Brasil siempre ha dado múltiples y claras muestras de un espíritu imperialista contra los países con los cuales comparte frontera. Uruguay, por ejemplo, mantiene desde hace décadas reclamos por los territorios conocidos como el Rincón de Artigas y la Isla Brasilera; ésta última, indiscutiblemente ubicada dentro de los límites naturales de nuestro país.
Teniendo en cuenta esta política expansionista de Brasil, que se niega a devolver territorios que no le pertenecen, no debería llamar la atención la falta de respeto del presidente Lula hacia las víctimas de la Guerra de la Triple Alianza —y no solo a ellas—. En efecto, Lula dijo en los últimos días: “No olvidemos que un buen día Paraguay decidió invadir Brasil”. Según el portal alemán de noticias Deutsche Welle, “las declaraciones del mandatario izquierdista, para justificar su intención de aumentar el presupuesto de las fuerzas armadas, despertaron indignación en Paraguay, donde fueron rechazadas por el Ejecutivo, el Senado, la Cámara de Diputados y políticos tanto oficialistas como opositores”.
Estas infelices declaraciones de Lula se encadenan directamente con la llamada Guerra de la Triple Alianza, el conflicto bélico que más víctimas causó en la historia de América Latina y probablemente el ayor acto genocida que registra la Historia en el subcontinente. Tal como ha señalado el portal de noticias BBC Mundo, en esa guerra “Argentina, Brasil y Uruguay perdieron a unos 120.000 hombres. Pero la verdadera tragedia la vivió el país que enfrentó a estas tres potencias aliadas hace un siglo y medio: Paraguay, el perdedor de la contienda. Para ese país no fue solo una derrota militar, fue una masacre que algunos historiadores consideran un genocidio. Las cerca de 280.000 víctimas paraguayas representaban más de la mitad de la población de ese país. La vasta mayoría eran hombres, así que Paraguay vio arrasada su población masculina. Cuentan los reportes de la época que cuando terminó la ‘Guerra Grande’ —como le dicen los paraguayos— había en ese país cuatro mujeres por cada varón (y en algunas regiones incluso 20 por cada hombre). Un desastre demográfico que, según muchos historiadores, retrasó gravemente el desarrollo de ese país”. Para la BBC, “el detonante que desencadenó todo fue la pelea entre los dos partidos tradicionales de Uruguay: el Partido Nacional (o Blanco), que gobernaba, y el Partido Colorado. (…) El gobierno de Bernardo Prudencio Berro era el único aliado regional de Paraguay, y le garantizaba una salida al mar (aunque en la práctica, antes de la guerra los paraguayos usaban principalmente el puerto de Buenos Aires para acceder al océano Atlántico). En cambio, los colorados, liderados por el general Venancio Flores, tenían el respaldo de Brasil”.
BBC Mundo reporta, además, que “según el historiador paraguayo Fabián Chamorro, lo más ‘estremecedor’ de la guerra fue que la mayoría de las víctimas paraguayas no fueron soldados (que eran unos 90.000), sino población civil, incluyendo miles de niños, ancianos y mujeres”. Tras la guerra, Paraguay perdió gran parte del territorio que reclamaba, que según Chamorro representaba más de 150.000 kilómetros cuadrados —más del 25% del territorio que consideraba como propio—. Brasil se quedó con el territorio que reclamaba en Mato Grosso y Argentina logró anexar las actuales provincias de Formosa y Misiones. (…) Además, Brasil ocupó Paraguay por seis años y exigió una indemnización de guerra. (…) “Demográficamente la catástrofe fue gigantesca”, señaló. Una de las consecuencias indirectas de la guerra, según Chamorro, fue que Paraguay “no tuvo la migración a gran escala que tuvieron las vecinas Argentina, Brasil y Uruguay”.
Los invasores argentinos, brasileños y uruguayos no contaban con la valentía del pueblo guaraní. El presidente Mitre pronunció en 1865, al comenzar el conflicto, una frase que reflejaba la creencia de los gobiernos invasores de que la contienda contra Paraguay sería sumamente breve: “En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en campaña, en 3 meses en Asunción”. Sin embargo, la guerra se extendió por más de cinco años debido a la resistencia paraguaya. En 1872, Domingo Faustino Sarmiento escribió a Bartolomé Mitre las siguientes líneas, que expresan su absoluto desprecio por Paraguay y su pueblo: “Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial… son unos perros ignorantes… Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excrescencia humana, raza perdida de cuyo contagio hay que librarse”. En 1869, el propio Sarmiento reconocía en otra carta el exterminio llevado a cabo contra el pueblo paraguayo: “La guerra del Paraguay concluye por la simple razón —horresco referens— que hemos muerto a todos los paraguayos de diez años arriba”. Inexplicablemente, y a pesar de su feroz antiartiguismo, existe un busto de este personaje frente al Liceo N.° 1 de nuestra ciudad.
Todos los uruguayos en general y los sanduceros en particular sabemos que el Sitio de Paysandú en los años 1864 y 1865 fue el preámbulo de la Guerra de la Triple Alianza. La invasión de tropas militares brasileñas a nuestra ciudad no fue una casualidad y por ello —”favor con favor se paga”—, Uruguay se vio obligado —gracias al dictador Venancio Flores— a participar en la destrucción de Paraguay, una página negra de nuestra historia, cubierta de vergüenza y traición a un pueblo hermano como el paraguayo. Es por ello que llama mucho la atención el silencio tanto del Frente Amplio como del Partido Nacional de Paysandú, así como del gobierno departamental —intendente y Junta— ante las declaraciones de Lula. ¿Cómo es posible que el Frente Amplio se mantenga ajeno a este episodio, cuando siempre tiene un comunicado preparado para defender a Cuba, Venezuela, Nicaragua o Irán contra el imperialismo de Estados Unidos? ¿A qué “tierra heroica” se refiere la Intendencia Departamental si no es capaz de hacer respetar el sacrificio de nuestros hombres, mujeres y niños en el sitio cuya defensa estuvo encabezada por Leandro Gómez? ¿Ningún edil de la Junta Departamental presentará una moción de condena a estas declaraciones de Lula?
Tal vez los responsables políticos y partidarios de nuestro departamento deberían tener presente el apoyo del exintendente Álvaro Lamas para que la entonces plaza Flores —inaugurada en 1880— pasara a denominarse plaza Varela, lo que finalmente se logró. “Para nadie, y menos para un sanducero, es explicable que una de las plazas de nuestro departamento lleve el nombre de quien, sublevado contra el gobierno constitucional, condujo las fuerzas que masacraron, incendiaron y saquearon nuestro solar y a su gente”, dijo Lamas en ese momento al referirse a Venancio Flores. Y que –debemos agregar-- se sumaron a las fuerzas de Brasil y Argentina para realizar la mayor masacre a un país que hoy es parte del Mercosur.
Emitir una declaración de esas características sería una señal clara de que a los héroes no solo hay que invocarlos u homenajearlos, sino también defenderlos cuando alguien —aunque sea Lula— los ataque. Sus declaraciones también insultan a Leandro Gómez, a sus valientes defensores y a todos los sanduceros. ¿Nos vamos a quedar cruzados de brazos ante tamaña falta de respeto?
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