Se dice que Galileo Galilei soltó esa frase para la historia el 22 de junio de 1633, al verse obligado a retractarse y renunciar a su teoría heliocéntrica ante el tribunal de la inquisición. La traducción literal sería algo así como “y sin embargo se mueve”. Y es una frase que podríamos decir sobre el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), que acaba de cumplir 15 años incorporando nuevas áreas y proyectando sumar algunas más. La más reciente, hace pocos días apenas, el Parque Nacional Humedales e Islas del Hum, con lo que el país ha alcanzado 18 sitios de protección. Este aniversario recuerda el ingreso, en el año 2008, del Paisaje Protegido Quebrada de los Cuervos en el departamento de Treinta y Tres como área inaugural del sistema.
El ingreso de los Humedales e Islas del Hum es una muestra de que el país quiere aumentar la superficie y las especies protegidas, mejorar los resultados en materia de conservación, con los beneficios socio-económicos asociados que se han comprobado a lo largo de estos 15 años.
Según informó el Ministerio de Ambiente, con la incorporación de este nuevo Parque Nacional se aplican medidas de protección sobre “diez nuevas especies de flora y fauna prioritarias para la conservación que hasta el momento no estaban representadas en el SNAP. A su vez, se destaca la diversidad de aves, sus paisajes y un importante acervo de yacimientos arqueológicos con la mayor concentración de restos cerámicos en la costa litoral oeste del Uruguay”.
El SNAP no la ha tenido nada fácil en todos estos años. De hecho, entre que se creó por ley y se dio ingreso al área inaugural mediaron 8 largos años, claro que en el medio de esos años ocurrió una de las peores crisis económicas en la historia uruguaya, que ayuda a comprender y justificar en parte esa postergación. Pero es que aun hoy, ya sin crisis (o con otras crisis incomparables) la superficie protegida y el número de áreas han seguido creciendo.
La creación del sistema se aprobó el 22 de febrero del 2000, por un Parlamento que ya estaba desarmando los despachos y luego de un prolongado trámite parlamentario que insumió dos períodos legislativos. La Ley N° 17.234 se aprobó con el apoyo de todos los partidos y dio lugar a que existiese el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP). Con la integración del Paisaje Protegido Quebrada de los Cuervos, se puso en marcha en forma efectiva, con un método y un esquema de trabajo todavía en construcción, que lidera el Ministerio de Ambiente, pero en el que participan actores públicos, privados y de la sociedad civil, “pero sobre todo reconoce e integra a todos quienes durante generaciones guardaron y cuidaron los paisajes que integran las áreas protegidas”. Claro, hay algunas áreas más consolidadas que otras, una diferencia que se aprecia por ejemplo en la cantidad de recursos que se le destinan. Un ejemplo positivo es el caso, justamente, del área que inauguró el sistema, la Quebrada de los Cuervos, que si bien lleva 15 en el SNAP, en realidad fue un parque municipal de la Intendencia de Treinta y Tres durante más de 30 años antes de ello, y ya tenía el antecedente de haber sido donada al Estado con fines turísticos por su propietario, Francisco Nicasio Oliveres en 1944. Cuando la Quebrada de los Cuervos ingresó al SNAP multiplicó muchísimo la superficie del parque, sumando predios de vecinos y empresas establecidas en la zona, pero ya contaba con una infraestructura en el predio municipal con centro de visitantes, alojamiento para los guardaparques, vehículo asignado, un sendero definido con cartelería, área de camping, servicios higiénicos, un quincho que oficiaba de parador, sistema de comunicación, y personal dedicado exclusivamente a las tareas de mantenimiento y de atención al turista. Todo eso se mejoró gracias al SNAP. La visibilidad que le dio el ingreso al sistema favoreció el desarrollo de la actividad turística en la zona y han florecido en todo el lugar diferentes emprendimientos relacionados con el disfrute de la naturaleza y el ambiente rural. En cada una de las áreas que vinieron después toda esa infraestructura hubo que construirla y en algunas ni siquiera se empezó, no disponen siquiera de un funcionario asignado.
Pero el sistema sigue avanzando. Y no es porque no hayan aparecido en todo este tiempo voces que se oponen a este avance. Sin ir más lejos al inicio de este período hubo un sonado debate por la incorporación “fuera de programa” de dos artículos al entonces proyecto de la hoy Ley de Urgente Consideración (LUC), que pretendían limitar el ingreso de nuevas áreas mediante la modificación del protocolo de incorporación. Luego de reclamos, reuniones y protestas que lideró la Asociación Uruguaya de Guardaparques finalmente los dos artículos fueron retirados del articulado y se votó la ley, con el compromiso de que el tema sería abordado a posteriori, en un trámite parlamentario aparte. Si bien esto aún no ha ocurrido, no ha sido por falta de interés, porque el tema de la incorporación de nuevas áreas ha seguido en el aire dentro del Palacio Legislativo, la última vez por un planteo del senador Sergio Botana para que los propietarios puedan decidir si su predio se incorpora o no a un área protegida. La aprobación de algo así —que es lo mismo que se pretendía con aquellos artículos de la LUC— no solamente pondría en riesgo el crecimiento del sistema sino que en los hechos dejaría sin efecto la posibilidad de que el Estado decida qué se debe proteger en el territorio.
Sin embargo hay algo interesante en el planteo de esta pretendida limitación, y es que los campos pierden valor al ser declarada una protección. En una entrevista con el diario melense Atlas, Botana habló del tema y propuso una alternativa que sería interesante estudiar: la creación de un fondo para “mejorar la caminería de la zona, para mejorar la infraestructura en materia de electricidad y para hacer mejoras de ese tipo, ahí estaríamos hablando de una compensación de valor”.
Sería muy razonable que esta idea se incorporase como insumo para seguir discutiendo el desarrollo de un sistema que, además de crecer, se vaya consolidando.

