Un cruce de declaraciones entre el alcalde de Ciudad de Panamá, Mayer Mizrachi, y el ministro del Interior, Justicia y Paz de Venezuela, Diosdado Cabello, escaló esta semana a raíz del rastreo electrónico de la ayuda humanitaria enviada a territorio venezolano tras el doble terremoto del pasado 24 de junio, que dejó al menos 3.535 fallecidos.
El origen del conflicto fue una revelación del propio alcalde panameño. Mizrachi informó públicamente que había colocado dispositivos de rastreo AirTag dentro de distintos cargamentos de la ayuda —desde cajas de pañales y botellas de agua hasta cajas de detergente— con el objetivo de dar seguimiento a su recorrido y transparentar que llegaran a las comunidades afectadas por los sismos.
Según difundió el alcalde en sus redes sociales, uno de los localizadores, identificado como “ayuda humanitaria 4 Panamá”, registró su última ubicación en la avenida Orinoco de Maturín, capital del estado Monagas, a más de 400 kilómetros de La Guaira, considerada la zona más devastada por los movimientos telúricos. Mizrachi difundió en tiempo real el recorrido del dispositivo, lo que reavivó el debate sobre el destino y la gestión de la ayuda humanitaria en Venezuela.
La reacción de Cabello
La respuesta del gobierno venezolano fue contundente. Durante un acto en la Universidad Simón Bolívar, en La Guaira, Cabello —quien además es vicepresidente sectorial de Política, Seguridad Ciudadana y Paz— rechazó la iniciativa del funcionario panameño. “Nosotros rechazamos las vulgares, miserables declaraciones del alcalde de Panamá, que le puso un GPS a la ayuda humanitaria, que es miserable, para chequear dónde está. Bueno, todo ladrón sueña que lo están robando”, expresó.
El ministro sostuvo que detrás de la medida existen motivaciones políticas más que humanitarias, y afirmó que se busca “incriminar al pueblo de Venezuela de delitos que jamás ha cometido”. Cabello aludió además al pasado judicial de Mizrachi, quien estuvo detenido en Colombia durante seis meses en el marco de un caso vinculado a fraude, y sugirió que ese antecedente contradecía la autoridad moral con la que cuestionaba la distribución de la ayuda.
La respuesta del alcalde
Mizrachi replicó a través de nuevos videos en sus redes. Ironizó sobre el apellido del ministro venezolano y cuestionó una aparente contradicción: si las donaciones panameñas no representaban un aporte significativo —como Cabello había sugerido al calificarlas de “merma”—, por qué razón Venezuela continuaba recibiéndolas. El funcionario panameño enfatizó que su intención nunca fue ofender al pueblo venezolano, sino rendir cuentas a los ciudadanos que realizaron un esfuerzo económico para colaborar. “No estamos pidiendo gracias, nada más no critiques ni a Panamá ni a El Salvador, porque mucho se está haciendo”, manifestó.

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