Si de algo puede presumir la actual Intendencia de Paysandú, especialmente cuando hablamos de calles y caminos vecinales, es de una curiosa especialidad: los anuncios viajan a velocidad de Fórmula 1, pero las obras parecen hacerlo en carreta.
Hace tres meses se anunciaron 400 cuadras de pavimento. Tres meses después, los sanduceros seguimos preguntándonos: ¿cuántas van? Porque, hasta donde sabemos, la primera fue Setembrino Pereda, entre Florida y 18 de Julio. Y allí se necesitó una semana para colocar una fina carpeta asfáltica.
Una semana para una cuadra.
¡A este ritmo, las 400 cuadras no las terminamos ni con la próxima administración!
Pero después apareció otro gran anuncio: “Bache Cero”. Fue presentado hace poco más de un mes. Y uno recorre Paysandú y empieza a sospechar que hubo un pequeño error de imprenta: quizás no quisieron decir Bache Cero, sino “Más Baches”.
Porque los baches siguen ahí, firmes, resistentes, democráticos. No discriminan barrios ni categorías sociales. Algunos ya tienen tanta antigüedad que deberían recibir una placa recordatoria.
Y en materia de caminería rural, la cosa se pone todavía más interesante. El director de Vialidad primero informó que, junto con los municipios, se habían trabajado 1.000 kilómetros de caminos. Poco después, la cifra pasó a 1.050 kilómetros. ¡Magnífico!
Cincuenta kilómetros aparecieron casi de la nada. Un milagro vial.
El problema es que uno habla con los vecinos del interior departamental y escucha otra historia: caminos en pésimo estado, dificultades para circular y productores y familias que siguen esperando soluciones.
Entonces aparece la pregunta inevitable: ¿A quién le creemos?
¿A los números de los comunicados oficiales o a los vecinos que tienen que transitar esos caminos todos los días? Porque una cosa es decir que se trabajaron mil o mil cincuenta kilómetros y otra muy distinta es explicar dónde están, cuáles son, cuándo se hicieron y en qué condiciones quedaron.
Tal vez llegó el momento de menos anuncios y más información.
Una planilla pública. Calle por calle. Camino por camino. Metros pavimentados. Kilómetros recuperados. Fechas. Costos. Estado de ejecución.
Así nadie tendría que hacer periodismo de investigación para descubrir si una obra existe.
Porque gobernar no es anunciar. Gobernar es hacer.
Y comunicar no es tirar una cifra cada tanto para que parezca que todo marcha maravillosamente. Es demostrarlo.
Mientras tanto, los sanduceros seguimos mirando las calles, contando los baches y escuchando los anuncios.
Y cada vez resulta más difícil saber qué crece más rápido en Paysandú: si las obras… o las cifras de las obras.
Por eso, modestamente, hacemos una pregunta que cualquier vecino tiene derecho a hacer: ¿A quién le creemos?
Porque los comunicados pueden aguantar cualquier número. Los caminos, en cambio, no pueden aguantar cualquier estado.
David Doti


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