En la semana de formación del clero hemos reflexionado sobre cómo acompañar las familias en sus alegrías y en sus crisis.
Los jóvenes en especial, pero cada uno de nosotros valora y agradece aun con sus conflictos y dificultades la familia de origen.
Tomando un pasaje de La alegría del amor, el documento programático de su pontificado, el Papa Francisco recuerda que «la familia es el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia», donde se descubre que hay distintos sexos, generaciones, tareas y gustos que hay que armonizar.
Según el Papa, «no existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos». Al contrario, «hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón. El Papa afirma que «la familia más hermosa - protagonista y no problema-, es la que sabe comunicar, partiendo del testimonio, la belleza y la riqueza de la relación entre hombre y mujer, y entre padres e hijos». Ese es el modelo, y «no luchamos para defender el pasado, sino que trabajamos -con paciencia y confianza, en todos los ambientes en que vivimos cotidianamente-, para construir el futuro».
La Iglesia está llamada también a ser familia de familias.
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