicialmente iba a ser una presentación solista, y agradeció la oportunidad de haber participado, tras un intercambio previo de González con su entorno familiar. El músico recordó además una reciente visita al Farol Chaplin, donde funciona el programa “Un niño un instrumento”, en el que mantuvo un intercambio con los jóvenes estudiantes. Finalmente, tuvo un reconocimiento especial para el luthier Sergio Silva, responsable de la construcción de su violonchelo, a quien definió como un artesano de enorme talento, destacando la importancia de su trabajo en la calidad sonora del instrumento.

