Escribe: Lic. Ps. Yasmín Buono- Oímos lo que nos conviene

Es común que los seres humanos queramos estar seguros de todo. Tenemos la tendencia a creer que nuestras opiniones están muy bien fundamentadas y que son válidas, a pesar de que muchas veces no sabemos por qué pensamos o de qué manera lo hacemos (Bautista, 2024).

Cuando se dice que solo escuchamos lo que queremos oír es estar primando las características anteriores más que la razón misma. Esto se debe al funcionamiento de la atención selectiva, que consiste en enfocarnos solo en determinados aspectos dejando de lado a otros, sobre todo en el ámbito de las creencias y las opiniones. Puede que nos parezca lógico actuar así ya que es imposible prestar atención a todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

Mecanismo de atención

Según el autor antes mencionado, la información que seleccionamos a través de nuestro mecanismo de atención no necesariamente tiene que ser la más válida o relevante. Más bien tratamos de atender solo aquello que confirme nuestras creencias y valide nuestras opiniones. Por eso al final, solo escuchamos lo que queremos oír.

Por ejemplo, en una consulta médica el profesional dice: “su colesterol está un poco alto, no es grave, pero necesita cambiar la dieta y hacer ejercicio”.
El paciente podría solo escuchar “no es grave”, ignorando la parte que implicaba un cambio de hábitos.
De alguna manera, siempre se atiende más a unas realidades que a otras.

Atención selectiva

El sistema cognitivo del ser humano tiene limitaciones y por ese motivo es que debe enfocarse solo en algunos aspectos y prescindir de otros, para lograr funcionar adecuadamente. Se trata de una respuesta adaptativa para evitar que se presente una sobrecarga en el procesamiento de los estímulos.
La atención selectiva razonable puede derivar fácilmente en una especie de hermetismo ante las evidencias. Entonces es ahí cuando se escucha solo lo que queremos oír.
Es una actitud cerrada ante todo lo que cuestione nuestras opiniones o ponga en tela de juicio nuestras creencias.

Nos rodeamos de personas que piensen o actúen de manera muy similar a la nuestra, excluimos a los demás porque erróneamente se supone que las diferencias serán fuentes de conflicto.
Así mismo, buscamos entornos que refuercen nuestras creencias, y construimos la idea de que tenemos la razón ya que todos los que nos rodean lo confirman.

Sesgo de confirmación

También solo escuchamos lo que queremos oír por otro sesgo cognitivo, el sesgo de confirmación que se realiza de forma casi inconsciente.
Se trata de la tendencia a buscar evidencia que validen lo que pensamos o creemos. Y al mismo tiempo se ignoran las pruebas que pongan en duda la validez de opiniones y creencias. Y si encontramos una persona que de alguna manera nos plantea algo que contradice lo que creemos tendemos a rechazarla. Nos negamos a sus argumentos.
Incluso si lo que dice es valioso encontramos la manera de invalidar para confirmar lo que creemos y opinamos.

En el fondo lo que realmente interesa no es encontrar la verdad sino tener razón y empleamos cualquier medio para lograrlo.

Vale la pena abrirnos a formas de ver y pensar, sin juzgarlas o estar a la defensiva: como dice Bautista: abrirnos a la riqueza de la diferencia. (097352937)