Zardoz, en Disney+

Hay una gran verdad en el mundo del cine y es que todo cambió en 1977 con el estreno de La guerra de las galaxias. Obviamente cambió todo lo que se había visto hasta el momento en el terreno de la ciencia ficción, pero también en el cine mismo.
Pero ¿qué era la ciencia ficción antes de ese quiebre? Había de todo. Muchas películas querían ser como la que luego solo sería la de George Lucas, pero había otras que iban por otro camino. Unos años antes, por ejemplo, se había estrenado Zardoz.
La dirigió y escribió el británico John Boorman, después del gran suceso que fue Deliverance, que aquí se conoció como La violencia está en nosotros. Y como los estudios le dieron carta blanca luego de ese éxito, eligió algo bastante diferente a aquella historia ultraviolenta pero también muy realista. Se fue al futuro.

Zardoz transcurre en el año 2300 y, como toda distopía, presenta una sociedad dividida en dos, los muy ricos y los muy pobres y explotados. Pero esa separación lo que tiene de diferente en esta película es la vida y el tiempo. Porque los ricos, además de no tener que hacer nada, son inmortales, mientras los pobres son “normales”.

Y son dos sociedades que no tienen contacto entre sí. Los ricos viven en el Vórtice, un lugar al que no acceden los pobres, que son obligados a trabajar la tierra como esclavos. Todo eso dará un giro de 180 grados cuando uno de los esclavos se rebele y encuentre como llegar al mundo de los inmortales ricos. Ese esclavo está interpretado por Sean Connery en la mejor etapa de su carrera, o sea la década de los 70, en la que protagonizó varias películas notables como El hombre que sería rey, El viento y el león o Robin y Marian. Pero mientras todas esas se ubicaban en el pasado, Zardoz es una historia futurista con ribetes metafísicos.
¿Por qué metafísicos? En primer lugar porque la vida de los esclavos está dirigida por el dios Zardoz, que no es otra cosa que una falacia al estilo El Mago de Oz, y toda esa falsedad cae cuando el personaje principal se anima a hacer algo diferente a lo que el dios siempre ordena.

Y en segundo lugar, cuando ese habitante del mundo inferior accede al mundo de los inmortales, lo que encuentra ahí no es precisamente felicidad. Los tales inmortales, luego de haber conseguido que los adelantos tecnológicos logren mantenerlos con vida para siempre, han descubierto que esa condición no tiene nada que ver ni con el placer (no pueden reproducirse), ni con la siempre tan esquiva y complicada felicidad.

Quieren morirse, quieren ser normales y la llegada de ese extraño, que además tiene la pinta que tenía en aquél entonces Sean Connery, es suficiente para revolucionar el ambiente. Las mujeres lo desean y los hombres desean ser él.
El gran hallazgo de Boorman en su filme es ese, la película podría ser una aventura al estilo de lo que muy poco después sería La guerra de las galaxias, donde también había bandos y vidas que se vivían de forma muy diferente, pero se empantana como están empantanadas las vidas de sus personajes.
¿Un defecto? En todo caso es un defecto buscado para crear una obra imperfecta de manera intencional. El personaje pasa de un mundo sufrido a uno supuestamente placentero pero que, en el fondo, sufre de un vacío existencial que lo convierte en una especie de infierno.

Todo presentado con la psicodelia de la época, la misma de la que había sacado tanto rédito La naranja mecánica pocos años antes. Aquí también hay música de Beethoven, también hay ropa que divide clases y estilos, también hay violencia y también hay una intención de filmar una película que transgreda y abra puertas.

Con el diario del lunes todos sabemos que La naranja mecánica es un referente cinematográfico ineludible y Zardoz es algo así como una rareza. Pero hay que ver cuánto de valor hay en esa rareza. Todo lo que ocurre es extraño y en tono alucinado, pero ¿de qué otra manera podría ser? Ah sí, podría ser otra aventura con su héroe, sus villanos y su clímax.
Boorman eligió otra cosa y aquél Connery de los 70 le siguió el juego. Con el paso del tiempo, la extraña fascinación de la película ha ido creciendo, hasta colocarla en una categoría tan inclasificalbe como la que sus creadores quisieron para ella desde el primer minuto de su realización.

Fabio Penas Díaz