“A los países chicos les conviene tirarse al suelo y hacerse los muertos”, ironizó recientemente el doctor en Economía y especialista en Comercio Internacional, Dr. Marcelo Vaillant, al evaluar el panorama del intercambio comercial internacional y sobre todo en qué situación se encuentra Uruguay, entre otras economías pequeñas, ante las medidas arancelarias del presidente de Estados Unidos Donald Trump, que han sacudido el ordenamiento de las relaciones comerciales.
En reportaje para el suplemento Economía y Mercado, del diario El País, Vaillant trajo a colación que “un asesor de Bill Clinton decía, en situaciones complejas, ‘tírate al suelo y hazte el muerto’. Creo que los países pequeños en este momento, con Estados Unidos, debemos seguir esta estrategia. Nuestro arancel ahora es del 10 por ciento. En este momento los menos castigados somos los beneficiados. Pero hay otros terrenos en los que trabajar”.
Y por cierto que de lo que se trata es de poner la pequeñez de nuestro lado: nuestro volumen de exportaciones, en el mejor de los casos, no da para arañar la cáscara de las mayores economías mundiales, como la de la nación norteamericana, pero en cambio para un país del tamaño del nuestro, sí es importante todo lo que se pueda colocar.
El punto es que estamos al margen de lo que pueden ser las intenciones geopolíticas del ocupante de la Casa Blanca, porque la idea del mandatario es usar los aranceles o la palanca de acceso a su mercado para darle impulso a la capacidad de negociar otros asuntos que le interesan en forma prioritaria, incluso ideológicos, como las sanciones a Brasil.
Debemos tener en cuenta que dado la vulnerabilidad de nuestra economía, con las ventajas y desventajas de la pequeñez, también recibe de rebote las consecuencias de las medidas que se aplican a otros, como es el caso de Brasil.
Una de ellas es precisamente se da en el tema de las exportaciones de carnes, primera línea de nuestros productos de exportación, habida cuenta de tener Uruguay una economía de base agropecuaria, y cada vez con menos margen de la incorporación de valor agregado, por nuestros costos internos, incluyendo la mano de obra medida en dólares, que es como se incide en el precio final.
En este sentido es pertinente traer a colación observaciones que al respecto se formulan en el semanario Búsqueda, que analiza repercusiones en nuestro país de la aplicación del arancel del 50 por ciento a las colocaciones de carne brasileñas en el mercado de Estados Unidos, con la salvedad de que siempre hay elementos que pueden no haber sido considerados a priori, porque se trata de un juego de carambolas a varias bandas y como país pequeño, la apertura o cierres de mercados, aún pequeños para los grandes, pueden ser de gran repercusión en nuestra economía.
Y acá entra además la intervención del gigante asiático China, el blanco prioritario de Trump, al que primero llegó a anunciar un arancel devastador del 145 por ciento, pero luego retrocedió y quedó en menos de una tercera parte, tras evaluar en su real magnitud el efecto “búmeran” de sus medidas en el mercado interno.
En el caso de la carne, al gravamen del 50 por ciento a Brasil se agregan, entre otros factores, brotes de aftosa en Europa y Turquía, cierre de fronteras entre Estados Unidos y México, por razones sanitarias, además de aranceles del 35 por ciento a Canadá, así como 30 por ciento a México y la Unión Europea.
En este río revuelto quien sabe por cuánto tiempo, nuestro país se mantiene con el 10 por ciento de arancel, y ello es un elemento nada despreciable, dentro de esta relatividad dinámica y tan cambiante por las decisiones e impulsos del mandatario norteamericano.
En análisis de Blasina y Asociados, por ejemplo, se considera que la faltante de carne en Estados Unidos, que ha sido el gran motor del precio en los últimos doce meses, puede volverse de gran incidencia, y una escasez estructural de carne puede ser para Uruguay una ventaja perdurable desde lo arancelario.
El factor Brasil es aquí de importancia significativa, por cuanto es el exportador más grande de carne a Estados Unidos, desde que por ejemplo en los últimos doce meses nuestros vecinos colocaron en ese mercado 417.000 toneladas, apenas detrás del primer exportador, que es Australia, y los aranceles del 50 por ciento hacen que ya sea vidrioso el negocio para los brasileños, por decir lo menos.
La perspectiva brasileña es las de reorientar sus exportaciones cárnicas hacia China, al quedar fuera del mercado estadounidense, y ese sería el camino lógico, según los analistas internacionales, ya que el gigante asiático demanda principalmente cortes delanteros, que es el mismo perfil que Brasil exporta hacia los Estados Unidos.
Sin embargo, en este juego de billar a varias bandas, los actores no se quedan de brazos cruzados, y menos los chinos, porque si ven que Brasil cae en sus mercados porque está desterrado de Estados Unidos, es de inferir que no pagará los mismos precios a los que venía haciendo negocios, teniendo en cuenta el factor de una mayor oferta de carne.
Por lo tanto no es de esperar que se sigan pagando los mismos precios a proveedores habituales como Uruguay, Argentina y Australia. Estamos en la mesa con un tablero de ajedrez, donde los jugadores en el curso de la partida van intercambiando piezas, incluso sacrificando las menores para quedar en mejor posición y alcanzar los objetivos sobre el rey adversario.
El punto es que en un tablero de ajedrez se puedan alternar infinidad de jugadas, y aquí en el comercio global, en este caso de la carne, las posibilidades también son muy amplias: lo que haga uno en el juego bilateral, repercute en terceros y así se va generando una cadena o dominó que termina impactando donde menos se esperaba, con el adicional del componente geopolítico, además del comercial.
Por lo tanto, la perspectiva de “hacernos los muertos” es una postura de recibo ante el impacto de los aranceles internos, pero no es garantía de lo que nos puede resultar como receptores de los avatares que surjan de las jugadas de los gigantes, porque mal que nos pese, no tenemos capacidad de incidir y solo seguiremos siendo tomadores de precios y consecuentemente de mercados condicionados a lo que pase, en un marco de incertidumbre política y comercial global.
