El anuncio de que Fábricas Nacionales de Cerveza (FNC) cerraría su histórica planta de la cerveza Patricia en Minas, y que evalúa invertir en Montevideo si negocia una rebaja de costos, ha caído como un mazazo en todo el país y especialmente en los departamentos donde está presente dicha empresa. Paysandú es, lamentablemente, una de esas ciudades que ven peligrar fuentes genuinas de trabajo, tanto directas como indirectas, sin mencionar los múltiples oficios (carpintero, electricista, sanitario, cañista, metalúrgico, mecánico industrial, etcétera) que aún se mantienen gracias a las pocas empresas que siguen abiertas. De acuerdo con lo informado por El País, “tan solo dos años atrás, en 2024, la compañía había anunciado intempestivamente el cierre de sus operaciones en Minas, con la intención de concentrar toda la producción en su planta de Montevideo. Tras meses de negociación con el gobierno, de la que participaron cuatro ministerios de la administración de Luis Lacalle Pou, finalmente se acordó retomar la actividad con una reducción de 40% de la plantilla.
“Hace unos 20 años el mercado estaba dominado en más de un 90% por la producción nacional, pero la cerveza importada fue ganando cada vez más terreno en un proceso que se aceleró en la última década. La cerveza ingresada desde el exterior representaba el 3% del mercado en 2010, en 2015 ya era el 17%, y en 2020 un tercio de la cerveza comercializada en Uruguay. El salto se profundizó en los años siguientes, al punto que en 2025 superó por unas décimas a la cerveza uruguaya, tal como consignó El Observador en marzo. Hoy, a trazo grueso, la mitad de la cerveza consumida por los uruguayos es importada. La artesanal, por su parte, tiene un peso de aproximadamente 3%. En todo ese proceso, FNC fue perdiendo participación en el mercado local. De representar el 90% de las ventas, hoy en día está en el entorno del 70%, según las distintas fuentes consultadas. Ese porcentaje de FNC se compone de toda la producción de cerveza industrial uruguaya (Pilsen, Patricia, Zillertal, Norteña, tanto embotelladas como en lata), pero también cerveza que la propia FNC importa”.
Ante este escenario, el achique de FNC era la “crónica de una muerte anunciada”, y nadie lo resumió con tanta claridad como Bruno Pastorino, presidente del sindicato de FNC: “Mientras que la lata importada cuesta alrededor de $10, producirla en Uruguay sale $25”. Un argumento demoledor por su simpleza y fortaleza, que proviene de un dirigente sindical que, como todo el Pit Cnt, explica las relaciones laborales en el marco de la lucha de clases. A pesar de ser el Pit Cnt una central sindical marxista (y por ende enemiga de la clase patronal y promotora de la lucha de clases), las declaraciones de Pastorino demuestran que a esa organización sindical, a la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida (Foeb) y al sindicato de la FNC, la realidad les pasó por arriba. Como reza el dicho popular, todos los argumentos ideológicos quedan fuera de la discusión: palabras como plusvalía, oligarquía, imperialismo y tantas otras que forman parte de la liturgia sindical no sirvieron para nada ante la crisis de FNC. Pastorino dio en la tecla sin necesitar un doctorado en matemáticas: algo que sale 25 pesos es más caro que algo que sale 10 pesos. Con su frase, Pastorino se acerca a la pronunciada por el entonces presidente de la República Popular China, Deng Xiaoping, quien con su célebre “no importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones” definió el realismo político y la claridad del líder chino que impulsó a ese país a niveles de crecimiento nunca imaginados y que hoy lo colocan como la segunda economía del mundo, y en poco tiempo lo hará ocupar el primer lugar.
Así las cosas, toca referirse a los motivos por los cuales cerró la planta de FNC en Minas y por los cuales la de Paysandú aún no tiene claro su futuro: los altos costos de nuestro país, que hacen inviable la permanencia de empresas en Uruguay debido a la pérdida de competitividad frente a otros países que producen más cantidades, más rápido y con mejor calidad. Uruguay es un país caro por muchos motivos, y es bien sabido que resulta más caro transportar un contenedor de Montevideo a Paysandú que traer ese mismo contenedor desde China hasta Montevideo. Ello siempre y cuando el Pit Cnt permita que las cargas puedan salir del país o ingresar a él a través del puerto capitalino, claro. Pero volviendo a lo que importa: a esos costos hay que sumarle una cantidad extra de costos ocultos (y no tan ocultos) que incluyen los combustibles, la energía, los salarios, los impuestos, las interminables trabas burocráticas y la baja productividad que tienen los trabajadores uruguayos (algo antipático de decir, pero que todo el mundo reconoce en voz baja), entre otros motivos. Todos esos factores conforman una “tormenta perfecta” para FNC: lo que produce es caro y sale más barato importarlo que producirlo en Uruguay.
Pero lamentablemente no solo producir en Uruguay es caro: resulta aún más caro hacerlo en el Interior, donde la logística de llevar la producción a los centros de consumo —léase, área metropolitana— agrega costos astronómicos que hacen inviable no solo fabricar cerveza, sino casi cualquier industria a más de 100 kilómetros de Montevideo. Ergo, la Patricia seguirá el mismo camino que nuestra emblemática Norteña, y no habrá negociación política ni pataleta sindical que pueda salvarla. Con suerte sobrevivirá FNC en la capital, cerca de donde está la mayor cantidad de consumidores, y donde se pueden diluir un poco más los costos exorbitantes de mover un camión pagando a un camionero de la Foeb un salario digno de un jeque árabe para hacer el trabajo que menos capacitación y exigencia requiere. Se trata de un triunfo más del macrocefalismo montevideano que se ha fagocitado al país entero, donde hoy quedan las cáscaras de las industrias, tal como lo sufrimos en Paysandú en carne propia. No es de extrañar que tantos sanduceros estén pensando en mudarse a la Ciudad de la Costa o Maldonado, y tantos otros ya se fueron.
¿Y qué soluciones proponen el Pit Cnt y el ministro de Trabajo para revertir la debacle? Para el Interior, nada. Y para mejorar la competitividad, la mejor idea que se les ocurre es trabajar menos por la misma plata, obligando así a aumentar la masa laboral de las empresas, reducir la edad jubilatoria, mejorar las prestaciones y aumentar los costos del Estado, entre otras “genialidades” por el estilo. Es que la República de Montevideo por ahora aguanta un poco más, no está tan mal aún, y por eso se animan a seguir tirando de la piolita, hasta que se corte y terminen secando hasta la “Tacita del Plata”. Y después con suerte le quedará Punta del Este…
Ante esta situación, los sanduceros deberíamos tratar de valorar y defender las pocas fábricas que quedan funcionando en nuestro departamento y, al igual que Pastorino, entender que 25 pesos es más que 10 pesos, que la realidad es lo que es y que las empresas privadas no pueden producir a pérdida. Al fin y al cabo, para trabajar a pérdida y “timbearse” el dinero de todos los uruguayos ya están Ancap y ALUR, que son empresas públicas dirigidas por políticos.

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