30 años de camino, bajo amenaza

Este 2025 se cumplen 30 años de la histórica IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, que tuvo lugar en Beijing en 1995, instancia convocada por la Organización de las Naciones Unidas de la cual surgió la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing. Con motivo de estas tres décadas, durante este año se cumplirán diferentes instancias que tienen el objetivo de plantear una mirada retrospectiva sobre los avances logrados y los desafíos pendientes.

Por aquellos días se dieron cita en esa instancia más de 17.000 participantes, entre ellos 6.000 delegados de 189 países, 4.000 representantes acreditados de organizaciones de la sociedad civil, representantes de organismos internacionales y medios de comunicación. Además se llevó a cabo un Foro Paralelo de Organizaciones de la Sociedad Civil, que se celebró en Huairou, en el cual se reunieron más de 30.000 participantes. La conferencia tuvo la virtud de consolidar entre las naciones avances normativos enfocados en promover y garantizar la igualdad entre mujeres y hombres. Literalmente marcó un antes y un después. La Declaración y Plataforma de Acción de Beijing es, de hecho, el programa más amplio y visionario enfocado en alcanzar la igualdad de género y la realización de sus derechos humanos. A partir de entonces, cada 5 años los países llevan a cabo “exámenes” en los que evalúan los retos y avances en su implementación y desde el 2015, cuando se adoptó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Estos exámenes se hacen considerando también el vínculo entre las 12 esferas de especial preocupación y los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible.

Aquellas 12 Esferas de Especial Preocupación que se plantearon en Beijing, en 1995 fueron: La mujer y la pobreza; Educación y capacitación de la mujer; La mujer y la salud; La violencia contra la mujer; La mujer y los conflictos armados; La mujer y la economía; La mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones; La mujer y el medio ambiente; La niña; Los derechos humanos de la mujer; Mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer y La mujer y los medios de difusión.

Si bien hay coincidencia, en líneas generales, en que 30 años después se han logrado avances significativos, también hay muchos de los objetivos, de los compromisos asumidos por las naciones concurrentes y firmantes de la Declaración y la Plataforma de Acción allí definida –entre las que se encuentra Uruguay–, que todavía persisten como desafíos. En definitiva, todavía ningún país en el mundo ha alcanzado la igualdad de género entre mujeres y hombres.

El año pasado Uruguay presentó su informe evaluatorio de cara a la conmemoración de estos 30 años de Beijing, una nueva instancia en la que se abre la oportunidad para “reconectar, revitalizar los compromisos, impulsar la voluntad política y movilizar a las personas con fuerza renovada para enfrentar los obstáculos en el camino a la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y las niñas”, publica al respecto la página de ONU Mujeres. “Esto es una oportunidad crucial para fortalecer la rendición de cuentas, aumentar los recursos, el financiamiento y renovar el compromiso para avanzar en la agenda de igualdad de género, los derechos humanos y el empoderamiento de las mujeres y niñas”, prosigue.
A este extenso informe, de 94 páginas, se puede acceder por medio del código QR que adjuntamos y es interesante leerlo porque hace una radiografía sobre la situación en nuestro país, valorando avances como los pasos que se han dado en la instrumentación de la Ley de Violencia y el incremento del 50% en los recursos que para ello se dispuso en la última Ley de Presupuesto, pero también los pendientes como una ley que permita una paridad real en el acceso a los cargos electivos, como los del Parlamento, que eviten que se apliquen estrategias que impidan que más mujeres accedan a las bancas y mejore su representatividad. En un país en el que hay más mujeres que hombres: 52 contra 48% de acuerdo con el Censo 2023, en el Senado las mujeres son un 29% y en la cámara de Diputados el 34%.

En la pregunta/respuesta 5, en la página 26, refiere a cuáles son las prioridades para acelerar el progreso de mujeres y niñas en su país mediante leyes, políticas o programas, para los próximos cinco años. En la respuesta se expresa que “será una prioridad continuar el desarrollo de los ejes prioritarios planteados para este período, en particular en relación a”, y menciona una lista de puntos, de la cual el primero es “La implementación de la Ley 19.580, para lo que será necesario continuar fortaleciendo el Sistema de respuesta de VBG (Violencia Basada en Género) de Inmujeres y el Sistema Interinstitucional de Respuesta de VBG”. En segundo término alude a “La implementación de la Ley 19.846 y en particular, el fortalecimiento de las institucionalidades de género”. Le siguen en orden de prioridad: “La promoción de la autonomía económica de las mujeres, con énfasis en la corresponsabilidad de los cuidados”; “La descentralización de la política de igualdad de género”; “Las estadísticas de género, en particular, el desarrollo de la Tercera Encuesta nacional de prevalencia sobre violencia basada en género y generaciones”; “El fortalecimiento de las líderes políticas a través del programa de fortalecimiento de líderes políticas” y el “Fortalecimiento del abordaje de otras formas de violencia basada en género, como la violencia digital y el acoso sexual”.

Más allá de la situación puntual del Uruguay, en líneas generales en la mayor parte de los países las condiciones de las mujeres han mejorado y deberían seguir haciéndolo. Hay, sin embargo, nuevas –o viejas pero maquilladas– corrientes de pensamiento que pretenden no solamente limitar sino que además revertir muchas de las conquistas que las mujeres han alcanzado a lo largo de estos últimos 30 años, y más, porque sus luchas no comenzaron allí, sino mucho antes. De todos dependerá sostener estos procesos para que se sigan dando los pasos comprometidos por el país.