Esto es China

A veces viene bien recordar que China, esa nación impetuosa y poderosa, pujante y valerosa, aún sigue siendo gobernada por una dictadura comunista desde hace tres cuartos de siglo. Si bien abandonaron el modo comunista para hacer negocios y poner a funcionar la economía, y se abocaron al capitalismo, los gobernantes chinos se mantienen tan totalitarios como siempre en otros aspectos: como en la nula diversidad política o en la limitación de libertades. Como pensar distinto al gobierno. Y, peor, decirlo.
Por estos días se habla del paradero desconocido del multimillonario Jack Ma, un empresario carismático y de graciosa figura, que no duda en decir lo que piensa. Esa actitud libre hizo que el cofundador de Alibaba pasara a la fama dentro y fuera de su país, algo que parece estar poniendo en peligro no solo su imperio empresarial, sino a él mismo. Nadie sabe dónde se encuentra. Muchos aseguran que, si reaparece, será dentro de mucho tiempo por hablar de más a ojos del régimen chino. Quién sabe.
El problema comenzó a fines de octubre (desde entonces no se sabe nada de él) después de que Ma criticara a los reguladores de China en una conferencia en Shanghái. Mientras la empresa de tecnología financiera de Ma, Ant Group, se preparaba para la oferta pública inicial (OPI) más grande del mundo, acusó a las autoridades de sofocar la innovación y criticó a los bancos del país por tener una mentalidad de “casa de empeño”, según detalló un análisis de la CNN.
La represalia de Beijing fue rápida. En cuestión de días, los reguladores cancelaron la OPI, pero no antes de convocar a los ejecutivos de Ma y Ant a una reunión. En las semanas transcurridas desde entonces, los reguladores ordenaron a Ant que reestructurara grandes sectores de la empresa. Incluso extendieron su escrutinio a Alibaba, que ahora es objeto de una investigación antimonopolio.
Mientras tanto, no se ha visto a Ma en público desde que pronunció su discurso en Shanghái, una ausencia notable para un hombre que normalmente no tiene problemas con el centro de atención y cuyas empresas ahora enfrentan su mayor amenaza en años.
Muchos observadores de China indican que es muy probable que Ma esté oculto mientras las autoridades suben la presión sobre sus negocios, habiendo captado la indirecta de hablar fuera de lugar. En China, nadie es más que el Partido Comunista, el cual pondrá todo de su mano para aplacar cualquier cosa que entienda como desestabilizador.
Este no es el primer llamado de atención que Pekín le hace a un famoso o famosa. La actriz Fan Bingbing, por ejemplo, desapareció abruptamente de la esfera pública en 2018 antes de reaparecer un año después para disculparse por un escándalo de evasión fiscal. Y el magnate inmobiliario Ren Zhiqiang desapareció durante varios meses el año pasado después de que supuestamente criticó el manejo del presidente Xi Jinping de la pandemia de coronavirus. Finalmente fue encarcelada durante 18 años por cargos de corrupción.
Pero en el caso de Ma y Alibaba están en juego aspectos muy actuales: la expansión de la innovación tecnológica, como marca país, y los atesorados datos de los consumidores. El régimen comunista todo lo quiere para sí y figura como el propio impulsor de esa tecnología de primera, que se ha puesto a la altura de los fabricantes estadounidenses.
“El aplastamiento de los empresarios tecnológicos de renombre es parte de ese proceso más amplio del partido para recuperar el control y reescribir la narrativa de cómo la innovación tecnológica de China se lleva a cabo solo bajo las circunstancias que el partido lo permita”, señala con mucho acierto Rana Mitter, profesora de historia y política de China moderna en la Universidad de Oxford.
Se trata de otro frente al cual apropiarse y generar control sobre la población. Y en los últimos meses, los pasos del gobierno para controlar este sector se han vuelto más evidentes. Incluso, el propio Xi Jinping pidió al país que fortalezca los esfuerzos antimonopolio contra las plataformas en línea y evite una “expansión desordenada” del capital.
La voz de Ma era una voz que caía bien en Occidente. Acallarla, podría traerle consecuencias para China, según algunos expertos. Justamente, esos países occidentales ya ven a China y sus negocios como amenazas dignas de fuertes sanciones y escrutinio, tal como ha hecho constantemente el presidente estadounidense Donald Trump; aunque parece una obsesión, el mandatario tiene bastante de razón en este punto. Trump también acusa a China de haber expandido adrede el coronavirus COVID-19. Algo, cuando menos, sospechoso: hay que concedérselo al inefable presidente de Estados Unidos.
¿Pero dónde está Ma? ¿Retienen las autoridades chinas al multimillonario contra su voluntad, o está bajo arresto domiciliario por ir demasiado lejos con sus ataques verbales a los reguladores financieros y los bancos estatales? ¿Se aisló por cuenta propia?
Lo que queda claro es que el caso deja en evidencia, una vez más, el modus operandi del régimen chino. El que no cejará para lograr su cometido. Esto es China. También.

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