Aprender a emprender

Esta semana la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE) dio a conocer la iniciativa Uruguay al Mundo, impulsada en conjunto con el Instituto Uruguay XXI, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), el Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM) y Uruguay Innova.

Esta iniciativa dispondrá de un millón y medio de dólares para destinarlos a financiar hasta 130 proyectos, con montos de 10.000 y 20.000 dólares, con el propósito de fortalecer a las empresas pequeñas y medianas, con planes de expansión de ventas al exterior y la convocatoria abrirá en febrero 2026.

Este proyecto, se anunció, se enmarca en las acciones “priorizadas por la estrategia de gobierno Uruguay Innova (U+I), cuyo propósito es impulsar la articulación y coordinación de las instituciones que componen el sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación, con el fin de avanzar hacia un desarrollo económico y social basado en el conocimiento”. Algo de todo esto estuvo en el discurso de Yamandú Orsi al asumir la presidencia de la República. Fue, de hecho, uno de los pocos anuncios concretos en ese mensaje inaugural del período de gobierno.

Durante la presentación de este programa, la ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, explicó que la iniciativa responde a tres líneas de acción fundamentales: el fomento del empleo de calidad, la descentralización territorial y la internacionalización de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes). Agregó que hay “un gran esfuerzo interinstitucional para impulsar a las mipymes, que representan el 80% de las empresas exportadoras en Uruguay y generan la mayor cantidad de empleo formal”. De esta iniciativa se pretende que facilite herramientas para acompañar la internacionalización con el desarrollo de capacidades y otorgará financiamiento directo por montos de 10.000 y 20.000 dólares por proyecto, según la modalidad, para financiar hasta el 80% de cada proyecto, que tendrá una contraparte del proponente. Cardona también afirmó que el objetivo es que el programa “permita el acceso a mercados, pero también que beneficie la innovación y el incremento del valor agregado”.

A su vez, el presidente de la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE), Juan Ignacio Dorrego, indicó que el programa apunta a “impulsar los procesos de internacionalización de las empresas y busca generar capacidades técnicas para alcanzar soluciones, sobre la base de que las mipymes y empresas emergentes (startups) exportadoras demuestran ser más competitivas”. Dorrego agregó que la iniciativa se enfocará “en consolidar y crear nuevas iniciativas exportadoras para expandir la matriz de negocios con la meta de mejorar el acceso a los mercados globales”, además de promover la transferencia de conocimiento y talento con otros países.

Podrán participar firmas de todo el territorio nacional y de cualquier sector que produzcan o comercialicen bienes y servicios y se incluirá “tanto a aquellas que atienden mercados nacionales como a las que muestren un claro potencial de acceso a nuevos mercados”.

Mientras tanto, la gerenta de Inteligencia Competitiva de Uruguay XXI, Mariana Ferreira, puso el foco en que las mipymes reúnen a más del 80% de las empresas exportadoras de nuestro país, aunque en su conjunto acumulan solo el 5% del valor total exportado, y aunque exportan productos más diversificados, “se concentran en Montevideo y alcanzan un promedio de solo tres mercados por año, frente a los once de las grandes empresas”. Ferreira dijo que el acceso a mercados internacionales es para las empresas un “efecto de derrame absolutamente incuestionable y comprobado que permite el aumento de la productividad, la generación de capacidades para potenciar modelos de negocios escalables y la diversificación del riesgo al acceder a múltiples mercados”.

Ahora bien, aunque es importante este tipo de instrumentos (es decir, este y otros que permanentemente ofrecen y difunden instituciones como ANDE y las demás que conforman el ecosistema emprendedor uruguayo) que apoyan e impulsan a las empresas ya establecidas, y quizás incluso animen a algunas a dar el paso hacia la formalización, hay un debe en el semillero, en las “formativas” del emprendedurismo nacional. Es que quienes no nacen en una casa en la que haya un papá o una mamá, acaso un tío, emprendedores, es difícil que tomen contacto y consideren como una posibilidad el establecer un emprendimiento, ofrecer servicios, desarrollar productos, abrir una empresa propia y hacerla crecer.

Quienes están más cerca de la educación técnica profesional, quizás por las características de su formación, tal vez accedan a una serie de nociones durante la adolescencia o en los primeros años de la juventud, pero para el resto va a depender de que de alguna manera se despierten inquietudes propias. No es que sea llegar demasiado tarde, pero indudablemente se podrían ganar algunos años si estos estímulos por acercarse de manera lúdica empezasen en una edad más temprana. Tampoco pretendemos que se incluya como una materia aparte en Primaria o Ciclo Básico, pero seguramente es posible con determinados estímulos oportunos abrir una puerta para descubrir una vocación. De la misma forma que solemos insistir con que es necesario instrumentar políticas de educación financiera desde edades tempranas como una forma de prevenir problemas que pueden complicar prematuramente la salud financiera en la vida adulta, consideramos que sería buena cosa estimular impulsos emprendedores ya desde la infancia, especialmente entre generaciones que conocerán un mundo donde los caminos tradicionales (M’hijo el dotor) posiblemente seguirán perdiendo pie.