Nuestros propios problemas son los que nos condicionan, cualesquiera sean los aranceles

Uruguay debería estar pronto o mejor aún, ir haciendo los deberes para estar en mejor posición respecto al cambio de paradigmas que se da a nivel global, y de lo que las políticas comerciales de Donald Trump son nada más que la manifestación más contundente, pero sin que sea una excepción sino más bien una tendencia, según se desprende de los conceptos vertidos en las últimas horas por el ministro de Economía y Finanzas, Ec. Gabriel Oddone.

El secretario de Estado, de sólida formación académica, evaluó al programa En Perspectiva, de Emiliano Cotelo, en Radio Nuevo Mundo, que a su juicio el gobierno anterior perdió el tiempo inexplicablemente procurando un tratado de libre comercio con China y eventualmente con algún bloque comercial, por cuanto el mundo va en otra dirección, el proteccionismo de perfil nacionalista, como se observa en países europeos y otras naciones en tanto Uruguay ha seguido apostando a un mundo en tren de apertura comercial, que hace tiempo no existe.
A su vez, también en un almuerzo de la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM) el jerarca sostuvo que “el escenario externo que un pequeño país enfrenta es uno desafiante. Presenta oportunidades, pero es desafiante porque las reglas en las que el comercio internacional se va a basar son distintas, donde las relaciones bilaterales y las conversaciones se vuelven cruciales”.

Más aún, el economista planteó que el mundo actual presenta un escenario en el que “los acuerdos de libre comercio van a quedar en el olvido. Por tanto, me permito solo hacer un paréntesis: resulta extraño que Uruguay haya seguido hasta hace relativamente poco insistiendo con que esto era posible, más con China”, dijo en su discurso.

“Creo que perdimos tiempo con ese tipo de especulaciones, porque este mundo no se instauró cuando Donald Trump asumió en sus funciones. Este mundo está planteado desde hace bastante tiempo. Haber destinado tanto tiempo y esfuerzo a pensar que los acuerdos comerciales iban a ser el camino de estrategia relevante para Uruguay, en mi opinión, era una posibilidad muy baja”, dijo Oddone. El ministro adelantó que su equipo económico trabaja para que “en todos los mercados se abran oportunidades relativas para que seamos un país al que el aumento generalizado de aranceles nos afecte relativamente menos que a otros mercados”.

A diferencia de otros países como China, que alcanza el 104%, los aranceles de Uruguay son del 10%, precisamente.
Por cierto el secretario de Estado advirtió que hace tiempo ya observa rebrotes fuertes de proteccionismo a contramano de la pregonada apertura comercial global, pero sin dudas para un país como Uruguay encerrarse no es una opción, y la búsqueda de acuerdos bilaterales comerciales era una buena alternativa, mientras el Mercosur ha sido un corsé que no ha suscripto acuerdos comerciales con ningún bloque y nuestro país ha pagado todos estos años fuertes aranceles para ingresar a diversos mercados que todavía nos los siguen aplicando.

Sin embargo todos estos años nuestros directos competidores en commodities, incluyendo a la propia Australia y Nueva Zelanda, entre otros, han ingresado ventajosamente a mercados de países desarrollados por efecto de tratados de beneficio recíproco con reducidos aranceles, y por lo tanto a precio más conveniente que Uruguay.

Y ello ha venido ocurriendo por lo menos hasta que Trump pateara el tablero y diera vuelta el comercio mundial con sus aranceles, incluyendo su duelo mano a mano con China, con aranceles recíprocos que parecen un remate, a ver quién da más, al punto que Washington ya le ha aplicado el 125 por ciento y China ha venido replicando hasta dejarlos en el 84 por ciento hasta ahora en el comercio bilateral.
Una locura, pero es el mundo de hoy que ha llegado para quedarse, según estima Oddone, quien advirtió que los impuestos de Estados Unidos “están lejos de ser algo transitorio” y que Trump solo es quien lo “está viabilizando”, pero que es un “mandato” popular.

En ese sentido, señaló que “el peor error” que se puede cometer es pensar que las medidas arancelarias tomadas por Estados Unidos contra los países con los que tiene vínculos comerciales son “un fenómeno transitorio” o que es “la acción de un presidente” o “una persona” sola.
“Trump es quien está viabilizando, el que está tomando la delantera o haciéndose más visible en lo que está haciendo”, acotó, e insistió en que “detrás de esto lo que hay es un mandato de la población de Estados Unidos al presidente”. “A su vez, en diversos lugares de Europa, con el retorno de movimientos proteccionistas, nacionalistas, de limitaciones a la movilidad de las personas y con el retorno de la xenofobia hay un retorno a la mirada doméstica de muchas sociedades”, advirtió.

Este último aspecto es muy cierto, pero tampoco muy nuevo, por cuanto por ejemplo, desde hace más de dos décadas los delirios proteccionistas de países como Francia han socavado toda posibilidad de un acuerdo de aranceles preferenciales con el Mercosur, para proteger a sus productores agropecuarios.

Pero según el economista, lo que está ocurriendo hoy “no es una sucesión de cosas que van a generar cambios importantes”, sino “un cambio de paradigma” en la forma en que se ha visto y concebido el mundo en los últimos 70 años.
“Las decisiones que Estados Unidos tomó en las últimas semanas tienen que ver con eso”, sentenció, en tanto dijo que las industrias se han “deslocalizado” del país que gobierna Trump y Europa para instalarse en países con mano de obra barata y por eso las clases medias trabajadoras están “enojadas”.

Con todo, en medio de esta incertidumbre, hay que coincidir con Oddone en que aunque el paquete resuelto por la Casa Blanca implica un “desafío”, en principio para Uruguay presenta también oportunidades, habida cuenta por ejemplo de que a nuestro país, igual que a nuestros socios en el Mercosur, se le aplica el arancel básico general de 10%, es decir que nuestros productos quedaron en la franja de los menos impactados por la medida.
Ocurre sin embargo que el mandatario norteamericano tiene marchas y contramarchas, como su reciente anuncio de suspensión de los nuevos aranceles por 90 días y dejándolos en ese período en el mínimo del 10 por ciento, debido al “espanto” de los mercados, y ello indica que hay que tomar con pinzas las especulaciones sobre un escenario definitivo.

Pero más allá de la encrucijada internacional del momento, de oportunidades o de coyunturas desfavorables, el gran desafío es hacer que el Uruguay sea competitivo más allá de aranceles hacia uno u otro lado. Tenemos que tratar de dejar de ser un país caro, con la energía más cara de la región y altísimos costos laborales en dólares que nos dejan fuera de los mercados, con un tipo de cambio que tampoco rinde para los exportadores, solo por señalar algunos aspectos muy conocidos.

Es decir, la pelota de la competitividad está en nuestra cancha, y sobre este escenario hay mucho trabajo por hacer.
Y mientras seamos caros, que haya más o menos aranceles, que gobierne Trump o no, es solo un tema coyuntural y secundario, frente a nuestro intríngulis estructural que no hemos podido superar.