La alimentación a corral constituye una herramienta tecnológica de producción de carne “basada en el confinamiento de animales y el suministro controlado de alimento, cuya aplicación puede realizarse en diferentes fases del ciclo productivo”, señaló en su exposición el ingeniero agrónomo Álvaro Simeone, al presentar el balance tecnológico de los 30 años de investigación en la Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC)
Bajo esta concepción amplia, utilizada por la UPIC desde sus inicios, “esta tecnología trasciende el concepto tradicional de feedlot asociado exclusivamente a la terminación intensiva”.
En Uruguay, las primeras experiencias comerciales se desarrollaron durante la segunda mitad de la década de 1990, “pero fue a partir de comienzos de la década del 2000 cuando la alimentación a corral tuvo una expansión significativa, impulsada por transformaciones estructurales del sector agropecuario y nuevas oportunidades comerciales. Actualmente, los animales provenientes de corrales de engorde representan aproximadamente el 20% de la faena nacional, consolidando esta tecnología como un componente relevante del sistema ganadero”, dijo el hasta este jueves director de la UPIC.
Desde el punto de vista productivo, en Uruguay “se han desarrollado y evaluado tres grandes modalidades de aplicación: el destete precoz a corral (DPC), la alimentación diferencial del ternero (ADT) durante el invierno y el engorde a corral (EC). La información generada en la UPIC permitió establecer parámetros técnicos de referencia para estas alternativas, con eficiencias de conversión del alimento del orden de 3,4, 5,7 y 7,4 kilos de materia seca por kilogramo de peso vivo producido para terneros de destete precoz, terneros en recría invernal y animales en terminación, respectivamente”. Los resultados obtenidos durante estos treinta años “muestran que la eficiencia de los sistemas de alimentación a corral depende de la integración de múltiples factores, entre ellos la formulación de dietas, el manejo de la fibra efectiva, el procesamiento de granos, la utilización de subproductos, las características del animal y las condiciones de alojamiento”.
Simeone explica que la generación de conocimiento nacional “ha permitido adaptar esta tecnología a las condiciones productivas del Uruguay y reducir la incertidumbre asociada a su implementación. La evidencia disponible indica que la alimentación a corral no debe considerarse como una sustitución de los sistemas pastoriles, sino como una herramienta complementaria dentro de una estrategia de intensificación integrada. La principal fortaleza de la ganadería uruguaya continuará estando asociada al uso eficiente de las pasturas, mientras que el confinamiento permitirá aportar mayor previsibilidad, eficiencia productiva y capacidad de respuesta frente a mercados con requerimientos específicos”.
Alimentación a corral
En definitiva, el profesional que continuará ejerciendo la docencia en la Estación Experimental Dr. Mario A. Cassinoni (Eemac), de Facultad de Agronomía, expresa que “la evolución de la alimentación a corral en Uruguay refleja un cambio conceptual: desde una tecnología inicialmente vinculada casi exclusivamente a la terminación intensiva, hacia una herramienta de integración de sistemas. El desafío futuro será continuar desarrollando modelos de alimentación a corral más eficientes, precisos y adaptados a las condiciones nacionales, contribuyendo a una ganadería más productiva, competitiva y sostenible”.
La alimentación a corral constituye una modalidad de producción en la que los bovinos permanecen confinados en áreas restringidas, sin acceso al pastoreo, recibiendo una dieta suministrada en comederos o, en determinadas situaciones, directamente sobre el terreno.
En la literatura técnica y en el ámbito productivo se utilizan distintos términos para referirse a esta modalidad, entre ellos feedlot, confinamiento, encierre o corral, los cuales suelen emplearse indistintamente, aunque pueden presentar matices según el contexto de aplicación. En particular, el término feedlot se asocia habitualmente a sistemas de terminación intensiva en los que los animales reciben dietas con una elevada proporción de granos durante períodos que, por lo general, superan los 90 a 100 días. Este modelo representa el sistema de alimentación a corral más difundido en países como Uruguay, Argentina, Estados Unidos y Australia.
No obstante, desde su creación en 1997, la Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC) “ha adoptado una concepción más amplia de la alimentación a corral, entendiéndola como toda estrategia de confinamiento aplicada a bovinos de carne, independientemente de la fase del ciclo productivo en la que se implemente, de la composición de la dieta suministrada, del nivel de utilización de concentrados o de la duración del período de encierre”, dijo Simeone.
Bajo este enfoque, la alimentación a corral constituye una herramienta tecnológica susceptible de integrarse en distintas etapas del ciclo de producción, con objetivos que trascienden la terminación de animales e incluyen el apoyo a la cría, la recría y otras estrategias de manejo orientadas a mejorar la eficiencia biológica, económica y operativa de los sistemas ganaderos.
Recordó que desde su fundación, la UPIC ha desarrollado una línea continua de investigación en alimentación a corral, generando información experimental en condiciones nacionales sobre las diferentes fases del ciclo productivo de los bovinos de carne. Una característica distintiva de estos estudios ha sido la utilización, en numerosos experimentos, del animal como unidad experimental, lo que ha permitido obtener resultados con elevada precisión estadística y generar coeficientes técnicos de referencia para el diseño, la evaluación y la integración de sistemas intensivos de producción de carne.
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