Ediciones B (2005)
Cuando se habla del género policial los nombres que aparecen son casi siempre los mismos. Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, Dashiell Hammett, Raymond Chandler o, si miramos a los contemporáneos siempre andan por ahí Michael Connelly, Dean Koontz o James Ellroy, por nombrar algunos. Pero el problema aparece cuando salimos del primer mundo occidental.
¿Hay un género policial más allá de Estados Unidos y Europa? Los ejemplos latinoamericanos son pocos, pero los hay. Incluso en la literatura africana han aparecido últimamente algunos escritores o más bien escritoras, que defienden su presencia en el género.
¿Y más allá? Bueno, si miramos hacia oriente tal vez lo último que imaginamos es a un escritor trabajando dentro de las tramas en las que los crímenes que deben resolverse son el motor de la historia. Es otra consecuencia más del encasillamiento mental con que imaginamos el mundo en general.
Porque también en el mundo oriental hay varios escritores que se dedican a lo policial. Uno de los más exitosos es Keigo Higashino, que había tenido cierto éxito con algunas novelas como La salvación de una santa o Sueño profético, pero que pasó a ser uno de los escritores más vendidos de su país con La devoción del sospechoso X.
Ese éxito comercial viene acompañado de una coherencia literaria que hace honor a los mejores ejemplos del género. Es decir, su planteamiento, desarrollo y conclusión no buscan dejar contento o satisfecho a los lectores, sino ser fieles a la historia que se cuenta.
Y la historia es la de una madre soltera que, junto a su hija adolescente un buen (mal) día, defendiéndose como pueden, terminan matando al violento exmarido que ha regresado luego de una larga ausencia. Son ayudadas por un misterioso vecino que secretamente no solo espía a su vecina, sino que también la ama, aunque sin esperanza. Este misterioso ser se encarga de que la Policía no sospeche de la mujer y todo bien. ¿Todo bien? Claro que no, estamos hablando de un policial puro y duro donde los personajes tienen su propio código moral y están dispuestos a cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos.
Un viejo colega profesor del vecino y “salvador” en cuestión es requerido por un policía que huele algo raro y comienza el tire y afloje entre dos mentes superdotadas que vuelven a la novela una historia tan atrapante como la que más. Aunque no nos olvidemos que estamos hablando de Japón por lo que, si bien el libro fue finalmente un suceso internacional, las diferencias con lo que podría haber sido la misma historia contada por un occidental son notorias. Algo que está bien que así sea ya que, muchas veces, cuando hablamos de un género en el que hay a veces demasiada oferta y demanda puede parecer que todas las novelas se parecen. Bueno, La devoción del sospechoso X es claramente diferente. La medida occidental que vuelve “intocable” ciertos temas, o que nunca va a traspasar determinado límite, aquí no existe. Y no hablo de la violencia o la crueldad, ya que hay muchos ejemplos occidentales que pueden competir perfectamente con oriente en eso, sino en la absoluta entrega de los personajes a sí mismos, a lo que persiguen, al espíritu de sacrificio en miras de un fin, –si se lo mira desde su punto de vista– mayor.
Con la moral y la ley a un costado, estos seres imaginados por Higashino, viven, aman y matan porque no hay un límite bienpensante o burgués que los detenga. Sea dicho esto desde un punto lo más alejado posible de toda política, ya que lo que leemos en la novela tiene mucho más que ver con los sentimientos llevados más allá de cualquier fantasía que otra cosa. Eso sí, quien se disponga a leerla recuerde esto; es una de esas novelas que se quedan con uno, no sé si toda la vida, pero si por muchísimo tiempo.
Fabio Penas Díaz

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