Los monitores económicos muestran que el primer semestre del año culminó con una demanda laboral que cayó 7,5% en comparación con el mismo período del año pasado. Sin embargo, ese impacto golpea especialmente la demanda de los empleos de menor calificación, por el bajo dinamismo de la economía nacional.
No es un signo positivo, sino todo lo contrario. Las proyecciones ya conocidas, en torno al 1,3% y 1,5%, frenan la posibilidad de una expansión necesaria para llevar algo de oxígeno al Interior del país, donde se debate el tema a diario.
La caída implica una limitación a nuevas contrataciones y muestra que el sector empresarial está atento a los vaivenes de los guarismos. Al mirar atrás, se observan caídas interanuales y consecutivas en rubros clave, que corrigen a la baja tanto sus aspiraciones de crecimiento como sus contrataciones de mano de obra.
Los grandes proyectos de infraestructura no mueven la aguja en los números macro, y es notorio que algunos grupos empresariales se fijan mucho más en la eficiencia que en la expansión y, por ende, en la ampliación de sus plantillas laborales.
Y si la inversión está acotada, también se limita la creación de nuevos puestos de empleo. Las pequeñas y medianas empresas, que son el gran motor de las economías locales y nacionales, se encuentran condicionadas a los embates regionales.
Esas inquietudes están plasmadas en los registros. El Monitor Laboral de la consultora en recursos humanos Advice recogió que, desde comienzos del año, se publicaron unas 33.000 oportunidades, lo que corresponde a un 6% menos que en los primeros cinco meses del año pasado.
La consultora incluso proyectaba nuevos descensos en los meses siguientes, en lo que se perfilaba como la mayor caída en la demanda luego de dos años de crecimiento.
Según el Banco Central, este tramo del año ha registrado un crecimiento de 0,9%, lo que explica el costo que pagan los trabajadores con menores calificaciones, mientras crece la demanda de los puestos con mayor especialización.
En forma paralela, el encarecimiento del costo de vida, los altos costos de producción, la rigidez en la negociación colectiva y el estancamiento de la productividad generan hoy tensiones entre la competitividad que reclaman los sectores empresariales y la preservación de los derechos laborales. Hay laudos elevados, con cargas sociales que transforman las contrataciones directas en un trámite costoso, lo que lleva a una evaluación continua sobre la pertinencia de ampliar las oportunidades de trabajo.
El dólar permanece rezagado desde hace años por los mismos factores, como el contexto internacional y las tasas en pesos que encarecen los productos y los servicios en comparación con los países vecinos. Este último aspecto es una variable relevante en las economías de los departamentos fronterizos con Argentina o Brasil.
En los últimos meses recobró fuerza el debate sobre la reducción de la jornada laboral sin afectar salarios ni empleos. Algunos impactos comienzan a medirse por el encarecimiento de los costos. De acuerdo con desarrolladores privados, el último acuerdo alcanzado entre los trabajadores y la Cámara de la Construcción encarecerá la obra pública y privada.
Otras decisiones pasaron por marcharse y afincar la inversión en otros países de la región, debido a esta baja competitividad en comparación con otros competidores cercanos. La contratación de empresas tercerizadas también atraviesa un marco de responsabilidades que impone fiscalizaciones estrictas, reguladas por las leyes de intermediación de empleo. El impacto recae en ocupaciones elementales ante la retracción en el consumo, como el comercio y otros servicios. El monitor mencionado ubica —por su orden— entre los puestos con mayor demanda al desarrollador de software, ingeniero de software, ejecutivo de ventas, profesor, contador, técnico electricista, analista contable, ingeniero de IA, ejecutivo de gestión comercial e ingeniero de datos.
Con este panorama, la demanda seguirá frenada hasta 2027. Las previsiones de crecimiento de 2,2% para el año que viene siguen sujetas a factores regionales e internacionales. Por lo tanto, son inciertas.
Esta modesta expansión no modificará la realidad de estancamiento, principalmente al norte del río Negro. Transcurrida la primera mitad del año, los sectores que resultan clave para el dinamismo, como la construcción, esperan la concreción de proyectos de infraestructura pública o inversiones privadas de gran porte que incidan en los números globales.
El mercado laboral seguirá manejado con cautela, y el horizonte del año próximo no se modificará sustancialmente si antes no convergen los factores de mejora en la competitividad e inversión.
El escenario de estabilidad que presentan las autoridades debe circunscribirse —y, sobre todo, aclararse a la ciudadanía— al plano macroeconómico.
Esa realidad no permea en las economías locales, así como tampoco el bajo índice de desempleo global refleja la realidad de distintas zonas del país, como el litoral, donde aún permanecen desafíos vinculados a la productividad, la informalidad y la calidad del empleo.
Los índices de empleo, así como los de desempleo, reflejan la evolución de las inversiones en el país en los últimos años. Es una tasa de inversión baja, incluso en la comparación regional. Mientras Uruguay mantiene inversiones que representan el 16% de su Producto Bruto Interno (PBI), Chile sostiene el 24%, y las economías asiáticas se ubican en torno al 30%.
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