Escribe: Lic. Ps. Yasmin Buono: Necesitamos educar en la relación entre violencia, instituciones y gestión emocional

El ataque ocurrido días atrás por un joven de 19 años a una compañera de clase en el anexo de la Facultad de Medicina de la UdelaR, ha motivado varias reacciones y reflexiones en la sociedad por lo sorpresivo y brutal del hecho.

Deseo compartir con ustedes varias preguntas que sean un disparador para reflexionar juntos.
¿Qué estamos enseñando y qué hemos aprendido sobre el amor, la frustración, el respeto, el rechazo y los límites?

¿Qué hacemos y pensamos cuando alguien sea hombre o mujer, no acepta que no, es no?
¿Qué ocurre cuando la violencia también se convierte en una noticia sobre salud mental?
Según el informe de varios medios de prensa, la justicia investiga el episodio bajo la hipótesis de tentativa de femicidio. El joven fue derivado a una clínica psiquiátrica, los medios de comunicación y el padre han señalado que padece esquizofrenia.

Varias personas hablan de salud mental en redes como si fueran profesionales, debemos tener cuidado en la banalización de los comentarios y el estigma producido para no seguir discriminando.
Un diagnóstico no explica por sí solo un acto de violencia.

La violencia de género no es un hecho aislado

Según las fuentes consultadas del Ministerio del Interior en el Informe Preliminar de Estadísticas Criminales, se registraron 18 homicidios de mujeres por violencia basada en género durante 2025.
En los primeros diez meses de ese año existieron 117 denuncias diarias por violencia doméstica y delitos asociados: una cada 12 minutos en nuestro país. En ese período, cada 11 días una mujer sufrió una tentativa por violencia basada en género o fue asesinada.
Los datos y un nuevo hecho nos obligan a mirar la problemática donde todavía cuesta aceptar que una persona tiene voluntad propia y que el no, es no.

Nadie pertenece a nadie

Esta es una de las enseñanzas que junto con otras tantas, sería bueno concientizar para implementar o seguir implementando en la familia, los centros educativos, deportivos y sociales desde muy temprana edad.
Alguien está en todo su derecho de elegir no querer estar en un vínculo, una conversación o cualquier relación. Educar emocionalmente en las infancias y adolescencias implica primero: reconocer y poner en palabras lo que sentimos, aprender a tolerar la frustración, pedir ayuda cuando se necesita y resolver los conflictos con argumentos y sin violencia. Atención: la escuela no puede hacerlo sola, necesita el apoyo de la familia, y de todos los educadores y viceversa.

Los valores se aprenden en lo cotidiano: cómo hablamos de las mujeres, de los hombres, cómo resolvemos una discusión, cómo ponemos límites y cómo reflexionamos sobre los problemas y sus consecuencias. Este último aspecto reflexivo, me parece fundamental, para que las noticias no sigan como agua en la corriente hasta que un nuevo hecho nos despierte y llame la atención nuevamente.
Una sociedad educada en la convivencia ya sea en el ámbito individual o colectivo es la que enseña a detectar y respetar cuando el otro quiere algo diferente o está siendo atacado. Nadie pertenece a nadie y los derechos son de todos.

(097352937)

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