Argentina y Brasil coordinan acciones en el río Uruguay ante un eventual El Niño severo

Represa Foz do Chapecó en el Alto río Uruguay.

Ante las proyecciones que anticipan un fenómeno El Niño de gran magnitud para el segundo semestre de 2026, las autoridades de la cuenca del río Uruguay intensificaron la coordinación transfronteriza entre Argentina y Brasil para anticipar el impacto de eventuales crecidas extraordinarias sobre las poblaciones ribereñas.

El gobierno de la provincia argentina de Misiones puso en marcha una agenda de trabajo conjunto con municipios del sur de Brasil, centrada en el monitoreo de las represas que regulan el caudal del río Uruguay en su curso alto. Representantes de las localidades argentinas de El Soberbio, Panambí, Alba Posse, Colonia Aurora y San Javier se reunieron con funcionarios brasileños de la asociación de municipios Amuceleiro, que agrupa a 21 localidades, en encuentros realizados en territorio brasileño.

El objetivo central es compartir información climática e hidrológica en tiempo real y armonizar los canales de comunicación para reaccionar con rapidez ante una crecida. Entre los acuerdos alcanzados figura avanzar en un pedido conjunto de audiencia con las autoridades de la represa Foz do Chapecó, en el alto río Uruguay, con el fin de coordinar la regulación del flujo de los embalses. La provincia de Corrientes, por su parte, activó comités de emergencia en localidades como Paso de los Libres, y Entre Ríos hizo lo propio con municipios como Concordia y Gualeguaychú. A nivel nacional, el Ministerio de Seguridad argentino aprobó un Plan de Coordinación Federal específico para el fenómeno.

Foz do Chapecó: una represa que casi no lamina crecidas

El foco de la preocupación es técnico. La represa Foz do Chapecó, ubicada entre los estados de Santa Catarina y Rio Grande do Sul, tiene una capacidad de laminación —es decir, de retener y recortar el pico de una crecida— muy limitada. Funciona prácticamente “a filo de agua”. Los números lo explican. Su reservorio tiene una superficie de 79,2 kilómetros cuadrados, pero 40 de ellos corresponden al propio cauce natural del río: solo 39,2 kilómetros cuadrados fueron inundados para formar el lago, lo que la convierte en una de las usinas con menor área anegada por potencia instalada de Brasil. Aunque su almacenamiento nominal ronda los 3.220 millones de metros cúbicos, el margen real para absorber una crecida es mínimo.

El comportamiento quedó demostrado en un episodio de 2014: cuando el lago llegó a su cota crítica, la represa solo pudo bajar el nivel 28 centímetros liberando un caudal enorme, y el agua que salía pasó de 1.949 a 26.728 metros cúbicos por segundo —se multiplicó por trece— en cuestión de horas. Su vertedero, de quince compuertas, tiene una capacidad de descarga que casi iguala a la de Itaipú. Es una estructura pensada para dejar pasar el agua, no para frenarla. Cuando el reservorio se satura, traslada la onda hacia el sur casi sin atenuarla. Los caudales máximos históricos dan la dimensión de lo que puede llegar a erogar. El récord se registró en la gran crecida de 2014, cuando el caudal osciló entre 30.000 y 32.000 metros cúbicos por segundo. El segundo valor más alto se dio en noviembre de 2023, con 27.600 metros cúbicos por segundo, durante las inundaciones que anegaron varias ciudades del río Uruguay. Por eso lo único que Foz do Chapecó puede ofrecer no es contención, sino previsibilidad. Una regulación acordada obliga al concesionario a informar cada jueves cuánto caudal liberará en la semana siguiente, dato clave para que las autoridades alerten a las poblaciones ribereñas.

Los tiempos de viaje de la onda

La distancia importa porque determina el margen de reacción de las ciudades. Desde Foz do Chapecó hasta Santo Tomé, en Corrientes, hay del orden de 450 kilómetros por agua, y desde Santo Tomé hasta la represa de Salto Grande, unos 420 kilómetros más. Como referencia gruesa, y según nuestra estimación a partir del comportamiento del río en crecientes anteriores, una onda de crecida avanza a un ritmo aproximado de 100 kilómetros por día. Con ese cálculo, el agua que libera Chapecó puede tardar al menos dos semanas en llegar al embalse de Salto Grande, y otro día más en alcanzar Paysandú, aguas abajo de la represa.

Ese tiempo de propagación es, paradójicamente, una ventaja: brinda margen para monitorear el avance de la onda ciudad por ciudad y organizar la respuesta. Por otra parte, algunos terrenos intermedios suelen actuar de amortiguadores naturales de la crecida, reduciendo los picos de caudal que llegan a Salto Grande.

Salto Grande: cierta capacidad de amortiguación

Aguas abajo, la represa binacional de Salto Grande —administrada conjuntamente por Argentina y Uruguay a través de la Comisión Técnica Mixta (CTM)— ofrece un poder de amortiguación mayor que el de Chapecó, aunque también limitado. En las grandes crecientes de 1983, 1992, 1997 y 1998 logró, mediante la liberación anticipada de agua para generar reserva, reducir hasta tres metros el impacto de la inundación en las ciudades ubicadas al sur del embalse.

Aun así, la propia CTM reconoce entre sus condicionantes “la baja capacidad de almacenamiento del lago”, por lo que su función es suavizar los picos y ganar tiempo para las evacuaciones, no evitar por completo una gran crecida. Su Área de Hidrología monitorea diariamente la cuenca con una red de más de 200 estaciones y emite los avisos a las poblaciones ribereñas de ambas orillas, incluida Paysandú. El panorama técnico deja una conclusión clara. Ninguna de las represas de la cuenca del río Uruguay puede contener una gran crecida por sí sola: las de la cuenca alta brasileña (Chapecó, Itá y Machadinho) prácticamente no laminan, y Salto Grande solo puede recortar parcialmente el pico. Frente a un El Niño que los organismos prevén de intensidad fuerte o muy fuerte hacia fines de 2026, con lluvias que podrían triplicar los valores normales, la principal herramienta disponible no es la contención física, sino la coordinación binacional, el monitoreo permanente y el aviso temprano. El tiempo que tarda el agua en descender desde Brasil hasta el litoral uruguayo es, en definitiva, el mejor aliado para anticipar, informar y evacuar a tiempo.

 

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