Esto no es normal

Un grupo de delincuentes que se hacen llamar hinchas del Club Atlético Cerro, de Montevideo, secuestró una unidad de transporte colectivo de la cooperativa UCOT el domingo por la mañana. Abordaron la unidad y amenazaron al conductor, dando comienzo a un viaje hasta el Intercambiador Belloni, al otro lado de la capital del país, junto a una decena de pasajeros “normales” del servicio que se vieron inmersos en una situación impensada.

Según relataron fuentes de la Unión Nacional de Obreros y Trabajadores del Transporte (Unott), el periplo duró unos 40 minutos, durante los que el trabajador debió conducir bajo amenazas.
Un video difundido por redes sociales horas más tarde mostró, desde el interior del ómnibus, a varias personas con indumentaria vinculada a Cerro.

El club albiceleste disputaba esa mañana un partido de visitante en el estadio María Mincheff de Lazaroff, en Jardines del Hipódromo. Delante del ómnibus, abriendo paso, iban en dos motocicletas otras personas, también armadas, amedrentando a otros conductores para priorizar el paso del vehículo.

En declaraciones a medios capitalinos, el chofer relató cómo permaneció amenazado tanto desde dentro del ómnibus como por quienes iban en las motos adelante. Tuvieron la “deferencia” de ir permitiendo bajar al resto del pasaje y se tomaron unos minutos en el trayecto para ir a golpear a una persona que estaba en una vereda con indumentaria del Club Nacional, porque les dio la gana. No contentos con ello, al llegar a destino provocaron destrozos varios en el recinto del Intercambiador.
En esa entrevista, el conductor relata que se comunicaron con él desde el servicio 911 para explicarle que no le entendían cuando llamó, seguramente a causa del bullicio dentro del ómnibus. La situación fue también alertada a la Policía desde la propia empresa, que había sido puesta en conocimiento por el conductor de que algo andaba mal. Pese a estos avisos, ni durante el trayecto ni al arribo al Intercambiador hubo presencia policial para reprimir a los delincuentes.
Tras el angustiante episodio, se declaró un paro en la empresa, que se extendió hasta la finalización de la movilización del lunes. El sindicato se reunió ese mismo lunes con el ministro del Interior reclamando respuestas y medidas concretas que permitan desempeñar las tareas sin exponerse a situaciones de violencia.

Desde el sindicato se afirmó que la medida buscó defender “la vida, la integridad y la seguridad de todos los trabajadores y trabajadoras del transporte”, y se remarcó: “La seguridad es un derecho. La vida de nuestros compañeros no se negocia”.
La movilización comenzó tras una asamblea de la Asociación Sindical de Cooperativistas y Obreros del Transporte (Ascot-UCOT). Los trabajadores se desplazaron con los ómnibus por avenida 8 de Octubre y posteriormente por 18 de Julio, llevando banderas con consignas como “Queremos volver a casa” y “Sin seguridad no hay transporte”.

Una delegación del sindicato se reunió con el ministro del Interior, Carlos Negro, quien informó sobre los avances de la investigación del episodio y las medidas previstas para reforzar la seguridad en el transporte público.
Mucho para comentar deja este episodio. Lo primero es lo expuestos que están en este momento los trabajadores del transporte. Con toda la tecnología de que se dispone hoy, no parece digerible que desde un ómnibus no haya una forma de poner en contexto a la Policía sobre alguna situación anormal y de transmitir la ubicación en tiempo real. Estamos saturados de aplicaciones que siguen los ómnibus; es incomprensible que no se haya desarrollado alguna para dotarlos de más seguridad. Debería poderse reportar a alguna parte que algo así está aconteciendo. No hablamos de tecnología futurista: los medios están, y ni siquiera estamos hablando de costos siderales, al menos para empezar por las zonas que se saben más críticas. Incluso hay miles de cámaras que opera el Ministerio del Interior en la vía pública que deberían permitir rastrear el ómnibus. Es injustificable que a su arribo no haya estado rodeado, por más que no fueran a actuar hasta garantizar la seguridad del trabajador.
Pero no. En cambio, lo que ocurrió fue que, cuando se recibió la alerta de la empresa, un operador del 911 llamó al conductor, le manifestó que no lograba entenderlo, y cortó. No volvió a intentar comunicarse.
Le salió baratísimo, porque un grupo de personas dispuestas a hacer lo que hicieron muy posiblemente también estén dispuestas a cometer un homicidio en ese contexto, o bien pudo escapársele un disparo, o el conductor pudo perder el control y ocasionar un accidente.
Solo por milagro el relato termina siendo casi el de una ocurrencia de unos loquitos del fútbol salidos de un cuento de Fontanarrosa.
El problema es que esto termina siendo cambio chico en comparación con la cantidad de muertes que mes a mes dejan en las calles la violencia y la delincuencia, y nos vamos anestesiando en definitiva. Pero no podemos perder de vista que todo esto no era lo normal en Uruguay hasta hace muy poco tiempo.

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