Desde su fundación, en el año 1910, nuestro diario ha sido una voz constante, valiente, clara y coherente en defensa de los males que el centralismo montevideano genera a todos los departamentos del Interior, incluyendo Paysandú. Hemos gastado “ríos de tinta” (y estamos orgullosos de haberlo hecho) para denunciar inequidades, despilfarros, olvidos contumaces y tantas otras situaciones que nacen de las políticas públicas que un grupo de autoproclamados iluminados busca imponer a quienes vivimos fuera de Montevideo y que seguramente por ello piensan que “no entendemos nada de nada” o que somos “unos canarios cazados a boleadora”.
La realidad (esa señora tan obstinada y persistente) no se equivoca, y por ello todas las soluciones (generalmente “mágicas”) que se originan en Montevideo están condenadas ora a su fracaso, ora a su reformulación a las apuradas, lo que se traduce en demoras innecesarias y costos más elevados para el sacrificado contribuyente uruguayo. No consultar, no escuchar, no preguntar y sobre todo no tener en cuenta a quienes se encuentran trabajando en el territorio y conocen de primera mano las particularidades de las comunidades y sus dinámicas solo puede asegurar una cosa: un estrepitoso fracaso de políticas nacionales que son nada más que luces de colores y cartón pintado. Eso sí: con varias fotos que permitan proclamar desde las redes que se hizo “algo” por el Interior, aunque en realidad se trata de “tapar el sol con un dedo” para generar prensa y relato.
Sin embargo, el centralismo no es exclusivo de Montevideo y también ocurre con las capitales departamentales hacia el interior “profundo”. Y nuestro departamento no es la excepción.
En una suerte de “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”, los sanduceros que viven en el interior departamental son doblemente olvidados: primero los olvida Montevideo y posteriormente los olvida nuestra capital departamental, Paysandú. Quizás el ejemplo más obvio es la caminería rural, que transforma caminos que deberían ser transitables en verdaderos pantanos donde todo tipo de vehículos termina sin poder transitar, o lo hace con demoras o peligros inherentes al estado de esta. Aunque ciertamente no es lo único en lo cual la gente de nuestro interior sale perdiendo; también sucede con la salud, cuando, si tienen suerte, cuentan con alguna policlínica en algún pueblo relativamente cercano, en la cual cada tantos días pasa la gira de médicos para atender a la comunidad, o con los trámites que tienen que hacerse sí o sí en la capital. Incluso los partos se “programaban” para asistirlos en el hospital sanducero.
Otro caso de claro centralismo es el de los puentes sobre el río Queguay, que cuando se inundan dividen el departamento en dos e interrumpen no solo la salida de productos propios de la actividad agrícola ganadera, sino también la asistencia a diversos compromisos, fiestas familiares o consultas médicas, salidas de compras o por estudios, entre otras actividades cuya urgencia queda de lado por las demoras causadas por dichos puentes. Por ejemplo, el famoso Puente de Tablas, que tiene más de 100 años y que se está reparando a pedazos, es una pieza de museo que debería estar en exhibición y no en operaciones. Para entender la antigüedad de este punto, podemos mencionar que, cuando se inauguró, el presidente de la República en ejercicio era José Batlle y Ordóñez, no había empezado la Primera Guerra Mundial y tampoco se había sancionado la ley de las ocho horas. Es imposible pensar que ese Puente de Tablas sirve para las exigencias de transporte y movilidad del año 2026.
En efecto, el pasado 20 de agosto, bajo el título “Histórico Puente de Tablas sobre el río Queguay quedó cubierto por el agua y presentaría riesgo estructural”, EL TELEGRAFO informaba lo siguiente: “El histórico Puente de Tablas sobre el río Queguay, que conecta las localidades de Piñera y Cuchilla del Fuego, se encuentra actualmente completamente cubierto por el agua debido a la crecida del curso, generando preocupación por su estado estructural y un posible riesgo de derrumbe. (…) Cabe recordar que en setiembre de 2023 el puente ya había sufrido el desprendimiento de losas, lo que motivó su cierre al tránsito durante al menos tres semanas”.
En los días posteriores a esa publicación, el edil del Partido Colorado David Helguera advirtió en la Junta Departamental que la clausura del puente dejó incomunicada a una amplia zona rural, incluida Cuchilla del Fuego y una escuela con internado. Helguera “atribuyó la situación a años de falta de mantenimiento y pidió que los distintos niveles de gobierno encuentren una solución definitiva”. En entrevista brindada a CW 35 Radio Paysandú, Helguera afirmó: “Se ha discutido largamente si es materia nacional o materia departamental. Es materia de gobierno. Eso está claro”. Helguera sostuvo que lo prioritario ahora es encontrar una solución conjunta que permita restablecer la conectividad de quienes viven del otro lado del río Queguay. Según explicó, la clausura del puente afecta particularmente al camino que comunica Guichón con Piñera, Beisso y Cuchilla del Fuego. En ese sector, el puente constituye un paso fundamental y su cierre dejó prácticamente aislada a la población de Cuchilla del Fuego. El edil destacó además que en la zona funciona una escuela rural con internado, lo que aumenta la importancia de contar con una solución rápida para garantizar el traslado de alumnos, docentes, familias y servicios. “Hoy está incomunicado del otro lado del río Queguay, en ese lugar, en el puente de tablas, el poblado pequeño que se llama Cuchilla del Fuego y una escuela rural con internado”, explicó. Helguera cuestionó que, hasta el momento, la principal medida haya sido clausurar el puente mientras continúa la discusión acerca de qué organismo debe hacerse cargo de la reparación. A su entender, el problema no puede reducirse a una cuestión de competencias administrativas, y sostuvo que el deterioro actual es consecuencia de una falta de atención acumulada durante muchos años. “Está claro que es responsabilidad de la desidia de muchos años”, afirmó Helguera.
Pero el “Puente de Tablas” no es el único que se corta y divide en dos al departamento y a las comunidades. También sucede con el “nuevo” de ruta 4 en Andrés Pérez, y con el de Paso del Sauce. Se puede decir que el único que se “salva” es el de ruta 3… precisamente muy cerca de la capital departamental y en la principal ruta que conecta con Montevideo.
Se habla de que un puente nuevo costaría a razón de 25.000 dólares el metro lineal, lo que sumaría unos 4 millones de dólares, cifra que, si bien es muy importante, no resulta imposible cuando uno ve lo que se está gastando en la obra pública en la capital sanducera (proyecto OMA por más de U$S 1 millón, plaza Constitución, avenida España, costanera Senderos del Río, la residencia estudiantil, etcétera). Algunas obras son impostergables —realojos de inundados, soluciones de pluviales—, otras muy necesarias, otras importantes y otras… muy lindas.
Y no está mal, pero quizás se podrían reducir algunas expectativas o ahorrar donde se pueda, y no seguir postergando obras que también son imprescindibles en el interior profundo. Y en eso cabe cuestionarse: la residencia estudiantil costó más de 6 millones de dólares; ¿no habría alternativas adecuadas más económicas? Quizás remodelando el ex Sanatorio Pasteur, el cual está localizado cerca del centro de estudios, vías de acceso y de la terminal de ómnibus.
Ante este panorama, es bueno reflexionar sobre el centralismo “made in Paysandú” que también posterga necesidades, urgencias y esperanzas de quienes viven en el interior del departamento.


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