El cambio climático y la percepción

El Ministerio de Ambiente ha dado a conocer un sondeo de opinión pública relacionado con la preocupación de la población uruguaya respecto al cambio climático. El título de la nota relacionada en el portal de la cartera indica que el 61% de la población uruguaya manifiesta sentirse muy o bastante preocupada. A la vez, nueve de cada diez manifiestan haber experimentado en los últimos cuatro años alguno de los eventos climáticos relevados.

De la presentación de este estudio, realizada en un evento encabezado por el ministro Edgardo Ortuño; la directora nacional de Cambio Climático, Fernanda Souza; el director de Equipos Consultores, Ignacio Zuasnabar, e integrantes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y del programa Euroclima, de la Unión Europea, implementado por medio de la Fundación para la Internacionalización de las Administraciones Públicas, trascendió un corte de video en el que Souza señala que las mujeres sufren más el cambio climático, pero el informe es bastante más amplio que esa afirmación, que se apoya en un enfoque de género sobre los efectos del cambio climático. No se trata simplemente de que a los hombres les llueva distinto que a las mujeres.

Pero antes de entrar en esa controversia —que nos llevaría a un punto de desacuerdo tan viejo como la humanidad: varones versus mujeres— enfoquémonos en el informe propiamente dicho.
El estudio fue coordinado por el Ministerio de Ambiente a través de la Dirección Nacional de Cambio Climático y realizado en el terreno por Equipos Consultores, y se trata de la segunda medición nacional sobre percepción social del cambio climático. El propósito es observar la evolución de distintas dimensiones respecto de la encuesta realizada previamente en 2021.
Para el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, se trata de un insumo clave para “el trabajo con la ciudadanía, con la gente, con la población para avanzar en conciencia y en acciones concretas en relación a este tema y para eso esta información que nos aporta la encuesta es fundamental”. Agregó que los resultados “evidencian una sociedad uruguaya con disposición importante a incorporar acciones cotidianas en relación a los temas de la agenda climática y de la agenda ambiental en Uruguay”.

A su turno, Souza expresó que hay una afectación mayor en personas de menor nivel educativo, así como también en mujeres, como planteábamos.
“Lo más central es que los uruguayos y las uruguayas tienen una preocupación por el cambio climático, sabemos además que nueve de cada 10 personas se ven impactadas por las consecuencias: afecta su salud, la disponibilidad para acceder a alimentos”, señaló, y agregó que también sufren las consecuencias de estos fenómenos por el deterioro en estructuras como las viviendas.
Entre los fenómenos experimentados durante los últimos cuatro años, el lapso en que se enfocó el estudio, se encuentran las sequías, las olas de calor y de frío y los vientos fuertes. Una amplia proporción de quienes atravesaron estos eventos los vincula con el cambio climático. Casi la mitad de las personas consultadas señala que el cambio climático afecta mucho o bastante su vida cotidiana, y aunque el cambio climático no aparece espontáneamente entre los principales problemas que la población identifica para el país, “la encuesta muestra que existe un reconocimiento extendido de sus efectos. Dos de cada tres personas consideran que la población uruguaya ya está experimentando consecuencias negativas derivadas del cambio climático”, indicó el relevamiento.
Souza destacó que estos datos van a servir como insumos en el diseño de políticas públicas para mitigar las consecuencias de estos fenómenos.

Aquí surge una pregunta: ¿cómo puede la percepción de la ciudadanía servir para el diseño de políticas públicas en relación a algo? Porque la mitigación de las consecuencias de un fenómeno no depende de la percepción que se tenga. Un terremoto afectará o no afectará, pero lo hará en función de su intensidad, no de si las personas lo perciben o no, o si son capaces de diferenciarlo de la explosión en una cantera de piedra. Hubo terremoto o no lo hubo. No depende de una encuesta. Del mismo modo, no depende de que las personas piensen que hay o no un cambio climático —que a esta altura es indiscutible que lo hay; se podrá debatir, en todo caso, si es responsabilidad de la humanidad que ello acontezca—.

El informe registra, dice la nota del Ministerio de Ambiente, niveles mayoritarios de apoyo a medidas como mejorar la gestión de residuos industriales, continuar invirtiendo en energías renovables, apoyar a los productores para reducir emisiones y promover el uso de transporte público sostenible. Lo mismo: si estamos convencidos de que el camino es ese, la adopción de las medidas necesarias no debería depender de la opinión de las personas, porque no tomarlas sería una omisión de la responsabilidad de ejercer el gobierno.

Es decir, para gobernar hay que tomar decisiones impopulares, de eso se trata, porque sería una irresponsabilidad que gobernar consistiera solamente en hacer mediciones de opinión pública y seguir el rumbo que considere la mayoría. No hay unanimidades en esto, como en tantos temas, pero hay un conjunto de decisiones en las que sí hay consenso entre los investigadores, y después hay realidades que atender, como el realojamiento de asentamientos en zonas inundables, investigar diseños de viviendas y estructuras resilientes, que resistan vientos y que permitan una mejor gestión de la energía.
Y si bien hablamos y defendemos la inversión en investigación, cabe preguntarse en qué medida esta debe ser sobre la percepción de la opinión pública.

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