Pan y Crema, es una panadería de barrio –ubicada en Grito de Asencio 1031– que combina pasión, constancia y aprendizaje diario en cada elaboración. En el marco del Día del Panadero, su titular Patricia Martínez contó la historia de su emprendimiento marcado por la dedicación y el deseo constante de mejorar.
Desde 2019, Patricia y su equipo encontraron en la elaboración artesanal de pan una forma de vida. Su panadería, se distingue por la búsqueda de calidad y el trabajo en equipo. “Es un desafío constante por lo que aprendemos y elaboramos constantemente nuevos productos para poder desarrollar mejor esta actividad diaria, para diferenciarnos en calidad y precio”, afirmó.
En Pan y Crema se elaboran a diario panes, galletas, facturas y bollos, mientras que durante la semana se suman marinas, panes dulces, budines, alfajores, grisines, tortas y tartas. El proceso de producción, explicó Patricia, es meticuloso y pensado para lograr una textura perfecta: “La elaboración se realiza en horas de la tardecita-noche, se agrega muy poca levadura y se deja descansar la masa para que haga un proceso de leudado lento hasta el próximo día. Así logramos un pan con descanso, esponjoso y suave”.

En estos años, el aprendizaje ha sido una constante. “Me hace feliz saber que no sabía nada de este mundo de harinas y levaduras, en el cual sigo aprendiendo constantemente”, contó con orgullo. Aunque su formación original no estaba vinculada a la gastronomía –es estudiante de Técnico en Gerencias y también vendedora de calzados–, encontró en el oficio del pan una nueva vocación. “Emprendí con mucho valor en este rubro totalmente nuevo para mí, con momentos muy difíciles y cuesta arriba, pero siempre dando lo mejor con la ayuda de Dios, de mi familia y amigos, que son un pilar muy importante en este emprendimiento”, expresó.
El compromiso con la mejora continua también se refleja en la incorporación de tecnología. Este año, Pan y Crema sumó una máquina de armado de pan que permite mayor eficiencia y mejor desarrollo del gluten. Pero, más allá de los avances, Patricia mantiene la esencia del trabajo artesanal: cuidar cada detalle, valorar la materia prima y sostener la cercanía con los clientes que cada día eligen sus productos.
Las redes sociales también se han convertido en una herramienta clave para dar a conocer el trabajo. “Publicamos constantemente, nos publicitan algunos influencer y las personas que les gustan nuestros productos nos etiquetan y comparten en nuestras redes”, comentó. La panadería participa además en eventos gastronómicos locales, como Cocinarte, donde los sabores caseros y la creatividad de sus propuestas encuentran nuevos públicos.
“Cada día buscamos elaborar productos frescos, pensando siempre en la calidad y en nuestros clientes”, aseguró.
