El Núcleo Interdisciplinario Aguas Urbanas de la Universidad de la República presentó los resultados del monitoreo realizado en el arroyo La Curtiembre, en el marco del Proyecto de Evaluación de Cañadas Urbanas. El arroyo de nuestra ciudad es uno de los considerados en este trabajo y muchos de los parámetros evaluados se presentaron en una comparación entre todos los cursos en los que se lleva adelante la investigación, en total en 15 puntos de muestreo —en los departamentos de Paysandú, Salto, Artigas (Bella Unión), Maldonado y Montevideo—, con resultados en su mayoría intermedio, aunque con algún dato en particular que aparece entre los de mayor preocupación, como la presencia de hidrógeno.
La presentación pública de los resultados se realizó en forma virtual y su objetivo fue “proporcionar datos sobre la salud ambiental de La Curtiembre, que puedan servir como insumo a la población local para complejizar la mirada sobre las problemáticas visualizadas en el arroyo y su gestión, así como proporcionar algunas herramientas de análisis accesibles para el público en general”.
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Al final de su exposición, los investigadores presentaron, a modo de síntesis, una serie de puntos a considerar respecto al arroyo. Como comentario general señalaron que “Los procesos de expansión y densificación de la ciudad no han tenido en cuenta y aún no reconocen los potenciales ambientales y paisajísticos del arroyo y sus bordes”. En función de esto identificaron una serie de problemas o presiones. El primero de ellos es que las nuevas ocupaciones (fraccionamiento y edificación) le siguen dando la espalda al arroyo. Asimismo señalaron la existencia de contaminación “por vertido de efluentes y por residuos sólidos”. Además plantearon como un problema las “intervenciones con maquinaria sobre el cauce, las márgenes y la vegetación ribereña”. En concreto señalan aquí a las labores de “limpieza” que suelen realizarse con maquinaria por parte de la Intendencia, que incluye la remoción de la vegetación lindera, lo que termina generando procesos de erosión en las orillas y de sedimentación en el cauce. Otra consecuencia de esto es que el espacio termina siendo colonizado por especies exóticas invasivas, generándose una transformación.
Mencionan además que se llevan a cabo “usos en el arroyo y en las márgenes que no son compatibles con el mantenimiento de las funciones ecosistémicas”, lo que “se ve reflejado en la calidad del agua y las comunidades acuáticas (sólo persisten aquellas especies más tolerantes a la contaminación; algunos parámetros de calidad de agua se encuentran por fuera de los rangos aceptables)”.
REFLEXIONES
El equipo planteó, a partir de estas constataciones una serie de reflexiones sobre cómo se debería afrontar a futuro el vínculo con el arroyo. “Mejorar la calidad ambiental de estos ecosistemas requiere un cambio de paradigma en la gestión que no solo busquen atenuar síntomas, sino atender las causas de fondo”, sostienen. Esto implica “repensar qué vínculo con el arroyo queremos construir”. Plantean que “buena parte de la extensión del arroyo cuenta con espacios libres que pueden ser intervenidos a través de la revalorización urbana”, esto podría dar lugar a nuevos espacios públicos “para revertir los procesos de degradación ambiental y paisajística”, a la vez que agregan que parte de estos sectores “representan ecosistemas de vital relevancia”.
DATOS
El monitoreo se realiza en dos puntos específicos del cauce: uno a la altura de Wilson Ferreira Aldunate (LC1) y el otro en el paso por debajo de Antonio Estefanell (LC2). Recientemente se incorporó un nuevo punto de monitoreo más cercano a la desembocadura en el río. En todas las cañadas y arroyos en los que se trabaja se registra cantidad de agua y la calidad de agua en función de parámetros físico químicos, hay un monitoreo de comunidad biológicas y se realiza detección de microplásticos y de metales pesados. El análisis físico químico es el que se realiza con mayor frecuencia, los otros se realizan puntualmente. En algunos de los parámetros puede existir una variabilidad muy alta, hay parámetros que incluso pueden variar a lo largo del día, o verse afectadas por realizarse antes, después o durante episodios de lluvia, explicó Franco Texeira, uno de los integrantes del equipo.
NUTRIENTES
Entre los datos que arrojó el monitoreo, el PH se mostró dentro de los rangos aceptables, aunque se escapa en el LC1, con valores mayores. En oxígeno lo estipulado es que al menos haya 5 mg por litro. El punto LC4, cercano a la desembocadura “está muy en el límite”, indicó Texeira. En cuanto al fósforo, el registro “está muy por encima, pero es frecuente que los cursos de agua tengan valores mayores a los permitidos, digamos. Son elevadísimos”. También son elevados los datos de nitrógeno. “Son valores muy altos y favorecen aquellos procesos de eutrofización, de la presencia de cianobacterias. Adonde desemboquen estos cursos de agua están aportando una cantidad de nutrientes. Cuánto aportan, va a depender del caudal”, de allí la importancia de esa medición. De hecho, uno de los puntos de monitoreo de La Curtiembre es uno de los de mayor registro de nitrógeno entre los 15 puntos de medición, indicó.
METALES
En cuanto a la medición de metales pesados: níquel, plomo y zinc, los muestreos confirmaron su presencia, aunque por debajo del rango de preocupación. En este sentido, al no haber una normativa específica en nuestro país, se empleó para comparar una escala de Canadá que establece mínimos y máximos. Solamente en el caso del zinc los números se acercan a los niveles mínimos del rango. Tanto plomo como níquel están por debajo de lo estipulado en la normativa, indicó Sofía Da Rocha, que lleva adelante una tesis de maestría enfocada en este tema.


