Responsabilidad comunitaria y enfermedades infecciosas

En el ámbito de las enfermedades infectocontagiosas la conducta que adopta cada persona es determinante para su salud, pero también para la salud comunitaria. Lo pusimos en práctica durante la reciente Pandemia de COVID-19, con un compromiso muy fuerte de parte de la gran mayoría de nuestra sociedad. Todos pudimos ver la evidencia científica indiscutible de que las normas de higiene y cuidados personales en hábitos tan sencillos pero eficientes como el correcto lavado de manos, no compartir efectos personales y la ventilación de los ambientes son fundamentales más allá de las acciones concretas que se realizaron en el caso de esa enfermedad de transmisión directa; y que a su vez, el mantenimiento de hábitos saludables, nos evita de muchas otras.
Lo mismo ocurre en el caso de las enfermedades en las que intervienen vectores, que actúan como intermediarios entre una persona enferma a otra persona sana; llamadas enfermedades medidas por vectores. Estos vectores pueden ser aves, roedores o insectos.
Las condiciones climáticas del invierno que comenzaron de forma tardía este año, nos han permitido tener un momento de disminución de los casos de dengue, sumado a las acciones de educación permanente que algunos equipos de salud hacemos en cada consulta, reforzando este conocimiento que la comunidad ha adquirido, pero es indispensable recordarles a todos que las condiciones climáticas de primavera y verano, de temperatura elevada y humedad, son las ideales para que los huevos del mosquito Aedes aegypti, que pueden sobrevivir hasta 90 días, esperando dichas condiciones climáticas, para dar paso a las larvas que luego serán nuevos mosquitos y recomenzar el ciclo vital de los mismos de manera exponencial.
Cada hembra Aedes pone hasta dos veces 180 huevos, que es la clave del rápido aumento de los casos de este tipo de enfermedades.
Al dengue se suman, otros virus transmitidos por mosquitos.
El oropouche, otro virus de similares características y que se presenta con síntomas muy parecidos y que se transmite por los mosquitos comunes, y los jejenes, ha causado una Alerta Epidemiológica dada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), por el aumento de casos en Argentina, Brasil, Paraguay y resto de las Américas.
Aún no tenemos casos reportados de este virus, que es más común en Centroamérica y se viene extendiendo hacia el sur, como consecuencia del cambio climático.
Cabe aclarar que las acciones de fumigación masiva son ineficaces, ya que no se ha demostrado la eficacia en los huevos, y hay lugares donde la vaporización de dichos insecticidas no llega a los charcos pequeños de agua estancada, que son los lugares de preferencia de puesta de huevos de estos mosquitos.
Es imprescindible compartir con nuestra comunidad que sin mosquitos no hay dengue, ni habrá oropouche.
En estas acciones la conducta humana es determinante. El uso de repelentes es importante, pero igualmente importante, o más, es que el mosquito no se reproduzca.
No acumular basura dentro y fuera de la casa, no tirar basura que obstaculice el curso de nuestros arroyos que atraviesan la ciudad, y en toda nuestra franja costera, y en las corrientes de agua de nuestro país. La colocación de alambrinas en puertas y ventanas. No guardar objetos que sean reservorios de agua estancada ni dentro ni fuera de la casa. De esta manera intervenimos en la primera etapa de su ciclo vital, nacimiento y reproducción.
Después, el uso de espirales e insecticidas dentro de las habitaciones de la casa y luego ventilar, para evitar intoxicación. De esta manera, actuamos interrumpiendo su ciclo vital, eliminándolo.
Estas acciones personales y familiares de autocuidados, tienen un gran impacto en la salud comunitaria, y son más importantes.

Dr. Óscar Mendoza Sabarrós