Docentes, estudiantes, autoridades, actores y especialistas reflexionaron durante una reunión en Montevideo, en torno al impacto en las aulas de la violencia estructural concentrada en algunos territorios. Los expositores advirtieron sobre sus efectos nocivos en las trayectorias académicas y ensayaron posibles respuestas de protección a los entornos educativos.
En este sentido, la Dirección de Derechos Humanos del Consejo Directivo Central (Codicen) promovió la realización del conversatorio “Otra voz habla: teatro para la convivencia”, en un encuentro en el que se apuntó a instalar un diálogo, que incorporó la voz artística con el fin de fortalecer el análisis y la percepción de las diferentes problemáticas que atraviesan la cotidianeidad de los centros educativos.
Al comienzo de la jornada, la actriz Natalia Castello propuso una dinámica participativa, que evidenció algunos obstáculos en la comunicación a los que se enfrentan los docentes con frecuencia en el aula.
Castello se preguntó: “¿podemos generar una nueva forma de convivencia? ¿Es posible desarrollar una nueva forma de comunicarnos?”. A continuación, la artista y su grupo teatral, interpretaron una canción cocreada por estudiantes y docentes a partir de su experiencia en una serie de talleres de convivencia, que se realizaron durante un año. Una de las frases de la canción expresa en alusión al uso de dispositivos móviles: “Seamos libres no zombies”.
La consejera del Codicen, Carolina Pallas, se preguntó cómo resignificar la autoridad pedagógica en la actualidad y cuestionó su vigencia. “Para mí ya no tiene sentido, ya que implica una asimetría de poder”.
Con respecto a los efectos de la hiperconectividad en las aulas, afirmó que la pedagogía necesita revisar sus procesos de adquisición de conocimiento actuales. “La pedagogía debe cuestionar en forma permanente el proceso de recopilación del saber en estos nuevos entornos digitales, que constituyen a cada sujeto y se constituyen a partir de cada sujeto. La pedagogía necesita repensar sus cuestiones materiales, sociales, culturales y simbólicas”, argumentó.
“SUFRIMIENTO ESCOLAR”
Por su parte, la directora de Derechos Humanos del Codicen, Nilia Viscardi, centró su exposición en el estudio de diferentes formas de sufrimiento estudiantil al interior de las instituciones educativas.
Viscardi instó a romper con la disociación del problema a abordar con la forma en que es resuelto. “Las instituciones se ven interpeladas por la violencia y la manera en que debemos resolverla y muchas veces ellas añaden otra forma de tensión”, opinó.
En este sentido, aludió al fenómeno de espectacularización de la violencia, cuando “resulta mucho más importante el ruido y la sospecha de la violencia, que la violencia en sí misma”.
“Hablar del sufrimiento escolar es importante para situarlo en el marco de la escucha, del acompañamiento, de la intervención, para evitar que reduzca la culpabilización y la culpa individual, la venganza y la lógica que impide proteger a los que sufren de manera inmediata esta violencia”, reflexionó.
De esta manera indicó que es necesario instaurar una lógica en la que sea posible identificar la diferencia “entre límite y castigo, venganza, que justamente contribuye a reproducir el problema”.
A partir de una investigación que llevó adelante junto a otros académicos, Viscardi identificó dos tipos de sufrimiento habituales en la educación Media: el malestar físico y el hambre. Por ello, dijo, es fundamental continuar invirtiendo en infraestructura y alimentación.

