En el marco de la reciente jornada de la Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC), realizada en el salón Egeo de Paysandú, fue presentado un nuevo concentrado proteico para la recría y el engorde a corral: la camelina.
Las fuentes proteicas representan uno de los componentes de mayor costo en la alimentación de bovinos en sistemas de engorde a corral. En Uruguay, la suplementación con fuentes proteicas se basa principalmente en subproductos industriales como Harina de soja, Harina de girasol y granos de destilería (DDGS por sus siglas en inglés). No obstante, la limitada disponibilidad nacional de estos insumos genera una importante dependencia de materias primas importadas, lo que impulsa la búsqueda de fuentes proteicas alternativas que contribuyan a mejorar la competitividad y la sustentabilidad de la producción ganadera.
La camelina (Camelina sativa L.) es una oleaginosa anual perteneciente a la familia Brassicaceae, cuyo cultivo ha experimentado un importante desarrollo durante las últimas décadas debido a la creciente demanda para la producción de biocombustibles para aviación. En Uruguay constituye un cultivo de reciente introducción, promovido como alternativa para los sistemas agrícolas de invierno por su corto ciclo, tolerancia al frío y a la sequía y su adaptación a rotaciones agrícolas. La extracción de aceite genera como subproducto la harina de camelina, la cual presenta en torno a 40% de proteína bruta y un elevado contenido de ácidos grasos poliinsaturados, especialmente ácido alinolénico y ácido linoleico, lo que la posiciona como una potencial fuente proteica para alimentación animal.
Por su caracterización nutricional, la harina de camelina es similar a la harina de soja, concentrado proteico muy comunmente utilizado en los corrales de recría y engorde. Sin embargo, la composición química de este subproducto depende de su genotipo y el método de extracción de aceite utilizado en el proceso industrial. El principal factor limitante para su utilización es la presencia de compuestos antinutricionales, principalmente glucosinolatos, que pueden disminuir la palatabilidad del alimento, el consumo y afectar el crecimiento animal cuando son suministrados en altas concentraciones. Sin embargo los rumiantes presentan una mayor tolerancia a estos compuestos (1,5 y 4,22 mmol/ kg) debido a la capacidad de la microbiota ruminal para degradarlos parcialmente y reducir la formación de metabolitos con efecto antitiroideo, permitiendo la utilización de harina de camelina en niveles superiores a los tolerados por especies monogástricas.
Datos
En terneros de recría, la inclusión de harina de camelina en sustitución de la harina de soja, hasta un 12% del total de la dieta no afectó la eficiencia de conversión, manteniendo ganancias de peso dentro de los valores esperados para esta categoría recibiendo este tipo de dieta, a pesar de mostrar una respuesta lineal en detrimento del consumo de alimento.
En el caso de novillos en terminación, la inclusión de niveles crecientes de harina de camelina en sustitución de la harina de soja, hasta 12%, no afectó el consumo de materia seca ni la eficiencia de conversión de los novillos. Si bien las ganancias medias diarias presentaron un efecto cuadrático, todos los tratamientos alcanzaron desempeños productivos elevados, superiores a los habitualmente observados en sistemas comerciales de engorde a corral.
En conjunto, estos primeros resultados son promisorios para considerar a la harina de camelina como una nueva fuente de proteína, alternativa a las fuentes tradicionales.
Esta línea de investigación se encuentra en sus inicios, teniendo como siguiente paso continuar con la caracterización de este subproducto, su comportamiento a nivel de degradación ruminal, y su efecto en el perfil lipídico y aceptación del producto final por parte de los consumidores.


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