Desafíos de población afrodescendiente en Uruguay: no está integrada ni tiene igualdad de oportunidades

La Sala Ferrari del Cenur Litoral Norte desarrolló una jornada de intercambio sobre las condiciones de vida de las personas afrodescendientes en Uruguay, con especial atención en la niñez, la educación, el sistema penitenciario, la movilidad humana y los mecanismos de exclusión racial. La actividad la organizó el Espacio MEC Paysandú y contó con el apoyo del centro universitario y de la Intendencia, cuya secretaria general, Gabriela Gómez, estuvo presente.

El encuentro planteó la necesidad de revisar una idea extendida en la sociedad uruguaya: que la población afrodescendiente está plenamente integrada y cuenta con las mismas oportunidades que el resto. Sin embargo, las desigualdades persisten en distintos ámbitos de la vida social, desde las primeras etapas de la infancia hasta el acceso y la permanencia en el sistema educativo, además de su expresión en los indicadores de pobreza y en la población privada de libertad.

La propuesta tuvo, además, una perspectiva de continuidad. Luisa Garrasino, coordinadora departamental de Espacios MEC, dijo a EL TELEGRAFO que el evento constituyó un primer paso para profundizar el trabajo durante el próximo año, mediante talleres específicos dirigidos a ámbitos en los que las desigualdades adquieren particular relevancia.

“Esto representó un poco el puntapié inicial para que el año que viene podamos enfocarnos en algunos talleres específicos, tanto para trabajar en las cárceles como en el área educativa”, señaló. La intención es pasar del intercambio de experiencias y la reflexión colectiva a instancias de trabajo más concretas, con atención a las situaciones que atraviesa la población afrodescendiente.

La desigualdad desde la infancia

Uno de los puntos abordados resultó ser el papel de la familia y de las instituciones educativas en la construcción de oportunidades. La referente Virginia Rodríguez, vinculada a Afrofloreciendo, trabaja sobre las primeras infancias, una etapa en la que las condiciones del entorno pueden incidir en las trayectorias posteriores.

“La base es la casa, pero después están la escuela, los sectores educativos, los liceos, y sabemos todo lo que a veces pasa en esos mundos”, afirmó Garrasino al referirse a los espacios en los que se vuelve necesario prestar atención a las experiencias de niños, niñas y adolescentes afrodescendientes.

La educación aparece así como uno de los ámbitos centrales para abordar las desigualdades, tanto por las posibilidades que ofrece como por las dificultades que pueden afectar la continuidad de las trayectorias educativas. La propuesta apunta a trabajar sobre esas situaciones y a generar instancias que permitan reconocer las barreras que persisten en las instituciones.

A su vez, Garrasino cuestionó también la percepción de que la integración social de la población afrodescendiente en Uruguay está resuelta. “Uno acá piensa que están integrados, que existe esa visión”, planteó, y advirtió que esa impresión no se corresponde necesariamente con la realidad. “Pero en realidad no, y si uno se analiza un poquito se da cuenta”.

Pobreza y población carcelaria

La situación socioeconómica y la realidad del sistema penitenciario formaron parte de los ejes de discusión, en un abordaje que busca poner en relación distintas expresiones de la desigualdad racial. Garrasino dijo que los indicadores de pobreza incluyen información específica sobre la población afrodescendiente y sostuvo que las desventajas también se manifiestan en la composición de la población privada de libertad.

“En el índice de pobreza hay un margen que refiere a la población afrodescendiente. La población carcelaria es más”, indicó, al referirse a las diferencias que afectan a este colectivo. Consultada sobre el carácter histórico de esa situación, coincidió en que se trata de una problemática que no puede entenderse como un fenómeno aislado.

Cuatro ejes para profundizar el debate

La actividad incluyó cuatro panelistas, con intervenciones centradas en distintas dimensiones de la problemática. Gonzalo Borba abordó la temática vinculada al sistema penitenciario y al trabajo previsto en cárceles; Virginia Rodríguez se ocupó de la niñez, la educación y la permanencia en el sistema educativo; la activista Ana Lian trató la movilidad humana, y Ramón Orlando Rivero se refirió a los mecanismos acumulativos de exclusión racial.

Para Garrasino, el desafío consiste en que la reflexión no quede limitada a una actividad puntual, sino que permita avanzar hacia un trabajo sostenido en ámbitos como la educación y el sistema penitenciario. La planificación de talleres para el próximo año forma parte de ese propósito, con la intención de profundizar el abordaje de las barreras que afectan a las personas afrodescendientes y contribuir a que esas situaciones sean reconocidas y discutidas por el conjunto de la sociedad.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*