Las postergaciones de la visita del presidente Yamandú Orsi a nuestro departamento han resultado muy llamativas, pero se trata de algo que no es nuevo: durante la campaña política presidencial en el año 2024 fue notorio el esfuerzo del Frente Amplio por mantenerlo apartado de la prensa y especialmente de cualquier intercambio de opiniones (conversatorios, debates, mesas redondas) en las cuales pudiera quedar en evidencia que se trataba de un candidato que claramente no estaba preparado para ejercer la primera magistratura de nuestro país.
Si bien Orsi intenta llevar adelante un estilo campechano y llano, se trata de una postura claramente impostada y seguramente aconsejada por su círculo de confianza y los asesores de imagen de turno, que dista mucho de la forma de ser del expresidente José Mujica, quien, más allá de adhesiones o rechazos a su figura, tenía una forma de expresarse y de relacionarse que era legítima. Claramente, Orsi quiere parecerse a Mujica, pero no le sale.
Y el entorno en Presidencia de la República no podría ser peor para Orsi: por un lado, Alejandro “Pacha” Sánchez (aspirante no declarado a ser el próximo presidente uruguayo) y, por otro, Jorge Díaz, cuyo accionar conjunto permanente en la prensa condena al presidente Orsi a un papel de permanente debilidad y segundo plano, un aceptador de lo que proponga ese particular pero eficaz dúo, y lo transforma sin más en un mero espectador de la realidad nacional. Una cosa es clara: cuando hablan Sánchez y Díaz, habla el Estado uruguayo, pero cuando habla Orsi las declaraciones son confusas, erráticas. Después es “Pacha” quien sale a dar explicaciones de que lo que dijo el presidente no es lo que cualquier mortal interpreta, sino otra cosa que solo las mentes más lúcidas como la de él pueden entender, y pone en palabras simples la ambigüedad presidencial.
En medio del reciente escándalo por la camioneta mencionada, se dio a conocer en la prensa capitalina que el mandatario adeudaba el Impuesto de Primaria por una casa que adquirió en 2024, y que su domicilio —que puso a nombre de su esposa antes de asumir— tuvo reformas no declaradas ante la Dirección Nacional de Catastro. Cada explicación que dio —en respuesta a lo que la prensa iba “destapando”— fue una peor que la otra.
Temas como el uso de vehículos militares para patrullar las zonas más peligrosas de Montevideo también han sido objeto de marchas y contramarchas, desmentidos y todo tipo de vacilaciones de un presidente y de un ministro, Carlos Negro, que tampoco da la talla.
A esto debe sumarse la constante, insidiosa y efectiva acción del “fuego amigo” contra Orsi que lleva adelante el propio Frente Amplio, y en especial algunas de sus figuras, como por ejemplo el senador socialista Gustavo González y el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo, quien ha contradicho ante la prensa al presidente, a pesar de que este había pedido que no lo hicieran. A esto se agrega que el Pit Cnt, si bien no abandona su rol de brazo ejecutor y patotero del Frente Amplio, sigue empeñado en lograr la renuncia del ministro Oddone, quien a duras penas logra mantenerse en el cargo. La reciente polémica en la interna frenteamplista sobre la existencia de documentos tendientes a lograr la radicación de deportados cubanos en Uruguay (algo que el canciller Mario Lubetkin negó en un primer momento, pero que finalmente tuvo que admitir) completa un panorama poco halagüeño.
Ante todos estos antecedentes, no es de extrañar que la desaprobación del presidente Orsi se encuentre en el 65%. Tan débil es la actual posición de Orsi que hasta el expresidente Julio María Sanguinetti salió a la prensa a defenderlo, expresando que se trata de un “presidente honesto, prudente, afectuoso”, al tiempo que resaltó “la experiencia administrativa” del actual mandatario.
Pero el presidente tampoco ayuda para que su imagen mejore en algo en la opinión pública. Y un ejemplo claro lo tenemos en Paysandú, un departamento que está sufriendo una de las peores catástrofes laborales en la industria local, con amenazas de cierre simultáneas en grandes empresas como Frigorífico Casa Blanca, Cympay y Portland Ancap, fuerte reducción de personal y producción en Paycueros, citrícolas en problemas, entre otras. Y si bien Orsi estuvo ya una vez de visita en el departamento, fue a un pequeño pueblo a 80 kilómetros de distancia de la fuerza sindical que lo esperaba en la capital departamental, y para dar “buenas noticias” para la zafra citrícola. A nuestra ciudad no vino ni siquiera a inaugurar el tomógrafo del Hospital, tras haber anunciado su visita y postergado a último momento, justo cuando Paysandú esperaba una respuesta a las declaraciones de su ministra de Industria por el apagado del horno de la planta de Portland de Ancap y el cierre de la producción local.
Ahora el desaire le tocó a Guichón. Dos veces. La excusa: el mal tiempo. Se suponía que vendría a reinaugurar un tramo de la ruta 4 —que ya había sido pavimentado durante la administración Bentos, y que ahora se amplió y se le aplicó carpeta asfáltica—, pero una pálida franja amarilla de alerta meteorológica de Inumet le hizo cancelar el vuelo. No había alertas de magnitud para ese día, como sí se había advertido para el día siguiente.
Paradójicamente, el recientemente inaugurado aeropuerto internacional de Paysandú nunca estuvo cerrado por mal tiempo —que por cierto nunca llegó—, así como tampoco dejó de operar el aeropuerto Chalkling. Además, en caso de que puntualmente se pudiera formar una tormenta, el helicóptero puede bajar en cualquier terreno —nuestro país es una “penillanura suavemente ondulada”— y esperar a que pase con total seguridad. Y por si eso fuera poco, la Armada Nacional cuenta con extraordinarios pilotos, acostumbrados a operar en condiciones extremas porque deben poder hacer rescates en alta mar justamente durante temporales. Los vimos pilotar con gran destreza y seguridad precisamente cuando el expresidente Lacalle Pou vino a Piedras Coloradas el 1.° de enero de 2022 y aterrizó en un baldío en medio de vientos huracanados y lluvia torrencial. El entonces presidente Lacalle Pou bajó del helicóptero sin paraguas ni impermeable y se dirigió a un público que vio con asombro cómo el mandatario se acercaba a saludar a los vecinos, que hasta ese momento vivían con la angustia de no saber si el fuego les llegaría a sus casas.
Pero aun si Orsi teme volar —es algo muy natural—, siempre tiene la alternativa de viajar por carretera. No son más de cuatro horas y media o cinco las que lo separan de la comodidad de la Torre Ejecutiva. Pero esa opción también la descartó. Simplemente no vino a Guichón, por segunda vez. Parece que la gente de Guichón no vale la pena.
Los números del presidente van en caída. Y Orsi poco hace para revertirlo.


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