El adiós a Mario “Chichito” Cabral, fundador y referente del candombe beat

Mario “Chichito” Cabral con sus tumbadoras.

El sábado 13, la música uruguaya perdió a una de sus figuras más influyentes y, al mismo tiempo, menos proclives al protagonismo. A los 89 años falleció Mario “Chichito” Cabral, percusionista, compositor y cantor cuya trayectoria estuvo profundamente ligada al desarrollo del candombe beat y a algunas de las propuestas más innovadoras de la segunda mitad del siglo XX en nuestro país.

Al hablar de Chichito Cabral surge de inmediato el recuerdo de grupos fundamentales de la música uruguaya, como El Kinto y Tótem. Sin embargo, su aporte fue mucho más allá de esas experiencias. Fue uno de los artistas que ayudó a transformar el lenguaje del candombe y a incorporarlo a nuevos formatos, abriendo caminos que luego recorrerían varias generaciones de músicos uruguayos.

Sus aportes al sonido afrouruguayo

Nacido en el Cerrito de la Victoria en 1936 y criado desde niño en La Mondiola, encontró muy temprano su vocación en la percusión. El sonido de los tambores de candombe que recorrían las calles de Montevideo y su fascinación adolescente por el bongó marcaron el inicio de una carrera que se extendería durante más de seis décadas.

Su figura fue determinante en la construcción de un sonido nuevo que comenzó a gestarse en los años sesenta junto a músicos como Eduardo Mateo y Ruben Rada. Entre sus aportes más importantes se encuentra la incorporación de los ritmos del candombe a las tumbadoras, una innovación que permitió trasladar la riqueza polirrítmica de los tambores afrouruguayos al formato de conjuntos y bandas. También participó junto a Mateo en la creación del “toco”, una forma rítmica que influiría en generaciones posteriores de músicos.

Además de El Kinto y Tótem, Cabral integró agrupaciones emblemáticas como Conjunto 03, Moonlights y Gula Matari. Su presencia puede rastrearse en decenas de discos fundamentales de la música nacional, acompañando a artistas tan diversos como Ruben Rada, Eduardo Mateo, Fernando Cabrera, Los Olimareños, Larbanois-Carrero, Jorge Galemire, Gastón “Dino” Ciarlo, Lucio Muniz, Carlos Benavídez y muchos otros.

Como compositor dejó obras que trascendieron generaciones, muchas de ellas nacidas de sus vivencias cotidianas, de su amor por la pesca, de los personajes de barrio y de los paisajes humanos que alimentaron su inspiración.

Canciones como “Don Pascual”, “Orejas”, “Días de esos”, “Mi lindo barrio” y “El Púa” forman parte de la memoria afectiva de la música popular.

Tras conocerse la noticia del fallecimiento de Cabral, numerosas figuras de la música recordaron su legado. Rubén Rada destacó que Cabral fue “muy importante en la música uruguaya”, recordó la creación del toco junto a Eduardo Mateo y señaló que ambos fueron pioneros en la incorporación de las tumbadoras al sonido que más tarde sería identificado como candombe rock.

Entre los recuerdos compartidos por Rada reapareció también una de las anécdotas más conocidas de la vida de Chichito. En 1961 viajó a Hamburgo convocado para sustituir al bongocero de los célebres Lecuona Cuban Boys. Aunque problemas con los trámites migratorios le impidieron incorporarse a la orquesta, permaneció un tiempo en Alemania y se integró a la intensa escena musical de la ciudad. Allí tuvo la oportunidad de ver actuar a los Beatles, cuando todavía eran una banda prácticamente desconocida, en el Star Club.

Por esos mismos años surgió otra historia que acompañaría a Cabral durante el resto de su vida. Según relataría más tarde su familia, una noche ingresó con su bongó a un club donde ensayaba una banda británica y fue invitado a sumarse a una improvisación. Aquellos músicos eran nada menos que los Rolling Stones, que trabajaban sobre una versión temprana de “Sympathy for the Devil”. Aunque el episodio resulta imposible de verificar plenamente, el propio Cabral lo relató en distintas oportunidades, y terminó convirtiéndose en una historia recurrente, especialmente entre sus colegas músicos, cuando recuerdan a Chichito.

Más allá de sus logros artísticos, la vida del músico estuvo marcada en los últimos años por una profunda tragedia personal: el asesinato de su hijo Felipe “Plef” Cabral en 2019. El caso conmocionó al país y dejó una herida que acompañó al músico hasta el final de sus días. Con la partida de Chichito desaparece uno de los últimos representantes de una generación irrepetible que redefinió la identidad sonora uruguaya. Su obra permanece en discos, canciones, escenarios y memorias compartidas, como parte fundamental de la historia de la música popular uruguaya.

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