En la Biblioteca Pública José Pedro Varela, el escritor sanducero Juan Acosta presentó su libro “Atahualpa”, ganador del Premio Nacional de Literatura.
Con un marco de público que desbordó la sala, en una charla muy amena con el autor, se fueron intercalando las preguntas y comentarios de Alejandra Zardo y Matías Acosta, quienes aportaron disparadores para que Acosta contara detalles del proceso de creación de la obra.
Según sus palabras, siempre escribió historias breves, aunque a veces de forma esporádica, cuando “tenía tiempo”. La novela (que estuvo tiempo guardada en un cajón), cuenta la historia de un personaje que oficia de hilo conductor, con una vida rutinaria a la que llegó casualmente. Es un camionero que al quedarse sin trabajo, comienza a manejar una camioneta de transporte de escolares. “Se me ocurrió darle la estructura que tendría un diario personal, narrado por el protagonista”.
El trayecto que recorre es el mismo de lunes a viernes dos veces al día, esto podría ser aburrido, sino fuera porque el autor, en un lenguaje llano, logra describir el paisaje urbano e incluye un universo complejo y amplio que surge a partir de lo que los pasajeros (niños), cuentan.
“Los niños en general no tienen filtro, lo que sucede en la casa para ellos es público”, y lo cuentan con absoluta naturalidad a cualquiera y en cualquier lugar; “de alguna manera delatan los conflictos internos de sus hogares y familias”. Esta mecánica permite incursionar en diferentes modelos de familia y mostrar diversas realidades, así como tratar temas tales como xenofobia, violencia intrafamiliar, relaciones humanas, etcétera. Su idea era lograr que cada hogar tuviera alguna particularidad, que fuera único, “porque así es la realidad misma”.
“Atahualpa” fue mostrada a algunos amigos que lo animaron a enviarla al concurso organizado por el Ministerio de Educación y Cultura, y según Acosta, como era un proceso sencillo que se hacía por internet, la envió a principios del año pasado, y en diciembre del mismo año le avisaron que había ganado el Premio Nacional de Literatura, algo que no se esperaba.
La presentación del libro en sociedad en nuestra ciudad se realiza algunas semanas antes de hacerlo en la capital del país. En cuanto a la portada de la novela en sí, es muy reveladora y lleva al contenido; es la imagen de alguien (que no se ve) sentado dentro de un vehículo, y lo que ve es el espejo retrovisor, con un clásico pinito perfumador, oficiando de invitación a comenzar el viaje por diferentes capítulos, algunos jocosos y otros emotivos.

