La Intendencia podría rescindir contrato con espacio gastronómico, prácticamente derruido, en plaza Artigas

La Intendencia de Paysandú se apresta a tomar una definición sobre el espacio gastronómico semiderruido de plaza Artigas, confirmó a EL TELEGRAFO el secretario general Fermín Farinha. Aun cuando el secretario general no lo indicó con claridad, probablemente porque reste algún otro contacto con el concesionario, todo parece indicar que la Intendencia se encamina a rescindir el contrato, retomando el control del espacio, actualmente en estado deplorable, donde los vecinos ven con preocupación la presencia de personas desconocidas durmiendo o merodeando.
Después de “haberse agotado todos los plazos” y ante “el estado de demolición en que se encuentra, sin existir solicitud de obra, tomamos la decisión de tomar las acciones públicas necesarias, a través de Jurídica, para recuperar lo que en su momento fue un espacio gastronómico en plaza Artigas, desde que su concesionario no ha cumplido ni con el plan de obras presentado ni con el tiempo de realización. De hecho este verano ese espacio debió estar plenamente recuperado y es lamentable como se encuentra. En consecuencia, la Intendencia iniciará el procedimiento que corresponda”, sostuvo Farinha.

Subrayó que “los vecinos nos hacen ver el perjuicio que causa para el entorno una construcción semiderruida porque incluso han visto ocupantes dentro, en lo que queda, y evidentemente eso genera problemas de seguridad. Hemos sido tolerantes dando plazo para que el concesionario pudiera cumplir con el proyecto que presentó en su momento, incluso considerando la inundación reciente, que pudo haber complicado el cronograma. Pero en definitiva lo que parece es que no hay tal cosa. Así que iniciaremos las acciones que correspondan. Creo que es necesario que la Intendencia recupere ese bien, porque así lo demandan los vecinos, porque el aspecto no condice con la enorme labor que esta Administración ha venido realizando en los espacios públicos”.

Recordó que “en estos años hemos considerado todo lo que ha ocurrido, comenzando por la pandemia, durante la cual no se trabajó en el lugar, lo que generó atrasos en el pago del canon. Se hicieron las comunicaciones pertinentes con el concesionario y fue entonces cuando presentó un proyecto, diseñado por un arquitecto, con un cronograma y haciendo hincapié en la generación de empleo. Pero no cumplió plazos. Ya hemos hecho el seguimiento administrativo previsto, porque hay que recordar que no podemos actuar sin cumplir ciertos trámites establecidos en la administración pública”.

“Más como un concepto personal que como lo que deberá considerar la Intendencia, que como digo tiene que seguir los trámites respectivos, que obviamente incluirán determinar si deben aplicarse multas por incumplimiento, me parece que la Intendencia debe tomar el control del lugar, terminar la demolición, limpiar debidamente el espacio para que la plaza sea nuevamente un lugar agradable y luego determinar cómo continuar, si es apropiado tener un espacio gastronómico en la plaza o si los servicios en el entorno son suficientes”, dijo más adelante, haciendo hincapié en su visión particular.

CASI UN CUARTO DE SIGLO EN LA PLAZA

El espacio gastronómico construido en plaza Artigas tiene como antecedente un carrito ubicado en Zelmar Michelini cerca de la rotonda que rodea el monumento a Artigas, en los primeros años de la década del 2000. Aunque en la zona ya existían lugares gastronómicos debidamente instalados y que pagaban todos los tributos –como el legendario El Metro en su primera ubicación, donde hoy se encuentra un supermercado– la Intendencia aprobó la ubicación de ese carrito en un espacio público. Con el paso del tiempo los vecinos comenzaron a denunciar disturbios frecuentes en las madrugadas.
En 2006 se llegó a un acuerdo para ubicar el carrito sobre la plaza y en su derredor levantar una construcción que incluía baños públicos. El concesionario se comprometió entonces al mantenimiento de parte de la plaza. “El salserito”, como se lo conocía, trabajó allí tres veranos y dos inviernos, con un servicio que básicamente brindaba minutas y comidas rápidas, en un espacio techado y rodeado con un cerramiento de material plástico. El 14 de agosto de 2008 cerró por encontrarse en una situación financiera deficitaria. El entonces director de Administración, Gerardo Giano, recibió las llaves del local, labrando un acta junto con un inventario.

En diciembre de 2008 se decidió llamar a licitación aún cuando el carrito propiamente dicho estaba embargado por una empresa distribuidora de cerveza, por lo que la licitación no lo incluía. Para 2009 fue reabierto.

Volvió a cerrar en abril de 2014, conocido entonces como “Paychivito”. Ante la imposibilidad de los titulares de seguir trabajándolo y ante las dificultades para hacer frente al pago del canon adeudado a la Intendencia, lo que lo llevó a vender “la llave”. El entonces jefe de la asesoría jurídica, Martín Etchebarne, aseguró entonces que se podía vender siempre que el adquirente asumiera las mismas condiciones que el entonces adjudicatario. Este debía unos 220.000 pesos que no pudo cubrir con la garantía depositada a favor de la Intendencia.

El último concesionario es un empresario que controla empresas de transporte, el que precisamente tuvo que enfrentar la pandemia, generando también una deuda con la Intendencia. De hecho fue entonces cuando la Intendencia lo convocó para que hiciera un ofrecimiento concreto. Asimismo se le pidió el reacondicionamiento de los baños que estaban en muy mal estado.

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