A esta altura de los acontecimientos, nadie desea con más ansias que se termine el Mundial 2026 que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Y eso que, como nosotros, la mayoría de las selecciones ya están eliminadas de la competencia y esperan pronta revancha en las competencias que vendrán. Pero el escándalo que viene protagonizando el organismo rector del fútbol no tiene precedente. Y eso que hubo todo un ejecutivo descabezado por un escándalo de corrupción al que se denominó FIFA Gate, por la compra de votos para la adjudicación de la sede mundialista a Catar, desplazando a Estados Unidos, que pretendía organizar la Copa en 2022.
Cómo será la cosa que Joseph Blatter, quien presidía el ejecutivo por ese entonces, se expresó en la antigua Twitter sorprendido y reclamando por la falta de rumbo de la FIFA actual.
¿Qué pasó? La FIFA decidió suspender la pena a un futbolista de la selección de Estados Unidos sancionado con tarjeta roja en su compromiso frente a Bosnia y Herzegovina. No cualquier jugador: Folarin Balogun es el más desnivelante de los delanteros del país norteamericano, que comparte la organización del torneo con México y Canadá. Sorpresivamente, la FIFA dio a conocer que la suspensión automática para el partido siguiente —de la que es objeto cualquier jugador que resulta expulsado— había sido levantada, aplicando de forma excepcional el artículo 27 de su Código Disciplinario.
Esta sorpresiva determinación desencadenó una serie de repercusiones, entre los enojos de las demás federaciones participantes, en especial la de Bélgica —el siguiente rival de los estadounidenses— y de la propia UEFA, confederación a la que pertenecen. Poco después, el periódico New York Times, que mantiene a su vez una disputa aparte con el presidente de Estados Unidos, dio a conocer una versión escandalosa sobre cómo terminó levantándose la pena de Balogun. Según el medio neoyorquino, el presidente Donald Trump llamó a Gianni Infantino en las horas posteriores al partido y “le pidió que revisara la suspensión del máximo goleador del equipo en la Copa del Mundo, Folarin Balogun, después de que se le dio una tarjeta roja, según cuatro personas familiarizadas con la conversación. El domingo, la FIFA revirtió la suspensión y anunció que el Sr. Balogun sería elegible para jugar el lunes contra Bélgica”.
Detalla además que “altos funcionarios de la administración Trump, incluido Howard Lutnick, el secretario de Comercio, y Andrew Giuliani, el director ejecutivo del grupo de trabajo de la Casa Blanca en la Copa del Mundo, contrataron abogados para ayudar a los Estados Unidos. La Federación de Fútbol intenta apelar, a pesar de las reglas de la FIFA contra tales apelaciones, según dos de las personas familiarizadas con la llamada”.
Pero incluso el propio Donald Trump salió a hablar del tema reconociendo su participación en el asunto. “Vi la jugada, y soy una persona que ama los deportes. Eso no fue una falta. Ni siquiera fue una infracción. Este árbitro, que es un poco sospechoso si revisas su historial, tomó una decisión que nadie podía creer. Es nuestro mejor jugador, o uno de nuestros mejores jugadores, y le sacó una tarjeta roja. No sabía qué significaba eso. Sí, pedí una revisión por parte de la FIFA”, declaró el mandatario.
Todo en apariencia muy inocente, muy cristalino, si no fuera porque la FIFA tiene estrictas normas que aluden a la intromisión gubernamental, que incluyen la prohibición de que gobiernos o políticos interfieran en las federaciones de fútbol locales. Sus estatutos exigen que sus miembros sean independientes y autónomos, y si un gobierno interviene, la federación correspondiente se expone a fuertes sanciones, incluida la suspensión inmediata de todas sus competiciones y eliminatorias internacionales. Para muestra un botón: la FIFA llamó la atención a la Asociación Uruguaya de Fútbol en 2014, luego de que el entonces presidente de la república, José Mujica, se reuniese con quien era entonces titular de la AUF, Sebastián Bauzá, y los presidentes de Nacional, Eduardo Ache, y de Peñarol, Juan Pedro Damiani. “El órgano rector del fútbol mundial quiere conocer las razones que llevaron a las autoridades del fútbol uruguayo a reunirse con el presidente de la República en la sede del gobierno nacional (Torre Ejecutiva), y el motivo por el que la Policía ya no custodia los partidos que se disputan en el estadio Centenario y el Gran Parque Central, el estadio de Nacional”, publicaba Subrayado.
Pero este celo no pesó en esta instancia, en la que no solamente se aceptó dar trámite a la solicitud de revisión de la pena, sino que además se resolvió favorablemente, ocasionando un caos reglamentario en la competencia actual, en próximos torneos y en la propia estructura de la FIFA, habitualmente tan inflexible.
Infantino salió a tratar de relativizar la situación y justificar la decisión. “Los órganos judiciales de la FIFA son independientes. Operan de manera autónoma, aplican el Código Disciplinario de la FIFA y deciden los casos en base a las regulaciones aplicables y los hechos específicos ante ellos. Su independencia es esencial para la credibilidad e integridad del fútbol, y esto debe respetarse siempre”, aunque reconoció sus contactos con Trump durante la Copa del Mundo. “Sí, discuto regularmente asuntos relacionados con la Copa Mundial de la FIFA con el presidente de los Estados Unidos, y en este asunto, recibí una llamada del presidente Donald Trump, tal como recibo llamadas de jefes de Estado, funcionarios gubernamentales, partes interesadas en el fútbol y ejecutivos empresariales de todo el mundo sobre muchos temas diferentes”.
No es ajeno a nadie que la FIFA, y en particular Infantino, tiene debilidad por Trump, tanto que le otorgó el año pasado el Premio de la Paz de la FIFA, un premio que no existía hasta entonces.
La FIFA lo creó y se lo dio a Trump, que por ese entonces estaba determinado a conseguir que le otorgasen el Premio Nobel de la Paz, premio que finalmente se entregó a la venezolana María Corina Machado y que ella a su vez le cedió al propio Trump.
Este episodio ha motivado que desde la interna de la FIFA y desde las diferentes confederaciones surjan miradas de desconfianza hacia la conducción del actual presidente. Habrá que esperar los movimientos políticos que vendrán, que se cuecen a fuego lento.
Ya este Mundial venía precedido de algunas controversias, como las pausas de hidratación y el anuncio de un entretiempo más extendido en la final al modo del Superbowl, pero este episodio puede ser la gota que colme el vaso de la paciencia con respecto a un anfitrión que no se lleva con el fútbol, por más que lo intenta una y otra vez, a fuerza de billetera y de influencia política, como en este caso, sin entender que hay cosas que no se pueden comprar. ¿O sí?


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