En la comparativa regional, Uruguay aparece en primer lugar en cuanto a costos en dólares, lo que implica por ejemplo que el país está caro para quienes nos visitan desde esta parte del subcontinente, pero también lo es a nivel mundial, por cuanto los precios de Montevideo en moneda nacional convertidos a dólares, aparecen como comparables a los de las capitales más caras del mundo, por ejemplo Tokio, e incluso al mismo nivel o por encima de algunas capitales europeas. Es decir, un viajero que se traslade desde Uruguay a otras partes del mundo, sobre todo en la región, se encontrará con que el dinero uruguayo tiene muy buen poder adquisitivo y la vida la resultará barata, y a la inversa, quienes nos visitan –caso concreto y paradigmático de los argentinos– se encuentran con los precios por las nubes. Ello explica la invasión de uruguayos desde las zonas fronterizas para efectuar sus compras en el vecino país, como bien sabemos en el Litoral.
Pero como señalábamos, se trata de términos comparativos y la relación en lo interno, en cuanto a ingresos y precios, es una cosa diferente. Y como el país no está aislado en el mundo ni mucho menos, a la hora de colocar bienes y servicios en el exterior, este país caro se hace sentir con una sensible pérdida de competitividad, y a la vez con serios problemas para los productores, sobre todo de productos terminados o semiterminados, al hacer la conversión de dólares a moneda nacional y afrontar con este nivel cambiario los costos de producción, tanto de insumos como de salarios.
El semanario Búsqueda incluye al respecto en reciente edición el informe de la consultora argentina Fokus Market, en el que se vuelcan datos muy concretos al respecto, en gran medida con una mirada desde y hacia la Argentina, pero con datos comparativos que son ilustrativos sobre esta realidad y sus consecuencias.
Se destaca en base a estos datos, que en Uruguay, un pantalón vaquero “clásico” cuesta el equivalente a U$S 100, un par de championes vale U$S 250 y un celular inteligente de 256 gigabytes, U$S 1.499. Esos valores solo son superados por Paraguay en el caso del jean y por Brasil y Perú para el smartphone (U$S 1.520 y U$S 1.501, respectivamente). Naturalmente, en la comparativa hay que tener en cuenta no solo la relación cambiaria, sino el esquema impositivo propio de cada país. El comparativo abarcó a todos los países sudamericanos y a México y recogió precios de esos tres artículos de “primeras marcas”. Para dar una idea de costos para los asalariados, Focus Market relacionó esos precios con el sueldo mínimo legal, en los países que se analizaron, expresado también en dólares. En Uruguay, el salario mínimo mensual (de $ 21.107 todo este año) informado en el análisis fue de U$S 540. Este ingreso es menor en otros países de la región, con Venezuela (U$S 4, aunque aclara que muchos trabajadores cobran un ingreso en negro) y Argentina (U$S 146) como las situaciones extremas.
“La ilusión monetaria sostenida en que más pesos es más riqueza se ha cruzado con la ilusión fiscal donde más gasto financiado con más emisión de moneda no hará perder su valor. Sin embargo, los ingresos de los argentinos se encuentran en la anteúltima posición en América Latina”, señaló Damián Di Pace, director de esa consultora. En el caso de un jean, señala la consultora que los trabajadores en Chile deben destinar el equivalente a 21,4 horas cobradas al salario mínimo para poder comprarlo y en Uruguay se requieren ocho horas más (29,4). En Ecuador, Perú, Bolivia y México ese pantalón cuesta entre 33,5 y 38 horas pagas a la remuneración mínima legal, y en Colombia, Paraguay y Brasil 47,1, 51,7 y 58,5, respectivamente.
En Argentina se precisan casi 112 horas de salario mínimo, y en Venezuela, 2.400, lo que indica que nuestro país está bien posicionado en esta relación entre horas de trabajo y poder adquisitivo, aunque naturalmente, este un tema socioeconómico relacionado con la problemática interna. A modo de ejemplo, en Argentina la pérdida de poder adquisitivo del peso “ha deteriorado fuertemente el nivel de ingreso” por la devaluación y la inflación. Incluso en bienes que en dólares son más económicos que en otros países de la región requieren más horas de trabajo por parte de los argentinos para poder adquirirlos, comentó el director de Focus Market.
Venezuela y Argentina vuelven a ser los más caros en términos de cantidad de horas trabajadas al salario mínimo para comprar un par de championes (3.400 y 131,3). En el otro extremo, en Chile y Ecuador se compran con algo más de 56 horas; en Uruguay fueron 74,1. En Uruguay, un smartphone de 256 gigabytes cuesta lo que un trabajador gana en 444 horas pagas al salario mínimo; solo en Ecuador y Chile se precisan menos (348,1 y 353,3). El cálculo dio 52.000 horas para Venezuela, 1.004,6 para Colombia, 960,3 para Brasil, 872,2 en el caso de Argentina.
Y si bien algunos de estos análisis se enfocan en la realidad de Argentina, que en los últimos tiempos vivió un proceso inflacionario y de fuerte depreciación cambiaria, exponen, al mismo tiempo, una cuestión que cada un tiempo aparece en la conversación pública y en la preocupación del sector privado uruguayo: el país es caro. “Hablamos mucho en campaña (electoral) y después por lo que se van desdibujando (las intenciones de bajar el ‘costo país’). Cuando uno se pregunta por qué Uruguay es caro, es porque se va cargando al costo de funcionamiento del país”, reflexionó tiempo atrás el presidente de la Federación Rural, Jorge Andrés Rodríguez, apunta Búsqueda.
Mucho de este problema tiene que ver con los instrumentos que han utilizado los diferentes gobiernos en nuestro país, tanto del Frente Amplio como de los partidos tradicionales, con mayor o menor énfasis, en utilizar el tipo de cambio como “ancla” para la inflación, con un dólar depreciado para tener controlado el IPC por debajo de los dos dígitos, pero con la contrapartida de encarecer el país hacia afuera en dólares y a la vez promover indirectamente las importaciones de productos que sustituyen en muchas ocasiones a los elaborados dentro de fronteras, en desmedro de la producción local.
El tema es que un país encarecido en dólares ve seriamente afectada su competitividad, porque los costos se trasladan al producto final de lo que se exporta, mientras el mecanismo del “ancla” va atado a otros parámetros como déficit fiscal, impuestos, cargas sociales, equilibrio en el comercio exterior, costos de insumos importados, turismo, etcétera, sin dejar de tener en cuenta que si bien mejora el salario en la relación internacional cotizado en dólares, los altos costos internos de productos traducidos a dólares afectan también negativamente la relación. Por lo tanto el objetivo debería centrarse siempre en tender al equilibrio fiscal, de bajar y racionalizar el gasto estatal, de ponderar, de mejorar la competitividad a través de la eficiencia, la productividad, mejores tecnologías, facilidades arancelarias, asociaciones productivas y cadenas de comercialización, de incorporar mano de obra dentro de fronteras, para dejar de exportar ineficiencias y un altísimo costo del Estado que son la rémora que muchas veces no se ve en la comparativa internacional, pero que siempre ha sido la piedra en el zapato en Uruguay, en cualquier gobierno.