La ruta 3, esa eterna olvidada

El pasado miércoles 9 de setiembre, tuvo lugar en el Espacio Cultural Gobbi de nuestra ciudad, la presentación de las obras que se proyectan realizar en un vasto tramo de la ruta 3, que abarcarán desde el kilómetro 243 –Arroyo Grande–, hasta el acceso a la represa de Salto Grande situado en el kilómetro 495. Dicha instancia de comunicación con la comunidad fue organizada por el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, contando entre los disertantes con una delegación compuesta por varios jerarcas de la Dirección Nacional de Vialidad, quienes brindaron al público los detalles y alcances de la inversión que será financiada por el BID.

Hasta ahí, excelentes noticias para los habitantes de los departamentos ubicados al norte del río Negro, en especial para aquellos que asiduamente suelen utilizar esa ruta nacional para trasladarse, en su gran mayoría hacia la capital del país y que ven cómo el tráfico de camiones, ómnibus, y autos en general se ha ido incrementando considerablemente en los últimos años.

Era de suponer entonces que la presentación –hecha con bombos y platillos– a la que se hace mención en estas líneas, incluiría obras tan importantes como necesarias, como por ejemplo la ampliación de la faja pavimentada en lugares puntuales, terceras vías para sobrepaso de vehículos pesados, construcción de tramos de doble vía próximo a los accesos a las capitales departamentales o ciudades importantes, adecuación de la traza en cercanías a puntos neurálgicos (como ser la entrada a la Agronomía al sur de nuestra ciudad).

En la presentación se mencionó por parte de los técnicos que algunas de estas obras se están considerando aunque no están confirmadas. Así lo manifestaron expresamente al ser consultados al respecto por Gabriela Gómez, secretaria general de la Intendencia de Paysandú, quien se encontraba entre el público presente.

Por el contrario se comunicó que las intervenciones serán realizadas sobre el pavimento existente e incluirán bacheo, recapado, reciclado y reconstrucción de banquinas, así como adecuación de rotondas e isletas.

Es decir, un simple mantenimiento y alguna que otra obra menor, relegando y ninguneando nuevamente a quienes nos trasladamos por esta importante ruta nacional. Tendremos que seguir viendo cómo en el este y en el sur del país las carreteras se han transformado en autopistas de doble mano producto de la imperiosa necesidad de los montevideanos por llegar a la playa, de manera rápida, segura y descansada.

Tiempo para hacer las correcciones al proyecto original hay, buena voluntad y compromiso… se verá.

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