Hoy se me ha ocurrido meterme en otro berenjenal bastante espinoso: el de la salud mental. No soy psicóloga, aunque me hubiera gustado serlo; solo soy una ciudadana preocupada por el deterioro de la salud mental individual y colectiva de nuestra población, en estos tiempos tan complicados.
Actualmente hay mucha gente interesada en resolver los problemas de la salud mental (SM), pero pocas probabilidades de resolverlos.
Empecemos por el principio: ¿Qué significa salud mental? Según mi entender, tener salud mental significa, ante todo, conocerse a sí mismo y aceptarse, es decir, tener una autoestima equilibrada, no creerse ni superior ni inferior a nadie, tener armonía entre razón y emoción, amarse a sí mismo para poder servir a los otros, como dice el mandamiento, que, aunque no seamos creyentes, es un mandamiento que nos alcanza a todos.
Es saber quiénes somos, conocer tus virtudes y defectos, saber perdonarse a sí mismo para poder perdonar, no juzgar precipitadamente a nadie, ni tomarse todo a la tremenda, saber enfrentar con calma los desafíos que la vida nos presenta. Tener paz interior, cosa que está faltando mucho en estos tiempos de tanta velocidad y agresividad. Dice el refrán que “de poeta y loco, todos tenemos un poco”; creo que tenemos mucho más de locos que de poetas.
Algunas personas que sufren depresión no se tratan porque no quieren ser tildados de “locos”, son estigmatizados. Pero no, no están locos, tienen un trastorno de SM. Y las circunstancias que vivimos en estos tiempos no favorecen la SM. Un clima de agresividad, de discriminación, de recesión económica, de guerras psicológicas y de las otras, que repercute en toda la población.
Usando palabras “técnicas”, la SM se refiere al bienestar emocional, la capacidad de manejar el estrés, las relaciones interpersonales saludables y una mente equilibrada. La salud mental es esencial para la toma de decisiones y la calidad de vida. Incluye la gestión efectiva de conocimientos, el afrontar los desafíos y el mantenimiento de relaciones positivas. Es un derecho de los humanos, que se va construyendo a lo largo de la vida, o se va destruyendo a veces, según las personas, por la enfermedad, la genética u otros factores de riesgo, como la drogadicción, la extrema pobreza, la inseguridad alimentaria, la falta de trabajo, el uso excesivo de pantallas, los malos tratos, la soledad de la vejez, las experiencias vividas, la falta de relaciones sociales positivas, el uso excesivo de medicamentos, el estilo de vida, el uso excesivo de redes sociales y, por sobre todo, la falta de espiritualidad.
Es muy importante creer en un ser superior, es muy importante tener fe en sí mismos. Muchos jóvenes se suicidan porque están depresivos, porque han perdido la fe, por la falta de trabajo o del amor de su familia, o porque son discriminados por alguna razón, no tienen apoyo de nadie y tampoco lo buscan; por eso acaban autoeliminándose, porque no le encuentran sentido a la vida.
Muchos, especialmente hombres, no acceden al servicio hospitalario por tener un concepto equivocado de masculinidad: los hombres no lloran, no se quejan, entonces se dejan estar y la angustia se va acumulando en su interior, y acaba en una profunda depresión. No piden ayuda a nadie.
También es importante destacar que faltan recursos, falta infraestructura, faltan psicólogos y psiquiatras; en algunos lugares falta la atención primaria de un médico de familia.
Las noticias negativas en las redes sociales impactan en la salud mental, causan ansiedad y estrés. Cuando se exponen hechos terribles, reales o de ficción, el cerebro responde como si hubiera un peligro real.
Las informaciones contradictorias causan confusión, angustia y estrés; la SM se deteriora. Hay que tener la cabeza muy bien puesta para recibirlas sin daño mental.
En la escuela la SM tiene una importancia fundamental; es un factor a considerar para mejorar los logros y metas en el aprendizaje.
Opina un psicólogo en la web: “La SM de los niños y de los adolescentes es uno de los grandes retos que deben enfrentar las instituciones educativas hoy en día, a la vez que deben proveer un ambiente seguro para el desarrollo de las habilidades cognitivas, emocionales y sociales, necesarias para sentar las bases de la SM”.
Los profesionales del Plan de SM trataron el tema angustia y depresión, especialmente referido a la vejez y la masculinidad. Con respecto a la vejez, opinan que hay vejeces, porque hay distintas maneras de habitar la vejez, dependiendo de cada uno.
No todos los viejos sufren depresión; los hay alegres, vivaces, solidarios. Muchos sufren depresión porque ven que van perdiendo fuerza y autonomía, por falta de ayuda, no tienen con quién compartir su soledad, pierden el apetito, dejan de comunicarse, les falta voluntad y pierden las ganas de vivir.
En esos casos, tienen que buscar apoyo en un grupo, meterse en proyectos, trabajar en redes. Tienen que buscar ayuda en la familia, con amigos, psicólogos, profesores de educación física. Hay que ayudarles a tomar consciencia de que todos son valiosos. Todos somos agentes de cambio, todos somos responsables.
Respecto a la masculinidad, nos decía el psicólogo Rodríguez: hasta hace algunos años, se pensaba que masculinidad significaba no ser bebé, no ser niño, no ser mujer ni ser homosexual. Se lo relacionaba con la violencia: el hombre violenta, el hombre mata, pelea, no expresa sus sentimientos. Actualmente se piensa que hay distintos tipos de masculinidad y que debemos respetar la diversidad sexual. Hay muchas personas gays que sufren discriminación por serlo.
Las personas que están expuestas a circunstancias adversas son las que corren el mayor riesgo de tener una afección de SM.
Por todo lo dicho, es necesario que nuestra sociedad tome consciencia de que todos —hospital, escuelas, familias, barrios, espacios laborales, culturales y recreativos— deben involucrarse en el tema.
Es necesario combinar medidas sociales: vivienda, empleo, redes sociales, grupos de apoyo, para atacar determinantes estructurales. Es necesario trabajar en conjunto para construir redes de apoyo, para prevenir y curar. Es necesario que hagamos algo ya; no se puede seguir esperando.
La tía Nilda



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