El 24 de febrero Putin dio luz verde a la invasión de Ucrania, y desde entonces, todos hemos sido testigos de los sucesos de este conflicto armado desde la comodidad de nuestras casas.
La televisión nos informa sobre más de mil civiles muertos y el deceso de varios miles de soldados.
Vemos edificios en ruinas, ciudades devastadas, poblaciones enteras huyendo, buscando refugio, emigrando.
Entre todo este horror, desde Pasividades nos toca pensar en un colectivo especialmente vulnerable ante este escenario, las personas mayores.
Ucrania es un país altamente envejecido, más del 16% de su población (Uruguay ronda en el 15%) tiene más de 65 años. Estas personas vienen sufriendo las consecuencias de este conflicto desde febrero del 2014, lo que ha llevado a decir al principal representante de la ONU en Ucrania, Neal Walker, que “este país tiene la infame distinción de albergar al mayor número de ancianos del mundo en situación de crisis humanitaria”.
Esto se ve reflejado en los medios de prensa con estremecedores titulares del tipo “La Guerra del Millón de Ancianos”.
Las personas de 60 años o más corren un mayor riesgo de abandono y marginación por su poca capacidad de respuesta ante este tipo de situaciones, dejándolos expuestos a una gran victimización.
Por un lado este colectivo es el que opone más resistencia al desplazamiento forzado, mientras que por otro, muchas personas mayores quedaron aisladas en “pueblos fantasmas” al no poder huir de la crisis humanitaria en curso.
Esta situación obstaculiza la disponibilidad de medicamentos, la asistencia por enfermedades crónicas, el acceso a alimentos, a los medios para acceder a ayuda financiera o incluso al acceso al cobro de pensiones (casi todas las personas mayores afectadas dependen de una pensión como su principal fuente de ingresos, por lo que la dificultad para acceder a los puntos de pago trae consigo una grave escasez económica).
Un estado de alerta permanente pasa a formar parte de una vida ahora marcada por el sonido de las alarmas y el temor a los bombardeos.
El derecho de estas personas a la seguridad y a vivir una vida sin violencia se ha visto profundamente amenazado, violentado, trayendo consigo efectos negativos para su salud, tanto física como mental.
Estas víctimas de la guerra, deben ser primordiales en medidas de atención y asistencia, acordes a las características y necesidades particulares de este colectivo, priorizando a aquellas que se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad, como ser aquellas que presentan problemas de salud, las que requieren cuidados especiales, las que viven solas o en condiciones de pobreza.
Organizaciones internacionales como Help Age se encuentran brindando apoyo y ayuda directa en la zona de conflicto. Los equipos de trabajo de esta organización realizan acompañamiento personal y telefónico, ofreciendo contención en el momento complejo que atraviesan. También proveen elementos de higiene, insumos de protección contra la COVID-19, además de pañales, bastones o andadores, según las necesidades que identifican.


