No me debería importar. Como decía Batlle, estoy en Estación Carnelli. Pero ocurre que tengo hijos, nietos y bisnieto y que quiero a la gente y a mi país y que además amo a mi profesión y habré de serle fiel mientras dure.
¿Qué mejor? La informacion policial me asusta. Hay territorios “liberados” o “tomados” y calles como río de pirañas por las no se puede transitar. Balaceras, gente que se sienta a la puerta de su casa a tomar el fresco y recibe un balazo, niños que cruzan la calle y mueren asesinados. La policía es apedreada.
¿Vamos camino a Rosario? Y puede ser peor incluso, ejemplos sobran. Estas cosas aquí no pasan, se dirá. ¿Que no? Ya lo hemos dicho antes y sin embargo pasaron. Cuando te das cuenta ya están encima. No es un tema de estadísticas, de ranking o tabla de posiciones. Y por sobre todo, no es un tema electoral. ¡Déjense de joder! No jueguen con eso. Y si así es en las internas.
¿Qué va a pasar después? Campaña sucia; no, que bah. Detengámonos en el tema de las filtraciones.
Primera precisión: no es culpa de los periodistas. Su tarea es informar. Es lo que tienen que hacer. ¿Que hay un desequilibrio o un sesgo?, puede ser. Si lo hay se sabe por los propios periodistas, por lo que informan. La gente se da cuenta; nos es boba. Los periodistas saben que está en juego su credibilidad. Pero eso, se dirá, no les preocupa a los “operadores”, a los hombres “del FBI”, a los militantes y los “cretinos útiles” que no se dan cuenta.
Que los hay los hay, pero son los menos. Los periodistas deben dar las noticias y resolver según su “escuela”. La que sostiene “que noticia es todo aquello que alguien quiere ocultar” y los que en cambio afirman “que noticia es todo aquello que alguien quiere que se divulgue”. Esta segunda implica aceptar que los periodistas son utilizados; ¿y por qué no?: si la información vale, cosa que deben decidir profesionalmente, bienvenida y publicada.
Pero esta escuela advierte a la vez que la fuente, la que está interesada en que se sepa una cosa, puede ser la mayor noticia. Y aquí la decisión más difícil: si esa es “la noticia” pero está impedido de revelarla, debe sopesar mucho si solo da una información parcial, de un informador interesado, negándole a la gente la principal noticia, la que es clave para entender cómo son las cosas.
En definitiva lo que importa, y lo sabemos por los medios, es que se filtran cosas muy reservadas, que comprometen a ciudadanos y que solo son manejadas o por la Policía o los fiscales quienes tienen el poder legal de investigar y pueden capturar lo que sea, con límites, pero a la vez están obligados a ser muy celosos y cuidadosos con esos temas relacionados con la privacidad. Ellos son custodio y garantía. Celulares, chats, grabaciones o lo que sea solo lo manejan la policía y los fiscales. Las filtraciones no pueden surgir de otros lados. Quizás sea por darle una manito a un periodista amigo o porque le importa más “su interna” que cumplir con su obligación. Peor aún aquellos funcionarios que no tienen conciencia de que están al servicio del Estado, de toda la sociedad y no de su partido político.
Y los hay. Y cobran. Y algunos han sido puestos para eso, para “copar” el Estado.
Y si ese asunto de las filtraciones las autoridades pertinente entienden que debe ser investigado, ¿a quién le encarga la tarea? A la Policía o a los fiscales. También asusta. Y asusta mucho.

