¿Blanca Nieves y el fin de lo políticamente correcto?

Mirá por dónde, dirán algunos, aunque se veía venir. Hablo de lo políticamente correcto, el pensamiento WOKE o cómo quieran llamarlo. Cuando todo comenzó hace como treinta años con la inclusión de todas las diversidades habidas y por haber en todos los ambientes, no solo el cinematográfico, se lo vio con buenos ojos.
¿Cómo podía ser de otra manera? Que las mujeres, razas, diversidades sexuales, culturales y religiosas tuvieran su lugar y representación era algo totalmente correcto y deseable.

Y el tema siguió, creció y terminó apoderándose de… todo. Se terminaron los héroes blancos, masculinos y occidentales, se terminaron por el otro lado las razas “malvadas”, las mujeres que esperaban a su príncipe azul, el humor sobre cualquier apariencia física, el maltrato de animales y un largo etcétera que parecía formar una lista interminable.
Pero hace un tiempo toda esa corriente de tan buenas intenciones comenzó a dar síntomas de agotamiento. Más que nada en la propia gente, algo cansada de que todo fuera un eslogan, una manifestación, una barricada.
Si bien esto tuvo su reacción en la política con la llegada de ciertos gobernantes de derecha como Trump y Milei, ahora también puede estar llegando la sangre al río en cuanto al cine.

Y la cuestión es todo lo que está pasando con la nueva Blanca Nieves. Si bien es, por supuesto, un remake del original de Disney de 1937, no es de animación sino con personajes reales, o al menos algo así porque los enanos son generados por computadora, o sea, también animados.

El entrevero

Pero vamos por partes. La producción comenzó en 2019 en Londres. O sea, el año en que estalló la pandemia, algo que retrasó enormemente el rodaje. Una de las cabañas del bosque encantado en el que se desarrolla la historia se quemó, Gal Gadot que interpretaba a la reina malvada estaba embarazada y tuvo serios problemas de salud, la huelga de actores también demoró todo y, para cereza del postre, algunas fotos de la producción se filtraron en las redes y no gustaron a nadie. Es decir, todo muy complicado.
En esas fotos aparecía un grupo que parecían ser los enanos, siete personajes de distintas razas, por supuesto. Pero no eran los enanos, eran otro grupo que aparece en la película, unos bandidos del bosque. Los ejecutivos de Disney no aclararon eso y la polémica sobre el tema tomó presión. ¿No iba a haber enanos entonces? Esos siete que aparecían no lo eran, así que la fidelidad a la historia original se iba al tacho. Muchas críticas de los usuarios aparecieron. Para cuando se supo que en realidad sí iba a haber enanos pero generados por computadoras, las críticas aparecieron del otro lado. Claro, iban a poner enanos para burlarse del enanismo, como un “espectáculo circense” como supo decir un sanducero.
Para colmo, o para empezar a desbarrancar del todo, la protagonista es una latina llamada Rachel Zegler, a la que le había ido muy bien en la remake de Amor sin barreras y que, cuando la producción comenzó en 2019 parecía una gran elección de casting, pero para cuando llegó el día del estreno este año, la influencia de la diversidad e inclusión estaba bastante desprestigiada, no en vano Trump era otra vez presidente.

Leña y Nafta al fuego

Mientras las imágenes de la filmación seguían filtrándose antes del estreno y las críticas seguían llegando de a millones, aún sin estrenarse la película ya se catalogaba como el gran fracaso de Disney. Se tomaron medidas, se revisó el metraje antes de la primera proyección, el arco narrativo de los enanos se hizo más serio y profundo, algunas cosas demasiado parecidas al original se cambiaron también y se agregaron algunas canciones. Después de todo Disney no quería llegar a la conclusión de que había malgastado los 240 millones de dólares que había invertido.
Entonces, la protagonista Rachel Zegler no tuvo mejor idea que criticar en Instagram a Trump y a los que votaron por él. Bárbaro. Otra vez el terremoto escala 10 de Richter. Los productores hablaron con Zegler y la actriz dio marcha atrás. “Me dejé llevar por mis sentimientos”, dijo. Bueno, las aguas volvían mansas a su cauce.

Pero por muy poco tiempo porque en otro mensaje de Instagram la Zegler espetó: “Palestina libre”. Ajá, bárbaro, su compañera de elenco Gal Gadot es israelí. ¿Se le olvidó ese detalle a Zegler? ¿Lo hizo de gusto?
Bueno, a esa altura ya Disney no podía hacer más que rezar. La película se estrenó. A fin de cuentas el público no fue tan escaso, pero el primer fin de semana de estreno estuvo lejos de las expectativas. La crítica, por otro lado, la demolió. ¿Se habrán fijado en lo que es la película o en el escándalo?
Eso lo sabremos a su debido tiempo.

Fabio Penas Díaz