Sacha Noam Baron Cohen (Londres) es un actor, comediante, guionista y productor británico de origen judío, conocido por sus personajes satíricos como Ali G, Borat Sagdiyev, Brüno y el Almirante General Aladeen.
Me acordé de este actor británico y sus increíbles personajes, reconocido por su trabajo satírico y su capacidad para desarrollar un estilo único, un formato de “falso documental”, y guionista de sus propias creaciones. Un manejo fino de la sátira y del absurdo. Esta historia tiene casi todo de un “falso documental” o una obra para el absurdo. Veamos.
El histrionismo
El 10 de agosto el The Washington Post incluye en la sección Seguridad Nacional una extensa columna cuya lectura insume 13 minutos. También se la puede ubicar en las secciones Política Exterior, Inteligencia, Justicia y Militar. Después de leer con atención y disfrutar de un texto irónico que bien puede adjudicarse la autoría a Sacha, creo que el editor del periódico no comprendió el texto que tenía entre manos para publicar. Si Sacha hubiera sido el autor, la columna hubiera sido incluida en la sección Humor o en una nueva que podría llamarse “trumpeses”. Se me viene a la cabeza una de las reflexiones, tan contundente como veraz, de Umberto Eco: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles”.
Volviendo al asunto
Ya que estamos con Eco, vayamos a su encuentro una vez más, dándole a esta reveladora historia un sentido de trascendencia intrascendente, que avergonzaría a cualquier autor desatento… perdón, lector desatento quise escribir.
Los filósofos de la lógica son aquellos que se abocan a estudiar los sistemas lógicos, sus cualidades y coherencia, así como el modo en el que permiten extraer conocimientos. En este campo, también se reflexiona sobre la naturaleza y antología de las operaciones lógicas, buscando respuestas a interrogantes del tipo acaso forman parte de la naturaleza, o son únicamente un constructor humano. Cuando completo la relectura, advierto que Aristóteles es uno de los pensadores que brillaron en estos asuntos.
Un último apunte: es interesante tener presente que la filosofía de la lógica se relaciona intensamente con los campos de la ingeniería informática.
¡Ahora sí, al asombro!
Un equipo de The Washington Post, desde varias fuentes, había accedido a la siguiente historia. Unas semanas atrás habría ocurrido una amenaza o si se quiere “habrían tomado conocimiento” de una eventual amenaza de asesinato contra el presidente Donald Trump de parte de agentes o servicios iraníes. Ello dio lugar a “una operación extraordinaria” que consistió en trasladar en secreto, desde Turquía a un avión militar alternativo mientras, como parte del mismo operativo, desde la Casa Blanca se “dejaba saber” que el presidente Trump estaba a bordo del Air Force One.
Se trataba de una misión clandestina o secreta. Todos contentos porque fue ejecutada con rotundo éxito: los periodistas y algunos empleados de la Casa Blanca no se enteraron de que ellos y el presidente viajaban en el mismo avión que el presidente. The Post verificó la especie informativa con “un funcionario estadounidense familiarizado con la operación y otra persona con conocimiento del viaje del presidente”. Para dar mayor tensión a la historia, la versión publicada advierte que “estas personas hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizadas a hablar sobre el asunto”.
Recordando al Super Agente F86
El relato del The Post seguía así; “La administración ha afirmado que Trump salió de Turquía el 8 de julio en el antiguo Air Force One. Trump anunció en redes sociales que usaría el “antiguo Air Force One” en lugar del avión que lo llevó allí, un Boeing 747-8 más reciente regalado a Estados Unidos por Catar. La seguridad del avión proporcionado por Catar ha sido cuestionada, y Trump dijo, el mes pasado tras el viaje, que sufriría mejoras adicionales”.
Lo singular de esta invención, original y creativa, no se privó de dejar mal parado al regalo de 400 millones de dólares… ¡o el avión no era “el tal avión”!
Sigue así: “En Ankara, Trump subió al viejo jumbo jet Air Force One a la vista de las cámaras de televisión. Minutos después, fue trasladado en secreto a un avión más pequeño –un C-32A de la Fuerza Aérea– a través de un camión de catering del aeropuerto que normalmente se utiliza para cargar comidas y otros suministros antes del vuelo, según el funcionario estadounidense y el material corroborativo revisado por The Post. Eso convirtió al Air Force One en un “señuelo” con los medios y algunos empleados de la Casa Blanca a bordo, dijo el funcionario”.
Los guisos y los desaguisados
Con este relato y otros detalles más, el Post consultó sobre la historia. La respuesta es de antología: Steven Cheung, director de comunicaciones de la Casa Blanca, divulgó un comunicado explicando que “el nuevo Air Force One es una aeronave de última generación … como ha dicho recientemente el presidente, hay muchos enemigos de Estados Unidos que le tienen puesto en la mira, y usamos todas las herramientas a nuestro alcance para hacer frente a esas amenazas”.
Bueno, ahora resulta que lo amenazado no era Trump, sino el avión. Luego “revelan” que “el Pentágono remitió las preguntas a la Casa Blanca. Un portavoz del Servicio Secreto remitió las preguntas a la Casa Blanca y al Pentágono”.
La impericia en el manejo de la situación fue absoluta. Cuando el 11 de setiembre de 2001 los servicios de seguridad del presidente Bush reaccionaron rápidamente, no revelaron el paradero presidencial, limitándose a decir que estaba “en un lugar no revelado” pero jamás mintieron que estuviera en un lugar al que jamás fue. Pocas horas después, una vez cumplida la operación, se informaba que estaba en Nebraska.
Ni una bien…
Para salir del avión sin ser vistos por ajenos, Trump y varios asesores subieron a un camión de catering del aeropuerto que estaba elevado al lado del avión mediante sistemas hidráulicos y situado en una puerta al lado opuesto de la entrada del Air Force One, según la versión del The Post.
Las imágenes difundidas por los medios de comunicación en el aeropuerto turco dejaban ver una escalera al lado del antiguo Air Force One y el camión de catering al otro, con su contenedor elevado al nivel del avión. ¿Qué pasó? Trump llegó en una limusina, subió las escaleras y saludó hacia la pista al subir, tal como lo muestran los videos.
No contentos con un desacierto, hicieron un segundo que aseguraba que “la aeronave es segura, protegida y equipada con las tecnologías más avanzadas necesarias para cumplir con los requisitos de la misión presidencial”.
Y tres, el vuelo invisible del avión catarí utilizó el indicativo “SAM33”, de uso corriente para identificar la “misión aérea especial”. Un informe final de la misma fuente resumía: “vuelo sin incidentes” y “sin visitantes en la cabina de prensa”.
Después de tantos entuertos, ya nadie recordaba las razones de tanta improvisación. ¡Ah, sí! Concluye así el The Post: “Trump habló con periodistas durante unos 15 minutos, destacando la amenaza que representa Irán pero sin reconocer el engaño que había ocurrido antes”.


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