
Dedico la nota de hoy a escribir sobre un tema que viene siendo de gran preocupación entre colegas y también entre otras profesiones y la población en general. Las estafas virtuales ya no son un problema que esté asociado a quienes tienen poca experiencia con la tecnología; los delincuentes cada vez más perfeccionan sus métodos y apuntan a algo que es mucho más difícil de proteger, como lo es el comportamiento humano
La llamada ingeniería social consiste en manipular a una persona para que entregue información, permita el acceso a una cuenta o realice una transferencia. Esto puede ocurrir de múltiples maneras: llamadas telefónicas, redes sociales, WhatsApp o correos electrónicos.
En los informativos o diversos organismos advierten que los delincuentes se pueden hacer pasar por familiares, compañeros de trabajo, empresas, organismos públicos o personas de confianza.
Cuando la estafa llega al psicólogo
Los profesionales de la salud mental tampoco estamos fuera de este fenómeno. Este tipo de estafas lamentablemente se observa. Un psicólogo puede recibir el mensaje de un supuesto paciente que necesita modificar un turno, de un colega que solicita ayuda urgente, de una institución que ofrece una capacitación o de alguien que afirma haber realizado una transferencia equivocada.
Un ejemplo: un supuesto paciente envía un comprobante y asegura haber transferido de más. Solicita que se le devuelva inmediatamente la diferencia. El comprobante parece auténtico, pero el dinero nunca ingresó.
También existen mensajes que ofrecen cursos, congresos, trabajos o inversiones y conducen a páginas falsas para obtener contraseñas y datos personales. El phishing es justamente una modalidad de suplantación de identidad utilizada para obtener información confidencial.
La emoción como herramienta
Es importante tener en cuenta que el objetivo no es solamente engañar, sino además provocar una reacción. La urgencia, el miedo, la confianza, o el deseo de ayudar pueden disminuir el tiempo que una persona dedica a verificar una situación. ¡Cuidado! Por eso, una de las principales señales de alerta es la presión para actuar inmediatamente.
“Transferime ahora”, “necesito que me ayudes urgente” o “devolveme el dinero porque me equivoqué” son frases que deberían activar una pausa, no una respuesta automática.
El propio Estado recomienda no responder mensajes que soliciten datos personales, no ingresar a enlaces recibidos y verificar las transferencias directamente desde la aplicación bancaria.
El costo psicológico de la víctima
Muchas víctimas experimentan vergüenza, culpa, preocupación, enojo, ansiedad, miedo por la seguridad de los datos y una profunda sensación de vulnerabilidad.
Aparece con frecuencia una pregunta: “¿Cómo pude no darme cuenta?” Esa pregunta puede ser especialmente perjudicial porque desplaza la responsabilidad desde quien cometió el delito hacia quien lo sufrió.
Pasos a tener en cuenta
Las recomendaciones son:
-Frenar, no responder inmediatamente.
-No confiar en comprobantes: una captura de pantalla no demuestra que el dinero haya ingresado; comprobarlo en la cuenta.
-No compartir contraseñas: los tokens y códigos de verificación no deben entregarse a terceros.
-Guardar las pruebas y denunciar. Si ocurre una estafa, no hay que borrar mensajes, comprobantes, números ni conversaciones. Esa información puede resultar relevante para la investigación.
Estemos atentos e informados. (097352937)



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